En América Latina se hablan más de 560 lenguas distintas, 122 de ellas cuentan con menos de cien hablantes, lo cual quiere decir que se encuentran en peligro serio de desaparecer en un futuro sumamente cercano. En México y Bolivia se han gestado proyectos de aprendizaje de lenguas originarias a través de la aplicación WhatsApp, los cuales pueden terminar por marcar una pauta global.

Por Juan Carlos Rios

Ciudad de México,  17 de noviembre (Vice News).– Mensajes instantáneos. Notas de voz. Memes. Gifs. Stickers. Emojis. Videos de corta y larga duración. Previsualización de material audiovisual. Estados. Historias. Chats privados. Llamadas. Uso multiplataforma. Envío de documentos. Y, por encima de todo ello, un servicio gratuito y a la distancia. Una placa de Petri ideal para que desde una aplicación móvil el homo digitalis logre saciar una de las necesidades constantes en su proceso evolutivo: aquella de construir comunidad.

En América Latina se hablan más de 560 lenguas distintas, 122 de ellas cuentan con menos de cien hablantes, lo cual quiere decir que se encuentran en peligro serio de desaparecer en un futuro sumamente cercano. Y sus procesos de desaparición parecen estar lejos de frenarse. Especialmente, por tratarse de lenguas que dan forma a su propia nación, pero se encuentran huérfanas de Estado.

Las causas y consecuencias de fondo pueden conocerse a través de otros espacios, pero una conclusión generalizada alrededor del proceso de preservación de las lenguas originarias de América Latina es que la distancia, esa distancia impuesta por una colonización voraz, un racismo constantemente implícito y un desinterés político claro, es un factor determinante a futuro.

Y volvemos al inicio. La tecnología es el gestor de comunidades más grande e importante que el hombre haya podido encontrar o desarrollar a lo largo de su existencia en este planeta. Reddit parece significar más que una plaza pública. Facebook más que una fiesta. WhatsApp más que cualquier encuentro cara a cara. Y si nos permitimos sacar un ábaco y hacer un poco de aritmética, podemos rescatar otra conclusión sencilla a partir del último par de puntos: distancia + tecnología = una ventana inmensa para acceder al conocimiento, la educación y el aprendizaje universal.

La relación de los pueblos originarios con la tecnología y el espacio cibernético es diversa y no se presta a una generalización. Sin embargo, América Latina posee uno de los porcentajes de penetración de Internet más elevados (67 por ciento contra el 54 por ciento del resto del mundo), lo cual ha abierto la puerta para que los ejercicios de aprendizaje de lenguas indígenas se amplíen, y con ello vengan apps, cursos online o, incluso, la posibilidad de que WhatsApp sea un salvavidas lingüístico.

América Latina posee uno de los porcentajes de penetración de Internet más elevados lo que abre la puerta para que los ejercicios de aprendizaje de lenguas indígenas se amplíen. (Imagen ilustrativa) Foto: María José Martínez, Cuartoscuro.

20°58′04″N 89°37′18″O

Los apellidos de José son Ic Xek. Como la mayor parte de los habitantes de la península de Yucatán con herencia directa o lejana de la nación maya, su nombre es español pero su apellido no. Cuando se consumó la conquista de México, cada nativo de cada comunidad maya recibió un nombre nuevo, pero los apellidos prevalecieron, pues no era permitido asignar patronímicos castellanizados en bautizos y parroquias. Así que al menos esa herencia prevalece. Y con ello la garantía de un linaje asentado por siglos en la península.

José nació en un pueblo al sur de Yucatán que lleva por nombre Peto, “corona de la luna” en maya. Cabe aclarar en este punto que se trata de maya yucateco o peninsular, lengua que se desprende de la familia mayense, de donde nacen al menos otras treinta variedades distintas, entre las que destacan el quiché (predominante en Guatemala), el kekchí, el mam o el tzotzil. En total, el tronco madre suma un aproximado de cinco millones de hablantes; unos 750 mil de ellos hablan el maya yucateco.

“Mi mamá siempre habló lengua maya, nunca quiso aprender español, y mi papá fue el que sí aprendió español”, me cuenta José por teléfono, quien a sus cincuenta años se encuentra asentado en Mérida, capital de Yucatán. “Crecí en un hogar de mayahablantes. En la escuela fui aprendiendo algo de castellano, y ya en mis estudios avanzados creo que adquirí un nivel aceptable de español. Me gusta escribir y leer en español. Yo dejé ya de hablar maya por las circunstancias de la ciudad, pero lo he retomado y no tengo ningún problema con eso”.

Estudió Filosofía y posteriormente Educación, pero al graduarse se encontró con la posibilidad de trabajar como periodista en El Diario de Yucatán, donde permaneció dieciséis años. Desde hace unos nueve trabaja en El Chilam Balam y MayaPolitikon, dos proyectos enfocados en el cubrimiento de acontecimientos públicos del Mayab. “Quería contribuir y devolver un poco de lo que mi pueblo me había dado”, dice José.

Sin embargo, la vocación de educador es intensa, natural. José la heredó de dos de sus hermanos, maestros jubilados, pero también de sus profesores, quienes le ayudaron a salir de su comunidad y le abrieron las puertas para estudiar fuera de Peto. Su primer boceto de un proyecto educativo lo comenzó al inicio de la década: MayaVital fue un podcast de diálogos para aprender los principios básicos del maya yucateco. Posteriormente, ofreció clases a través de Skype; sin embargo, la necesidad de una atención personalizada y los alcances de la propia plataforma no permitieron que siguiera con el curso.

Entonces miró hacia otro lado. WhatsApp recibe a más de mil quinientos millones de usuarios activos diarios. Permite el intercambio de más de 60 mil millones de mensajes al día. Es, sin lugar a dudas, la app de mensajería instantánea más usada del mundo, y el sostén sobre el que se comunica el mundo. “Pensé: ¿por qué no aprovecho WhatsApp? Mucha gente de Ciudad de México y otros países me preguntaba mucho de lugares para aprender maya, y acá me permitía además trabajar en grupo. Se me ocurrió diseñar un pequeño plan con contenidos y materiales que se pudieran manejar por ahí para enseñar maya en un nivel principiante”, cuenta José.

MayaWhatsapp ofreció su primer curso en febrero de 2015. Consta de catorce materiales en video —todos tienen menos de un minuto y medio de duración para facilitar su consumo—, que abarcan cuestiones de escritura y pronunciación de conceptos básicos de la lengua yucateca. Estos se comparten de manera progresiva a través de un grupo en común donde se discuten y explican dudas alrededor del tema. La inscripción tiene un costo de 500 pesos mexicanos, y se ofrece en periodos no establecidos, aunque hoy por hoy, el proyecto está cercano a desaparecer.

“Lo promoví y hubo mucha gente interesada, se publicó y demás, pero realmente a pesar de que hay mucha gente que dice que le interesa y que quiere aprender a la mera hora no hace nada, es puro bluff. MayaWhatsapp tuvo un impacto mediático fuertísimo, pero solo ahí, porque en la realidad no hubo muchos inscritos, muy pocos. Lo hice algunas veces más pero con muy poca gente”, dice con la voz de quien se siente decepcionado por chocar con un desinterés generalizado. “Todavía generé un segundo cursito con el mismo concepto de brevedad, que era un segundo nivel, pero ya más allá de eso no. De repente me escriben algún mail preguntando pero no pasa de eso, ya es casi nada. Más bien tendré que cerrarlo ya definitivamente, y buscar otra cosa qué hacer”.

Aunque la iniciativa de José pareció terminar en un esfuerzo insignificante para él, plantó una semilla que podría terminar por amplificar sus metas, (no necesariamente de la mejor manera). En febrero de 2017, la Secretaría de Educación del Estado de Campeche anunció la creación de un programa para el aprendizaje de maya yucateco en instancias de educación básica. Su nombre: “MayaaWhatsapp”. “Es innovador, permite que a través de una herramienta muy conocida como es el WhatsApp, que lo usamos una gran mayoría —lo usan nuestros niños, lo usan nuestros jóvenes, lo usan los adultos, los usan los maestros—, se puedan llevar contenidos de aprendizaje a sus manos”, declaró en primera instancia Luis Canul Tun, jefe del departamento de Educación Indígena de la entidad.

Evidentemente, el concepto y nombre del programa tienen claras semejanzas con el proyecto de José, quien dice no darle importancia al asunto aunque nada le fue consultado. “La verdad es que de todas las cosas que hago siempre me aconsejan registrarlo, pero me da flojera o tengo otras cosas que hacer y no puedo. Es que al final no es solo el nombre del proyecto, o el concepto, sino saber cómo se hace, la experiencia e inteligencia para armar un plan con un objetivo, y desde luego continuidad para renovar el proyecto”.

Posteriormente se planeó añadir el proyecto en los estados de Yucatán y Quintana Roo con la intención de capacitar a docentes por medio de la aplicación, quienes a su vez harían lo mismo con alumnos y demás miembros de las comunidades peninsulares. No obstante, a la fecha, aún no hay vestigios de que el proyecto haya sido puesto en marcha. “En estos tiempos he estado dando un curso para maestros, justo en Campeche, y he platicado del tema frente a ellos incluso mencionando que soy el creador de MayaWhatsapp y no les ha sonado para nada. Yo pienso que no lo van a habilitar, es solo discurso y plan hasta ahorita”.

El proyecto triestatal se llama ahora “MaayaWhatsapp Oxo’om”, y aunque recientemente se han dado nuevos anuncios que permiten ver que aparentemente el proyecto sigue en pie, aún no hay claridad sobre los procesos y fechas para ponerlo en marcha. “Le agregaron esa palabra, Oxo’om, al final del nombre, y no suena tan bien pero por lo menos ya lo disimularon un poco”, comenta José.

16°30’00.0″S 68°09’00.0″W

“Jilata, kamisaki”, me responde en un mensaje a través de Facebook. “¿Qué tal, hermano?”, en castellano. Elías Ajata vive en La Paz, Bolivia. Estudió lingüística en la Universidad Pública de El Alto (UPEA). Se dedica a traducir audio y texto y diseña materiales en formato digital para que otras personas aprendan aymara, su lengua materna, a pesar de que habla y escribe español con precisión.

Desde hace cinco años, administra también uno de los espacios más importantes para la difusión y preservación del aymara en línea: Aymar Yatiqaña. “Nos pusimos a reflexionar con algunos compañeros de universidad sobre la ausencia del aymara en internet y principalmente en redes sociales. Coincidimos en la idea de que se tenía que cambiar ese panorama y empezamos a publicar en redes sociales y blogs sin auspicio de alguna institución, como en el presente. Vimos que teníamos que enseñar nuestra lengua y cultura a quienes no hablan y enseñar escritura a los hermanos aymara hablantes. Así nació la idea de crear espacios bajo el nombre de Aymar Yatiqaña”, relata Elías.

Aymar Yatiqaña cuenta con un blog, YouTube, Soundcloud y Pinterest repletos de materiales, aunque su fuerte está esencialmente en las redes sociales. En Facebook, su fanpage cuenta con más de 60 mil likes: comparten videos, imágenes, información sobre eventos y memes; es un espacio de esparcimiento digital totalmente en aymara. Al mismo tiempo, también en Facebook, existe un grupo cerrado de 31 mil miembros enfocado principalmente en el aprendizaje de la lengua, donde a través del feed, se discuten conceptos y definiciones.

En el caso de WhatsApp el proyecto funciona de manera similar, pero cuenta con un mayor número de espacios especializados. “Tenemos cinco grupos. Jaylli, dedicado a la música en aymara, que cuenta con 220 participantes. Yanapasiña, para que los seguidores de Aymar Yatiqaña se ayuden entre ellos. Arsuña, para que personas no hablantes aprendan la lengua: ese tiene 215 miembros. Después está Qillqaña, dedicado solo a cuestiones de escritura. Y Aruskipaña, que es para hablar completamente en aymara sobre distintos temas, ahí hay 190 participantes”, dice Elías.

Junto a un equipo de cinco personas más, Elías prepara los contenidos que se van publicando de acuerdo a sus posibilidades, ya que se trata de un ejercicio sin fines de lucro. Quien reina en Aymar Yatiqaña, por encima del dinero o el beneficio personal, es el propio contenido. “Aymar Yatiqaña creció por una razón principal: entendimos que la metodología en redes no puede ser igual que en el aula (rígida y secuencial en los contenidos), que la gente de redes quiere variedad, que no tenemos un solo tipo de público, que hay que satisfacer las necesidades de los distintos grupos que nos siguen, y entendimos también que nosotros aprendemos de ellos. Efectivamente, las redes han forjado nuestro conocimiento más que las universidades”.

Audios, PDF, videos, imágenes y chats personalizados son las herramientas de las que echan mano para enganchar a hablantes y no hablantes del aymara en una comunidad que funciona como una plataforma de entretenimiento casual más que de aprendizaje. “WhatsApp permite que personas que se encuentran en diferentes lugares se relacionen mediante el idioma. En los grupos que tenemos, por ejemplo, tenemos a aymaras que viven en Suecia o España hablando con los que viven en Bolivia, Argentina, Brasil u otros países. Esas personas que no pueden conversar con alguien en aymara en el lugar donde viven, recuerdan y se comunican diariamente en aymara como si estuvieran en un lugar donde muchos hablan este idioma”, explica Elías.

Así, el WhatsApp de Aymar Yatiqaña se ha convertido además de en una comunidad y testamento del presente, en un espacio de preservación donde el aymara se cuida a través de la cotidianidad de quienes se interesan por primera vez en el idioma, pero también de quienes buscan que su lengua permanezca siglos por delante. “Al unir aymara y tecnología se derrumban viejos mitos de que este idioma es una lengua del pasado; ver aymara en medios digitales impacta a la gente, crea conciencia positiva entre los hablantes, llega a la gente joven y nos da argumentos para refutar a los que critican nuestras lenguas”.

Parte crucial en la preservación de lenguas originarias tiene que ver con las juventudes y nuevas generaciones. “El futuro del aymara depende de cómo los propios aymaras tratemos nuestra lengua y cómo los que trabajamos difundiendo el aymara generemos interés en la gente. Monitoreando redes sociales, por ejemplo, puedo ver que más del 80 por ciento de los seguidores que tienen las páginas aymaras son menores a treinta y cinco años y gran parte de las personas que quieren aprender no son aymaras. Eso quiere decir que hay un espacio social para que el aymara se extienda y que parte de las nuevas generaciones ya no lo ven como algo inservible: quieren aprender. Hay seguidores que cotidianamente nos escriben y culpan a sus padres de no haberles enseñado el aymara y que ahora quieren recuperarlo”, cuenta Elías.

Por su parte, José complementa diciendo que las nuevas generaciones han producido una nueva dinámica en el maya, lo cual se traduce en un fortalecimiento moderado y espontáneo: “Está muy mezclado con el español, hay mucho préstamo; ‘mayanizamos el español’, como dicen los lingüistas. ¿Se va a perder la lengua? Eso se publicita mucho, que se va a perder la lengua maya y demás, es una cosa común en los medios, pero está encontrando una revitalización, un impulso nuevo. Desde los 80 se comenzó a promocionar que quienes la hablan aprendieran también a escribirla, y hay también una corriente literaria en maya, hay muchas iniciativas gubernamentales pensadas más en el turismo. Pero sí se han generado esfuerzos para preservar, hemos sabido aprovechar la coyuntura y capitalizarla a nuestro favor”.

Lenguas como el maya o el aymara se encuentran lejos de desaparecer. Su población de habitantes es amplia y el interés de aprendizaje que logran reunir también lo es. Más allá de la necesidad de más y mejores programas educativos que involucren lenguas originarias preparados por personas cercanas al propio idioma y sin intereses políticos, alternativas de espacios y comunidades como el que Elías o José han generado a través de WhatsApp dotan de fuerza a estas lenguas —que son fuentes de conocimiento, pilares identitarios y puertas de acceso a memorias colectivas— con siglos de construcción que, valga la aclaración, no están ni cerca de su último respiro. Como dice el propio Elías: “las lenguas originarias necesitan ser fortalecidas, no revitalizadas”.

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