Fabrizio Mejía Madrid

El mito de Venezuela

"El proceso bolivariano en Venezuela tiene una raíz contra el sistema liberal producto de los daños que el Pacto de Punto Fijo, es decir, el bipartidismo, le infligió al bloque popular. Es una democracia participativa que no es liberal en su centro, aunque pasa por elecciones sucesivas y constitucionales. No hay dictadura".

Venezuela no es una dictadura. Chávez ganó su primera elección con 56 por ciento de los votos. La reelección con 63 por ciento en 2006 pero, al siguiente año, perdió el plebiscito de su Constitución para una Venezuela “comunal”. Maduro perdió la mayoría en el Congreso en 2013 y su oposición, desubicada como siempre, sintió que desde ahí podía nombrar a otro Presidente, un tal Juan Guaidó. Las buenas conciencias, las que quieren quedar como demócratas y liberales consecuentes, repitieron desde el inicio del cambio en Venezuela, en 1999, que era una dictadura porque Chávez era un militar. Luego, cuando bajaron los precios del petróleo en 2014, empezaron a hablar de pobreza de los venezolanos sin jamás hablar de las más de mil sanciones económicas, congelamientos de activos, robo del oro depositado en Gran Bretaña, imposibilidad de comerciar libremente, prohibición de utilizar alguna pieza de motor, electrónica o satelital que tuviera una patente norteamericana. Todo eso fue aprobado durante la primera Presidencia de Trump. Desde 2014, digo, los analistas de la buena conciencia hablaban de escasez, de pobreza, de filas en los supermercados, pero jamás decían que, junto con Irán y Rusia, Venezuela era el tercer país más castigado por Estados Unidos y Europa desde 2017. Más tarde, Venezuela se convirtió en una narco-dictadura, con el segundo periodo de Trump, aunque Joe Biden no cantó mal las rancheras. Ahora, se hace eco de las denuncias de la DEA donde hasta Felipe Calderón resultaría aliado de Maduro y el castro-chavismo internacional. Vuelve la retórica de la dictadura porque Venezuela declaró reelecto a Maduro sin aceptar un escrutinio externo de las actas de votación en 2024. Pero los críticos justicieros jamás han hablado del poder comunal que se estableció en Venezuela como otra forma de democratización que no es la de las elecciones liberales.

Cuando escucho a esa analista de la televisión decir que está mal que invadan Venezuela pero que se lo merece por ser una dictadura, pienso en que quizás son las palabras las que nos están fallando. No es una dictadura, es un proceso político muy particular que en esta columna trataré de comprender. No sirve separar, como hizo uno de los dirigentes de la operación de noticias falsas en México, la Operación Berlín, de Enrique Krauze, entre apoyar al dictador o apoyar la intervención de Estados Unidos ---por supuesto se declaró más a favor de Trump que de Maduro--- sino tratar de describir qué es el régimen venezolano, es decir, una estructura de poder llamada, desde 2007, hace casi veinte años, Consejos Comunales.

Empecemos con la historia. ¿Qué era Venezuela antes de Hugo Chávez? No era, por supuesto, la Venezuela que dicen los opositores, esa nación de armonía, opulencia, y felicidad, sino otra más de las repúblicas latinoamericanas con una desigualdad tremenda: Con la aplicación del modelo neoliberal el porcentaje de la población pobre casi se triplicó, de 36 por ciento en 1984 a 66 por ciento en 1995, y la pobreza extrema en el mismo lapso se triplicó de 11 a 36 por ciento de venezolanos. Para 1988 Venezuela tiene una inflación de 100 por ciento. Es así que Andrés Pérez somete al pueblo venezolano a un plan de austeridad para los pobres, no para el Estado y sobre viene el Caracazo, es decir, la insurrección popular. Dejemos por un momento esta rebelión de los barrios y campesinos de 1989 para detenernos en el sistema político. Como en muchas naciones latinoamericanas, la élite sometió al pueblo al bipartidismo entre la democracia cristiana y una llamada socialdemocracia que implementó el modelo neoliberal. La izquierda fue marginada de ese pacto, llamado de Punto Fijo, y hasta ilegalizaron al Partido Comunista y al MIR que salió de la socialdemocracia para luchar por la vía armada. Desde este inicio, la izquierda buscó una alianza con los militares. Eso nos podría parecer extraño a otros latinoamericanos acostumbrados a ver a los militares como represores y entregados a los Estados Unidos. En Venezuela, el núcleo de la ideología de la izquierda, desde los años sesentas, es un levantamiento cívico-militar; hay mandos que militan secretamente en el Partido de la Revolución Venezolana, que tiene como ideólogos al propio Simón Bolívar con su panlationamericanismo y a otros dos referentes un tanto desconocidos para nosotros, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora, de los cuales hablaremos brevemente más adelante. A esto se le une la resistencia indígena y la resistencia afrovenezolana. Los jóvenes oficiales del ejército se organizan en el Movimiento Bolivariano Revolucionario junto con la izquierda social para derrocar al Presidente Carlos Andrés Pérez, el 4 de febrero de 1992. Aunque fallan, es el fin del régimen bipartidista que empieza a declinar debido a la tremenda represión que ejerce sobre los pobres que deja 10 mil muertos sólo durante el Caracazo. Hugo Chávez se declara el único responsable de ese golpe de Estado fallido y se convierte en la figura central de la dirigencia. El antiguo Pacto de Punto Fijo se descompone y esa crisis abre la posibilidad de que Chávez gane la elección presidencial en 1998.

Hablemos brevemente de las ideas que instituyen el bolivarismo. De Simón Rodríguez, el maestro de Simón Bolívar, retoman la idea de que America debe organizarse políticamente obedeciendo a su propia historia y no a la de los europeos con sus democracias monárquicas. “Inventamos o nos equivocamos”, escribió Rodríguez y de ahí el sustento de una democracia popular no liberal. Ezequiel Zamora, por su parte, es el líder histórico de las rebeliones campesinas en el siglo XIX y su lema, “Horror a la oligarquía” también se retoma como fundamento de un nuevo tipo de representación democrática, no ligada a un sistema de partidos.

El bolivarismo del pueblo que crea a Chávez y a Maduro está impregnado, además de democracia popular, de cristianismo de base a favor de los pobres, de consejos obreros, de maestros de la pedagogía de la liberación, y de la discusión de una nueva Constitución desde abajo comenzada en 1995. Cuando Chávez gana la elección en 1998 todos estos elementos ya fundan un nuevo pueblo. Los que no creen que el pueblo exista o que sólo son cuerpos serviles para el espectáculo de la aclamación de un lider, no pueden ver la base que crea a los dirigentes. Sin ese entendimiento todo poder que no se constituye en las urnas es una dictadura. No obstante, esa democracia popular va a las urnas y el 72 por ciento vota a favor de la nueva Constitución de Chávez, que no es de él, sino de los millones que participan en su redacción desde 1995. Uno de sus efectos es que posibilita al Estado para reestructurar su industria petrolera, nacionalizada por Carlos Andrés Pérez en 1975. De 2000 a 2003, Chávez lidia con los sabotajes y paros de la oligarquía burocrática de Petróleos de Venezuela y es hasta 2004 que comienza el proceso de organización de un nuevo régimen.

Se basa en los programas sociales convertidos en derechos constitucionales que se reparten a través de consejos comunales que son organizaciones locales de autogestión. Son territoriales. Los Consejos Comunales se forman en zonas urbanas en áreas de 200 a 400 hogares, en zonas rurales con alrededor de 20 hogares y en regiones indígenas con aproximadamente 10 hogares. El fundamento del Consejo Comunal y su órgano de toma de decisiones es la Asamblea de ciudadanos y ciudadanas. Su órgano ejecutivo está integrado por un vocero o una vocera de cada comité de trabajo de la comunidad, cinco miembros de la Unidad de Gestión Financiera y cinco de la Unidad de Contraloría Social. Son electos en urnas y sus votaciones son vigiladas por un órgano central. Se pueden reelegir pero siempre en atención a la voluntad popular. Ejercen millones de dólares en todas las regiones y sus voceros son en su mayoría mujeres que no habían participado políticamente en las épocas del Pacto del Punto Fijo. Es hasta el chavismo que estas miles de mujeres se incorporan a decidir sobre presupuestos y políticas públicas en sus territorios. Por lo tanto, el régimen venezolano se organiza territorialmente en asamblea y su idea es que esa estructura vaya absorbiendo a lo que se considera la democracia liberal.

Hay un cambio de fuerzas en la sociedad y eso va debilitando a la oposición que tuvo su punto más alto cuando pudo ganar la mayoría del Congreso en 2013. En paralelo, el nuevo poder del Consejos se organizaba en el territorio y de una forma económica pues se trata de administrar recursos públicos y obras. Es decir, no son sólo decisiones políticas como el referéndum lo nuevo en Venezuela, sino la gestión económica de presupuestos públicos. Aunado a esto, el chavismo fue un proyecto nacional-popular donde el control de Petróleos de Venezuela regresó al Ministerio de Energía, se hizo una reforma agraria centrada en la suficiencia alimentaria entregando 650 mil títulos de propiedad en el campo y 30 mil en las ciudades. La producción agrícola aumento más del 40 por ciento. También hubo una ley para fomentar la pesca artesanal contra la pesca industrial, asunto que resuena ahora con el ataque de Estados Unidos a embarcaciones desarmadas argumentando que eran traficantes de fentanilo. Todo esto llevó al antiguo bipartidismo a fusionarse ---como aquí el PRIAN--- e intentar un golpe de Estado en abril 2002. Los Estados Unidos pusieron entonces a un títere, líder de los patrones, que reconocieron España y los gringos. Este vano Presidente impuesto desapareció tanto el parlamento como la Suprema Corte de Justicia y el órgano electoral, y quiso dar vuelta a la nueva Constitución con un decretazo. Pero tanto el nuevo pueblo que llevó al poder a Chávez como las fuerzas armadas hicieron fracasar el golpe de Estado y, en respuesta, la oposición impulsó un paro de los empresarios. En tan sólo días salieron del país 10 mil millones de dólares y las importaciones de alimentos y productos básicos se vio interrumpida. De ello es responsable el empresariado venezolano golpista y vengativo. Para el 2003 la pobreza regresa al 60 por ciento y la extrema pobreza al 30 por ciento, pero aún así pierden la revocación del mandato. Chávez obtiene el 60 por ciento del respaldo. A partir de ahí se acelera la confrontación entre esa élite golpista y los barrios y granjas populares. Se acelera la construcción del régimen paralelo a la democracia liberal y Chávez llama a su estrategia “socialismo del siglo XXI”. Para el 2009, la salud gratuita alcanzó al 54 por ciento de todos los venezolanos, se alfabetizó a un millón y medio, y consiguió el quinto lugar mundial en matrícula universitaria. Para responder a la traición de los empresarios, el chavismo impulsó una forma alterna de distribución de alimentos, 40 por ciento más baratos. La leche se estatizó en un porcentaje mayoritario, así como los teléfonos, la refrigeración y el acero. Al monopolio mexicano del cemento, Cemex, le expropiaron sus plantas en Venezuela. Se expropiaron cadenas de supermercados francesas. El salario aumentó a 700 dólares ya para 2011 y la jornada se redujo a 40 horas. La pobreza volvió a retroceder al 26 por ciento y tan sólo siete por ciento de pobreza extrema. Por eso, es un mito que el régimen bolivariano haya empobrecido a su pueblo, mientras que antes vivía en Jauja. No fue así. La pobreza y la escasez fue un resultado del sabotaje de los empresarios. El 5 de marzo de 2013 Chávez murió de cáncer a los 58 años.

Desde que sucedió a Chávez, Maduro ha tenido dos reelecciones, igual que casi cualquier Presidente gringo. Pero sólo a él se le llama dictador y, ahora, narco-dictador. En el año que acaba de terminar, el 2025, Venezuela creció al nueve por ciento anual y tras el bloqueo de más de mil sanciones a su comercio internacional, decidió romper las transacciones petroleras con dólares. Usa yuanes chinos. Tiene prohibido por Estados Unidos de usar cualquier pieza o componente patentado en ese país, por lo que tiene que hacer malabares para refacciones y nuevos equipos. Por eso se ha aliado con China e Irán, que también resienten restricciones comerciales de Europa y Estados Unidos. En lo político, Venezuela se ha dirigido hacia una posición que fusiona lo militar con los consejos comunales. La resistencia armada ante una invasión está organizada por bloques de territorio con cuatro millones y medio de hombres y mujeres armadas. Es decir, una quinta parte de los mayores de 18 años es parte de los milicianos ya fusionados con el ejército bolivariano.

Ahora volvamos a lo que dice la prensa, los mediólogos, y los catedráticos. El proceso bolivariano en Venezuela tiene una raíz contra el sistema liberal producto de los daños que el Pacto de Punto Fijo, es decir, el bipartidismo, le infligió al bloque popular. Es una democracia participativa que no es liberal en su centro, aunque pasa por elecciones sucesivas y constitucionales. No hay dictadura. Hay poder popular. La pobreza y el desabasto han sido, como en el caso de Cuba, un resultado del sabotaje económico y de las sanciones comerciales de los Estados Unidos. La pobreza no es parte del sistema económico del chavismo que es, más que nada, un proyecto nacional-popular con una presencia dominante del Estado a favor de los trabajadores. Tampoco es militarista, ya que en su origen las fuerzas armadas se consideraron como una parte crucial del levatamiento popular.

Por eso las buenas conciencias que ahora dicen que está mal la dictadura de Maduro pero que eso no justifica la invasión norteamericana no son honestos. Si algo nos enseñó el siglo XX es que ni la Revolución ni la democracia se pueden exportar como si fueran televisiones. Cada país tiene sus procesos y, para entender cómo resultará el actual de Venezuela es necesario empezar por comprenderla y no tratar de ajustarla a nuestros prejuicios que son bastantes.

Fabrizio Mejía Madrid

Es escritor y periodista. Colabora en La Jornada y Aristégui Noticias. Ha publicado más de 20 libros entre los que se encuentran las novelas Disparos en la oscuridad, El rencor, Tequila DF, Un hombre ... Ver más

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