
Al responder a los acontecimientos en Charlottesville, el Presidente Donald Trump favoreció una interpretación de la ley que protege las acciones más peligrosas y discriminatorias de la interacción humana.
Cuando insiste en considerar que jurídicamente son iguales los racistas a los que luchan contra la discriminación, el magnate protege legal y políticamente a los supremacistas blancos y les da carta blanca para discriminar y agredir a los afroamericanos, latinos, musulmanes y judíos.
Los extremistas pueden pensar lo que quieran, pero no pueden promover abiertamente la separación de los seres humanos en razas; en este sentido el Artículo 30 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, impulsada por Eleanor Roosvelt en representación de los Estados Unidos, dice:
“Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.”
Está claro, no se puede usar la libertad de expresión para hacer apología de la discriminación racial y ni de un acto terrorista, como el ataque automovilístico a los manifestantes en donde murió una universitaria.
La Ley de Derechos Civiles de 1964 obliga al Gobierno a aplicar la ley por igual a todos según la 14a enmienda, garantía que deroga cualquier tipo de segregación racial. Esta adición a la Constitución norteamericana fue uno de los triunfos del ejército de Abraham Lincoln.
Por lo tanto, cualquier apología de la segregación o discriminación racial es ilegal, porque promueve la violación de la ley e invita a actos terroristas como el realizado por James Alex Fields Jr. y por eso no pueden compararse como iguales a quienes promueven la violación de la ley, y que la violan en concreto, con aquellos que están manifestándose en defensa de la igualdad.
Esa es la Ley, y los gobernantes están obligados a aplicarla.
A raíz de que Trump igualara a los dos grupos que se manifestaron en Charlottesville, miles de norteamericanos de todos los colores se han levantado contra esa percepción del mundo porque hay toda una tradición de respeto a la ley y el Estado derecho en Estados Unidos.
La totalidad de los congresistas y políticos destacados del partido demócrata, los seguidores de Sanders y miles de ciudadanos más han sido muy claros: Comparar ambos grupos como iguales es promover la discriminación, la segregación racial y la violación de la ley.
Pero sólo 54 republicarnos reconocidos y parlamentarios del partido se han manifestado en el mismo sentido, los demás han guardado silencio. No han repetido los argumentos de Trump pero tampoco se han declarado en contra.
Pese a que su discurso significa volver a los tiempos previos a la Guerra Civil estadounidense, cuando los esclavos y sus descendientes no tenían derechos constitucionales, los republicanos parecen avalarlo con su silencio.
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