Ana Lilia Pérez
Políticos de selfi
05/02/2026 - 12:04 am
"El síndrome selfi cada vez se extiende más entre la clase política y funcionarios de todos los partidos en cargos de diversos niveles".
Escribe el filósofo coreano Byung-Chul Han que las selfis no son un testimonio de la persona, sino una puesta en escena donde la persona se inventa a sí misma en diferentes poses y papeles.
Se ha vuelto costumbre que, para lucirse, sobre todo en redes sociales, muchos políticos, funcionarios públicos y legisladores busquen fotografiarse con la Presidenta Claudia Sheinbaum, como si el alto nivel de popularidad y aprobación que ella tiene, pudiera transferírseles, hacérselos extensivo con una selfi junto a ella.
Así se les ve, evento tras evento, gira tras gira de trabajo a la que la Presidenta acude, y a las que muchos de los funcionarios llegan, buscando tomarse la foto con ella, como si al publicarla en sus redes, automáticamente se trasladaran al nicho de aprobación de la ciudadanía. No es así. Porque entre más recurren a la selfi más reflejan que sólo buscan el lucimiento.
Por eso hizo muy bien la Presidenta al responderles que se pusieran a trabajar en territorio a los legisladores y funcionarios de Baja California que, en San Quintín cómodamente esperaban a tomarse la foto con ella. “¡Foto, foto, foto!”, le decían, y les respondió: “Hay que trabajar más con la gente, todos ustedes a trabajar más con la gente y estar en el territorio”.
Sheinbaum fue a San Quintín para ver los avances de los programas integrales que constituyen parte del plan de justicia social para los jornaleros agrícolas que conforman el municipio; y durante su recorrido los ciudadanos de manera directa le hicieron saber toda la problemática que enfrentan.
Los pobladores le expresaron las necesidades y carencias que padecen. Le detallaron casos de falta de atención en el hospital, cuestiones de inseguridad, carencias de diversa índole y la falta de atención de los funcionarios locales.
Tras escuchar la problemática por voz de los ciudadanos y sentir tristeza por lo que le narraban, –como lo expresaría luego–, más adelante allí mismo en San Quintín se encontró con el grupo de legisladores y funcionarios de Morena pidiéndole “foto”. Así que su respuesta fue decirles que trabajen más con la gente, en territorio, que estén cerca de la ciudadanía.
Después también instruyó a que la delegada de Programas para el Bienestar en Baja California se mude temporalmente a San Quintín para coordinar y supervisar directamente desde allí los programas del plan de justicia social para los jornaleros agrícolas.
San Quintín es un municipio de Baja California, que en años recientes se convirtió en municipio independiente, ya que antes se le consideraba parte de Ensenada.
Con una enorme extensión territorial de 40 mil 425.91 kilómetros cuadrados, se fue conformando con trabajadores agrícolas y de la pesca, migrantes internos provenientes de diversas regiones del país, sobre todo de zonas indígenas de Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Chiapas y Michoacán, que antaño iban y regresaban de sus lugares de origen hasta San Quintín, para trabajar en el jornal según se les contrataba, también por temporada, hasta que se fueron asentando en colonias y ejidos.
No es sólo su carácter de municipio relativamente nuevo lo que lo coloca en nivel de precariedad en cuanto a su infraestructura, sino que históricamente en el país los jornaleros agrícolas han sido de los trabajadores más marginados y vulnerados. Y los jornaleros de San Quintín son de los grupos con ingresos muy precarios y expuestos a condiciones de marginación, precariedad y discriminación.
Por eso, como parte de su programa de Gobierno, la Presidenta Sheinbaum determinó como una de sus prioridades dar continuidad al Plan de Justicia de San Quintín, que comenzó el Presidente López Obrador en su Administración.
En su Plan de Gobierno, Sheinbaum incluyó un programa especial para los jornaleros agrícolas y sus familias, en que se les garantice servicios básicos y vivienda, seguridad social, seguridad laboral, programas de salud, instituciones educativas; es decir, atender la situación de los jornaleros agrícolas en su conjunto para que puedan ejercer sus derechos constitucionales.
San Quintín es, además, sinónimo de la histórica lucha que los jornaleros han dado por el reconocimiento de sus derechos. De manera que ahora que están en marcha planes y programas para mejorar sus condiciones y calidad de vida, se requieren servidores públicos eficientes en territorio que den soluciones reales a los ciudadanos, sólo así se hará efectiva la justicia social.
El periodo de Gobierno neoliberal se caracterizó no sólo por las privatizaciones, sino por el encumbramiento de una burocracia dorada que hizo de los cargos públicos la vía para su enriquecimiento y privilegio personal, a medida que se desvanecía la razón de ser del servicio público y que en el país se ensanchaban las brechas de desigualdad.
Por eso ahora que se pretende una forma de Gobierno humanista, es elemental que quienes tienen cargos de autoridad o como representantes en el Congreso o parte del movimiento que prometió la eliminación de esos privilegios, dejen atrás la frivolidad, la fantochería, el derroche, así como la exhibición de lujos y privilegios que se les ha hecho costumbre también exhibir en selfi tras selfi, a las que destinan horas y horas para alimentar sus redes sociales.
Son ya varias ocasiones en que la Presidenta ha tenido que recordarles a servidores públicos y legisladores que son parte de Morena, que deben dedicar más tiempo a su trabajo con eficiencia, sin ostentaciones. Pero está visto que muchos están más enfocados en lucirse en redes sociales que en cumplir con las obligaciones de los cargos que ocupan.
Y es claro también que hay quienes utilizan la intensa autopromoción en las redes como actos anticipados de campaña.
El síndrome selfi cada vez se extiende más entre la clase política y funcionarios de todos los partidos en cargos de diversos niveles, así tenemos alcaldes y alcaldesas que inician el día poniendo su selfi en pijama y lo cierran con su selfi desmaquillándose el rostro o bebiendo cocteles en cenas.
“Las selfis son ruidosas -escribe Chul Han- pero su expresión es pobre. Debido al sobredimensionamiento, parecen máscaras [en las que] […] el rostro humano […] adquiere forma de mercancía”.
Pero el efecto selfie se ha convertido para muchos políticos y funcionarios como maniobra de hacer política en modo influencer en que dedican más tiempo a fotografiarse y mover en redes sus fotos que al trabajo por el que devengan un sueldo.
Vemos las redes inundadas de fotos de políticos, funcionarios y legisladores exhibiendo joyas extravagantes, atuendos costosos, artículos superfluos y frívolos. Exhiben dónde vacacionan, en qué viajan, se fotografían en francachelas que, aún cuando se desarrollen en su ámbito privado, al ser personajes de la vida pública, que desempeñan cargos públicos o que reciben recursos públicos (como son también los integrantes de partidos políticos, como son los legisladores, como son los dirigentes de sindicatos) son sujetos de escrutinio público.
Las necesidades del país exigen servidores públicos y políticos con más trabajo en territorio y menos escritorio, o dicho en otros términos: más trabajo en el mundo real y menos selfis en el ecosistema digital.
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