Una tarde luminosa, entre dos tormentas, las dos ciudades vecinas de Rabat y de Salé se miran con recelo. Una es alta y altiva, otra baja y más antigua. Entre las dos, la vida nos deletrea sus secretos. Y la muerte avanza mirando a la Meca y al mar. Nosotros, como tantos a los largo de los siglos, entre las dos vamos brincando charcos, gozando el instante, recordando a los muertos.
Por Alberto Ruy-Sánchez
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