Por Andrea Fischer
Ciudad de México, 17 de mayo (SinEmbargo).- En el corazón de la Alcaldía Cuauhtémoc se encuentra la colonia Roma, esta zona ha estado de moda desde hace un siglo y ha visto alzarse sobre ella casas y palacetes porfirianos. Este barrio ha sufrido múltiples cambios, pues ya no es La Romita del siglo XIX y aunque quedan algunas iglesias y atrios de esa época su transformación se ve reflejada en los negocios que abren y cierran para convertirse en restaurantes. Es muy afrancesada para los mexicanos y muy mexicana para los extranjeros, pero el recuerdo de un barrio de indios perdura en cada esquina.
Visto así, como escriben Margarita de Orellana y Alberto Ruy Sánchez en el texto introductorio “La Roma posible” de la edición no. 132 La Roma de la editorial Artes de México, los autores hacen un llamado público a la romanofilia — afinidad o entusiasmo con el Imperio Romano o su cultura— y sin duda podría parecer que sí, pues entre sus páginas, se sugiere que todos los caminos llevan a la Roma ya sea a la antigua o la moderna. Pero, ¿será cierto? esta pregunta la tratan de resolver los autores que integran este número. En esta entrega editorial queda claro por qué sí por qué no todos los caminos llegan a la Roma.

Una sorpresa en cada esquina
La edición de la revista-libro no. 132 se siente como un recorrido sabatino por la colonia Roma, de esos que son despreocupados, pero que de alguna manera generan curiosidad pues no sabes si en la siguiente esquina se va a aparecer Pachita del siglo XX considerada como una bruja mexicana, o si te van a ofrecer el menú en inglés en la cafetería de siempre. Y tal vez esto se deba a que la colonia Roma siempre ha tenido un gusto por lo extranjero y por los cambios. Desde sus orígenes, escribe el ensayista mexicano Eduardo L. Feher en su texto “Dama centenaria”, la zona generó envidias en las colonias aledañas; era ‘la niña bonita’ de la zona centro de la Ciudad de México y cuando en la Alcaldía Cuauhtémoc todavía la recubrían pastizales y el Centro Histórico todavía repicaba con campañas centenarias esta zona seguía entre los lugares preferidos del Centro.
En muchos sentidos, concuerdo con el autor, la colonia Roma era la prima más bonita —o quizás, más interesante— de la icónica Condesa, tan afrancesada y tan pulida como siempre. Pero la Roma no era así, quizá no es la mal portada, como su vecina la colonia Juárez, porque no le tiene miedo a perder el refinamiento. Por el contrario, le gustan los grafitis sobre los muros de cantera y parece que los viste como si fueran sus tatuajes.
Es políglota porque se entiende con los extranjeros y a veces se confunde entre el español y el inglés y piensa que este segundo es su idioma natal pero luego se acuerda que, incluso en los albores del siglo XX, llegaron inmigrantes del centro y sur de América para poblar la colonia y le dieron el español por idioma de origen y la sazón de México.

¿Cuántas Romas existen?
Así como el Centro Histórico de la Ciudad de México ha resistido y se ha destruido por los embistes fúricos de los sismos, su vecina afrancesada la colonia Roma también se ha desbaratado y reconstruido. Así lo recuerda el ensayo fotográfico “Dentadas y serpenteantes: Las banquetas de la Roma”, del autor Jim Johnston donde las piezas dan cuenta de los muros resecos de algunas casas que parecen descarapelarse ante la insistencia del sol citadino, y aunque parece que el fotógrafo sólo observa el descuido de manera tácita, también hace una revisión casi arqueológica de la colonia Roma.
Al tiempo que camina como lo haríamos en una mañana de sábado, el autor recorre los edificios porfirianos; pasa enfrente de las ferreterías y pulquerías con rótulos —las últimas que quedan— y delante de las vecindades que se convirtieron en espacios de co-living, cruza por las lavanderías que se convirtieron en gimnasios y tortillerías que ahora son boutique ve las panaderías que ahora son de masa madre; después de este recorrido el autor confirma que la Roma “está obligada a mutar sin descanso” pero seguimos llegando a la Roma.

¿Todos los caminos llevan a la Roma?
En esta edición la revista-libro muestra cómo la colonia Roma ha adquirido varios rostros y transformaciones, pues no son los mismos lugares que vieron las personas que recién llegaron, y no son los mismos sitios que observan quienes decidieron quedarse. Aunque la revista-libro es colorida y diversa —casi a manera de collage, como sugieren Margarita De Orellana y Alberto Ruy Sánchez—, a diferencia de otras piezas del acervo, no deja de resultar melancólica. Los textos siguen un entramado celebratorio, claro, pero también hacen un guiño a las Romas que ya no existen. Aquel lugar que se siente como un paseo de fin de semana, es un recuento que añora una Roma extinta, que en ocasiones se trasluce entre las grietas del pavimento. Visto así, podría parecer que este ‘llamado público a la romanofilia’ es también un homenaje.
Así que, ante la provocación que hace este número yo pregunto, ¿realmente todos los caminos llevan a la Roma? Esta colonia tiene tantos rostros, tantas miradas, tantas voces que se atropellan las unas a las otras, ¿son iguales a las que vieron las y los autores que participaron en este número? ¿después de una emergencia sanitaria global y más eventos sísmicos, la Roma volvió a mutar?



