Héctor Alejandro Quintanar
El Alcalde Mauricio Tabe y el panismo a la Milei
23/01/2026 - 12:04 am
"Vale pensar entonces que no es la democracia en sí lo que le interesa a Tabe, sino una adscripción sobreideologizada".
El reciente 18 de enero, el Alcalde panista de la demarcación Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe, apareció en su cuenta oficial de X con un anuncio inusual que, de manera irresponsable, retomaron sin crítica diversos medios de circulación nacional. Y ese anuncio fue que las embajadas de Venezuela, Cuba y Nicaragua no eran bienvenidas en la Alcaldía que él gobierna, donde están situadas, y exigía a la Secretaría de Relaciones Exteriores su reubicación.
La exigencia del Alcalde es en sí misma un grotesco disparate, no sólo porque las embajadas son parte del territorio del país que representan, como recordó Alfonso Suárez del Real, sino porque una Alcaldía no tiene ninguna atribución para dictar la política exterior y cuestión diplomática mexicana, asunto que es labor del Ejecutivo y el Legislativo.
Es dudable que el señor Tabe ignore esto, aunque al tratarse de un mirrey panista no se descarta, pero todo apunta a que más que una petición seria o un proyecto que busque tener consecuencias diplomáticas reales, este pataleo es un acto de pirotecnia verbal del Alcalde Tabe, para hacer un posicionamiento ideológico y, a la usanza de Trump, emplear las ganas de conflicto externo con fines electorales internos. Quizá de esa absurda forma, al pretender impugnar actores políticos foráneos, el señor Tabe cree que podrá convencer a su favor a potenciales votantes locales.
Pero ahondemos en su desplante ideológico. Como es obvio, en la interpretación de Tabe, Venezuela, Cuba y Nicaragua tienen un denominador común, que es, al parecer y con base las propias palabras del Alcalde, la ausencia de elecciones libres o gobiernos que se han extendido por mucho tiempo en el poder. No se sabe entonces por qué no pidió el señor Tabe que se reubicaran otras embajadas de otros países cuyos sistemas políticos son también problemáticos y se encuentran ubicadas asimismo en la Alcaldía que gobierna, como es el caso de Arabia Saudita.
Vale pensar entonces que no es la democracia en sí lo que le interesa a Tabe, sino una adscripción sobreideologizada, y esa salta a la vista: en el imaginario de Tabe, como el de muchos panistas autoritarios desde 2002, Venezuela, Cuba y Nicaragaua, sobre todo los primeros dos, son una especie de amenaza geopolítica -aunque no tengan evidencias materiales para probarlo- y un tema que les ha servido no sólo para forjar identidades, sino para justificar actos ilegales o autoritarios.
No se dice aquí que Venezuela, Cuba o Nicaragua sean naciones exentas de problemas internos y de acciones cuestionables. Lo que sí se dice es que al panismo en México eso no suele importarle, y han sobredimensionado el limitado papel exterior que juegan tales países en aras de construir posturas políticas autoritarias en México.
Y es que debe recordarse: en 1999, Venezuela al ser el primer país de América Latina donde triunfó electoralmente un proyecto de izquierdas luego del presunto “fin de la historia” y del decenio de hegemonía unipolar tras la disolución soviética, la nación sudamericana se convirtió en una especie de nuevo antagonismo del anticomunismo poscomunista en la región. La idea poco solidaria y poco democrática -y muy irrespetuosa contra el pueblo venezolano- de atemorizar con el cuco de “nos vamos a convertir en Venezuela” nació en la Colombia de Álvaro Uribe para afianzar un nuevo antagonismo en las derechas latinoamericanas, al señalar las taras de ese país como algo que podría pasar en otros si se vota por la izquierda, aunque poco después casos como Chile o Brasil, con los gobiernos de Lagos y Lula, demostraran que la izquierda no necesariamente significa una ruta a una presunta crisis.
Pese a eso se fue consolidando, de 1999 a 2005, un nuevo elemento en la mentalidad reaccionaria de América Latina, y ese fue la idea de Venezuela como una especie de “mal ejemplo” regional: el destino de pobreza ineludible que tendríamos si votamos por la izquierda. Pero poco después la derecha mexicana en el poder haría una innoble contribución a ese imaginario. En el bienio 2005-2006, con la participación de la prensa salinista del diario La Crónica de hoy -entonces dirigida por el porro de TV Azteca y exempleado de Carlos Salinas, Pablo Hiriart- con la participación del panismo foxista en el Gobierno y con la participación de grupos de derechas radicales ligados a la Coparmex, se contribuyó a ir más allá.
En ese bienio, se inventó en México que el gobierno venezolano de Hugo Chávez no sólo era un mal ejemplo y tenía a su país en mal estado, sino que además tenía intereses injerencistas en la región. Así, a través de ficciones delirantes disfrazadas de periodismo, se alucinó la idea de que, en ese tiempo, el Embajador venezolano en México, Vladimir Villegas, estaba operando electoralmente para, a través de grupos culturales, incidir en favor de López Obrador como candidato presidencial y Marcelo Ebrard como candidato a Jefe de Gobierno.
La evidencia mostrada era risible: se solían exponer fotografías de Villegas haciendo acciones absolutamente normales -y que todos los embajadores hacen- en la Ciudad de México. Poco después, el tono escaló, porque en marzo de 2006 se acusó formalmente desde el Grupo Parlamentario del PAN y en la representación de este partido ante el IFE, que Hugo Chávez estaba inyectando recursos logísticos, monetarios y materiales, e incluso bélicos, para organizar células bolivarianas que apoyaran una revolución no sólo electoral, sino quizá violenta a favor de López Obrador en 2006, todo ello operado desde la Embajada venezolana… a pesar de que el Embajador Villegas había sido expulsado en noviembre de 2005 de México -en un hecho inédito en la historia de la diplomacia mexicana- por un absurdo pleito personal de Vicente Fox con Hugo Chávez en la Cumbre de las Américas en Argentina en ese momento.
La evidencia de la injerencia venezolana nunca apareció, pero, con base en ese fantasma, el PAN, el Consejo Coordinador Empresarial, la Secretaría de Gobernación de Fox y la Coparmex violaron flagrante y persistentemente el Cofipe por cuatro meses, de marzo a julio de 2006, sin que el IFE de Ugalde lo impidiera aunque fuera su obligación, mediante una campaña de propaganda sucia en diversos medios y hecha con recursos ilegales, que acusaba tal intromisión de Venezuela en México. En el ideario reaccionario del PAN, esta injerencia de Venezuela tenía como última instancia la intención de apropiarse de los recursos petroleros, logísticos y humanos de México para hacer un conflicto contra Estados Unidos.
Un año después de esta acusación formal panista hecha en 2006, salió a luz la verdad: luego del fraude electoral de ese año, el Gobierno calderonista aceptó tácitamente que nunca hubo ninguna injerencia venezolana, porque en 2007 restableció relaciones diplomáticas con ese país y aceptó al Embajador venezolano Roy Chaderton en México. Paralelamente a ese desmentido contra el discurso panista, en esa misma coyuntura, el otoño de 2007, se oficializaba una Reforma Electoral que impedía que grupos empresariales volvieran a hacer propaganda sucia, para evitar de nuevo un dispendio monetario en acusaciones falsas de que Venezuela busca intereses geopolíticos en otro. La clave del ataúd de la mentira panista de la injerencia venezolana en México llegó en marzo de 2008, cuando el IFE declaró -como ya lo había hecho la Secretaría de Relaciones Exteriores foxista antes- que tras dos años de indagatorias, no encontraron la menor evidencia de injerencia venezolana en México.
Así, varios violadores seriales de la Ley Electoral en México se convirtieron en constructores de otro insumo de las derechas contemporáneas y eso fue el pasar de la idea de Venezuela como “mal ejemplo” regional, a la idea de Venezuela como “amenaza geopolítica” regional, en un hecho que emulaba las prácticas macartistas de la Guerra Fría y que desde entonces se ha usado por los postfascismos regionales e ibéricos para legitimar acciones ilegales o antidemocráticas, como las defenestraciones de gobernantes legítimamente electos -como fue el caso de Manuel Zelaya en Honduras- o para perpetuar violaciones a las leyes electorales de diversos países, como se hizo en El Salvador en 2007, o como hizo el partido franquista Vox en 2021, al inventar que el partido Podemos estaba recibiendo dinero en campaña de Venezuela, cuestión que, como se supo inmediatamente, fue una mentira deliberada y repetida por grupos policiales fascistoides, lo cual fue un golpe bajo, ilegal e ilegítimo, no sólo contra el partido podemita, sino contra las leyes electorales y democráticas españolas.
Así, desde 2006, abunda un tema en las derechas más obtusas de América Latina, y ese es el de usar la carta “Venezuela-Cuba-Nicaragua” como una especie de antagonismo externo para forjar adhesiones internas, aunque la historia de esto esté marcada por la ilegalidad y las prácticas no democráticas.
Y las consecuencias pueden ser brutales. No olvidemos que esta nueva forma de anticomunismo regional fue un eje rector de la campaña del criminal fascista Jair Bolsonaro en Brasil en 2018, y hoy es un insumo más de los MAGA fachos en Estados Unidos, que han vuelto a sus raíces macartistas para justificar la agresión imperialista contra Venezuela para ir por su petróleo. Así, todo eso que el PAN alucinó que Venezuela haría en México en 2006 si ganaba López Obrador, más bien terminó haciéndolo el trumpismo en la propia Venezuela veinte años después.
Con esta base, ¿a quién se parece Mauricio Tabe haciendo estas declaraciones irresponsables, absurdas y estridentes? En 2023, poco después de hacer una campaña fascistoide de reivindicación dictaduras militares, un tipo llegó al Gobierno de su país y una de sus primeras acciones fue cerrar las embajadas de Venezuela y Nicaragua. Y ese personaje es el fascistoide Javier Milei. A ser como eso aspira el Alcalde panista para construir un proyecto personal, y sólo esperamos que no amenace con degollar gente a cuchillazos, como hizo su prepotente padre en 2022, si la función pública mexicana no le cumple su capricho sobreideologizado de conflictuarse con otros países de América Latina.
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