Francisco Ortiz Pinchetti
Música que gira: el eterno regreso del vinilo
23/01/2026 - 12:03 am
“Escuchar un vinilo no es solo oír música: es tocarla, verla, olerla; Es esperar el 'sssss' inicial que antecede a la primera nota…”

De vez en cuando acostumbro caminar sin rumbo por las calles de las colonias Roma y Cuauhtémoc, en las que viví mi infancia y mi adolescencia. Me gusta recorrer por su amplio camellón la avenida Álvaro Obregón, de cabo a rabo, y detenerme frente a las dos casas gemelas, en realidad dúplex, que sobreviven casi esquina con Insurgentes Sur. La de la izquierda, restaurada, es un restaurante. La otra, abandonada, está grafiteada e invadida. En una de ellas vivieron mi abuela y mi padre seguramente en los años veinte y treinta del siglo pasado.
Me gusta ver que la Casa Lamm sigue en pie, aunque no esté más el carrito de nieves de La Heroica que se ponía en esa esquina todas las tardes. Me duele mirar hacia Orizaba y ver que la nevería La Bella Italia desapareció. Tampoco existe el icónico cine Balmori. Ni La Flor de Liz, en la calle Huichapan, donde me llevaban de niño a desayunar el día de mi cumpleaños. La fisonomía de la colonia fue lastimosamente alterada por el sismo de 1985; sin embargo --y a pesar de la gentrificación, evidente-- la Roma conserva ese encanto misterioso que la hace un barrio nostálgico e inigualable.
En mis paseos recientes me he percatado de la proliferación de negocios dedicados a la venta de “vinilos”, los discos LP, con sus fundas de cartón y portadas originales. Los hay auténticos, antiguos, pero también reproducciones actuales que a veces se venden de manera engañosa.
Al ver esos discos recuerdo a sus antecesores, los que suponíamos de vidrio por su fragilidad. Eran pesados y negros. A finales de los cuarenta, principios de los cincuenta, se tocaban en tocadiscos rudimentarios, descendientes del gramófono, cuya aguja de acero tenía que sustituirse con frecuencia.
Mi padre tenía varios álbumes de música clásica en discos de ese material que ahora sé que se llama goma laca. Su favorito era la Quinta Sinfonía de Beethoven. Asistir a esos conciertos familiares requería casi de reservación. Cada quién se ubicaba en su sillón predilecto ante los preparativos de don José, que con parsimonia hacía las conexiones del tocadiscos a una consola. Extraía el disco con la solemnidad de un director de orquesta y lo limpiaba con una franelita roja antes de colocarlo en la tornamesa. Finalmente accionaba el encendido y, con habilidad de cirujano, colocaba el brazo con la aguja justo al inicio del disco que giraba a 78 revoluciones por minuto. Un “sssss” inconfundible precedía las primeras notas rotundas de la Quinta para dar inicio a la audición. A cada cambio de disco se repetía el ritual. No hace falta describir lo que ocurría si alguno de nosotros hacía un ruido que rompiera el silencio.
Luego vino el vinilo. Los discos LP de 33 rpm se volvieron ligeros e irrompibles. Durante décadas fueron los principales vehículos de la música, antes de la aparición de los discos llamados sencillos, de 45 revoluciones... ¡y luego todo lo demás!
Lo que me llama la atención es cómo los vinilos se resisten a morir. Han regresado con fuerza, como una revancha contra la fugacidad del streaming. Me sorprende ver jóvenes que hojean con devoción portadas que yo escuchaba en mi adolescencia, como si fueran reliquias recién descubiertas. Escuchar un vinilo no es sólo oír música: es tocarla, verla, olerla. Es esperar el “sssss” inicial que antecede a la primera nota. Igual que hacía mi padre, décadas atrás.
El mercado actual del vinilo es más grande de lo que cualquiera hubiera imaginado. Según estimaciones recientes, el valor global de la industria alcanzó los dos mil 160 millones de dólares en 2024 y se proyecta que llegue a cinco mil 350 millones en 2034, con un crecimiento anual cercano al 10 por ciento. En Estados Unidos, las ventas de vinilos ya superaron a las de CDs por primera vez desde los años ochenta. Y en Reino Unido, artistas como Taylor Swift o Lady Gaga encabezan las listas de ventas.
En México, el regreso del vinilo no se limita a la capital. Monterrey conserva tiendas emblemáticas en el Barrio Antiguo; Guadalajara presume espacios como Vinilópolis; en Puebla, los sábados en el barrio de Los Sapos los discos aparecen entre antigüedades; y en León, los mercados de pulgas mantienen viva la circulación. El mapa del vinilo mexicano es diverso, pero en todas partes late la misma nostalgia: la música que gira.
El vinilo no es sólo un capricho vintage, es un mercado sólido. Jóvenes de veinte años hojean con la misma pasión que sus padres los catálogos de Pink Floyd o Caifanes. El coleccionismo es un universo en expansión: ediciones limitadas, prensajes en colores y reediciones con portadas alternativas. En México, cada vez más sellos independientes lanzan sus producciones en este formato, conscientes de que el objeto físico da prestigio y permanencia.
Es la prueba de que, en un mundo saturado de pantallas, todavía necesitamos cosas que podamos tocar. El vinilo es la música convertida en materia. No es una moda pasajera; es un recordatorio de que la música también se colecciona y se celebra. En tiempos de algoritmos, el vinilo nos devuelve la experiencia completa. Y lo hace con cifras que sorprenden incluso a los más escépticos. Válgame.
DE LA LIBRE-TA
MALAGRADECIDOS. Al margen de conveniencias políticas, sería una infamia que Morena aprobara una Reforma Electoral que afecte a sus dos partidos cómplices. El PT y el PVEM le han servido al partido oficial desde 2018 para algo muy concreto: convertir mayorías simples en mayorías calificadas. Sin ellos, Morena no habría tenido los votos suficientes para aprobar con su mayoría gandalla reformas constitucionales ni para sostener la narrativa de que gobierna con un “bloque histórico”. Y todo eso a cambio de unos cuantos centavos: El PT pasó de recibir 236.8 millones de pesos en 2018 a más de 670 millones anuales en 2026 (183 por ciento de aumento). El Verde, pasó de 368 millones en 2018 a más de 832 millones anuales en 2026 (126 por ciento de aumento). Barato, digo.
@fopinchetti
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