No puede haber un verdadero feminismo si no existe una consciencia de la otredad entre mujeres. Foto: Afroféminas.

Para las mujeres que admiro y que son mis cómplices.

Luisa es una mujer que lo tiene casi todo: guapa, divertida y exitosa. Con un agudo sentido del humor, sus opiniones suelen ser moderadas y acertadas. Dista de ser frívola, sus reflexiones son profundas y brillantes. De mente sagaz, es una curiosa permanente. Nunca pierde las ganas de aprender, lo hace con humildad. Preocupada ante las necesidades de otros, convierte cualquier causa en su bandera de lucha personal. Es de una generosidad increíble, siempre ha repartido a puños lo que tiene.

Tantas cualidades la han vuelto una persona admirada y respetada. Como lo dije, Luisa lo tiene casi todo. Y es que también tiene un problema: lidiar con la envidia y el resentimiento de quienes no entienden porqué ha sido tan “premiada” por la vida. A pesar de ser discreta y no hacer alarde de ello, su vida no ha sido nada fácil. Sus virtudes y dones parecen pasarle facturas. A Luisa las cosas le cuestan el doble que a los demás, aunque hay quien opina que, por ser tan atractiva, consigue lo que quiere. Pero la verdad es que a base de un gran esfuerzo y de una disciplina férrea logra superar los enormes obstáculos que se le han presentado. Sus peores adversarios: las mujeres.

En nuestra sociedad la trayectoria de una mujer exitosa como Luisa se asocia con sus “encantos físicos”; difícilmente se le reconocen logros por su capacidad. En pocas ocasiones se admira la fortaleza interior y la perseverancia, casi siempre se habla de la suerte por ser “bonita”, “güerita” o por ser “coqueta” e incluso, “cascos ligeros”. Esos son los lastres con los que ha tenido que cargar Luisa.

Para complicar el asunto, suma a su lista la enorme cantidad de hombres que han mostrado la parte oscura del conquistador despreciado. La rabia y la frustración de no poder obtenerla como trofeo ha transformado a varios “príncipes azules” en verdaderos sapos. A esos hombres los ha puesto en su sitio. Ha seguido adelante con la consciencia de que, en la mayoría de los casos, los dones que ha recibido son directamente proporcionales a la soledad.

Lo que rebasa la comprensión de Luisa y le duele en el alma, es la capacidad demoledora de las mujeres. No puede entender esa atávica manía de destruir a una igual, “son más duras que los hombres”. A ella la han vuelto su blanco favorito inventando cualquier tipo de historias siniestras. Se puede decir que son muchas mujeres las que la detestan. Tristemente es una característica del sexo femenino: la capacidad de elucubrar fantasías con tal de desprestigiar.

Luisa lo ha experimentado; los halagos y piropos de un hombre pueden ser ofensivos y generar incomodidad. No se vale ningún acto de cortejo que haga sentir contrariada a una mujer. Este tema es tan delicado y personal que habrá quien considere que incluso, hasta cierta mirada, puede ser una forma de ataque; habrá quien defienda lo contrario. Sabemos que depende de la persona que lo experimenta, el contexto y la intención. Entre una lisonja y una violación existen infinitos matices que pueden ser considerados desde coquetería hasta una verdadera agresión. La lista de intentos de abuso por parte de los hombres a Luisa es enorme.

Pero ella insiste, es mucho mayor la cantidad de ofensas que ha recibido de mujeres. Y es que la aplastante manera de adjetivar de una mujer en contra de otra es inconmensurable. Puede ser tan dura y lacerante como una violación física. Aunque parezca una exageración, es uno de los ataques más violentos que existen. A pesar de que ni siquiera se ha hecho el intento de regularla, es una agresión que merecería ser legislada. La perversidad de una mujer es cruel y desmedida.

Miradas de soslayo, comentarios en voz baja, dobles sentidos, risitas entre cómplices, críticas humillantes, chismes e invenciones que no tienen medida ni lógica; en resumen, bulling como le dicen ahora. El increíble tejido de animadversión entre mujeres está lleno de intrincados pliegues y laberintos en los que coexisten los más oscuros sentimientos cargados de veneno dispuestos a deshacer vidas. La despiadada asociación entre “amigas” dispuestas a destrozar a una víctima es una maquinaria aniquiladora. La grandeza de una mujer para dar vida, amar y proteger, en estos casos, puede ser directamente proporcional a su bajeza cuando odia.

Pero Luisa sigue creyendo que se puede construir algo mejor entre mujeres: sumar fuerzas, mostrar piedad las unas a las otras y fortalecer cualquier lucha feminista y de defensa, “unidas nadie nos gana, pero mientras no nos pongamos de acuerdo y entendamos que debemos ser empáticas, siempre seremos débiles”.

La primera vez que Luisa escuchó la palabra sororidad fue en boca de una feminista durante una conferencia: “sororidad es la solidaridad entre mujeres, especialmente ante situaciones de discriminación sexual y actitudes y comportamientos machistas”, “es la forma de nombrar una verdadera alianza y empatía entre congéneres y una necesaria igualdad entre pares”. Incondicionalidad pactada en todos los sentidos y en todos los ámbitos. Desde la casa, entre familiares, clases sociales, con nuestras colegas, entre razas, orientación sexual, las mujeres debemos superar el afán de destruirnos y reconocer que nos ha faltado ser leales las unas con las otras.

“Cada vez se escucha más sobre la necesidad de romper el pacto patriarcal, ¿pero cuando firmaremos el pacto de sororidad?”, me dijo hace poco Luisa. Yo me pregunto, ¿sabemos que significa esto? No puede haber un verdadero feminismo si no existe una consciencia de la otredad entre mujeres. El camino de las feministas en su lucha por nuestros derechos ha sido largo y sinuoso; muchas de ellas han sido verdaderas combatientes que, incluso, han puesto su vida en peligro por todas nosotras. Sin embargo, ¿podemos reconocer todo lo que han hecho cuando ni siquiera somos capaces de respetarnos entre mujeres? Por desgracia, no siempre hemos sabido ser una sola fuerza porque entre nosotras nos detestamos, envidiamos y no pocas veces nos zancadilleamos.

Luisa no puede sentirse realizada hasta que se cumpla su sueño de ver a las mujeres unidas. Sin rivalidades, envidia, competencia, intriga, veneno y todas esas características tan femeninas. Es cierto, todos estos recursos fueron una estrategia para sobrevivir en un mundo en el que a los hombres les bastaba imponer su voluntad mediante la fuerza bruta y el poder. Ellos no tuvieron que apelar a los subterfugios y sutiles estrategias en la misma proporción que las mujeres.

El deseo de Luisa es que las nuevas generaciones entiendan que la competencia con otras debe ser leal, sin enconos ni rencor. Que no hay sentimiento más legítimo que el de la admiración entre iguales. Necesitamos más derechos para las mujeres, al mismo tiempo que una verdadera comprensión y adhesión con nuestro mismo sexo. Nos toca pelear por las causas de hoy. Luisa ve al mundo posible así: lejos de los intereses mezquinos, unidas, cómplices, incluyentes de todas las diferencias y solidarias para fundar un nuevo feminismo. Se llama sororidad y debe volverse una palabra y una forma de relacionarse entre nosotras.

@Suscrowley