La economista Mary Lovely y otros expertos advierten que el pacto con China dejó irresueltas varias de las más graves discrepancias entre las dos mayores economías del mundo y que cualquier avance podría desmoronarse. Señalan además que el nuevo acuerdo comercial con México y Canadá, si bien podría animar un poco el crecimiento económico, probablemente hará más caros y menos competitivos los vehículos de fabricación norteamericana.

Por Paul Wiseman

Washington, 19 de enero (AP).— El acuerdo comercial logrado entre Estados Unidos y China la semana pasada ofrece oportunidades para exportación a agricultores, fábricas y plantas energéticas norteamericanas. Y el nuevo tratado comercial con Canadá y México, aprobado el jueves por el Senado, podría estimular la producción en Estados Unidos.

Sin embargo, más que cualquier otra cosa, los dos avances ofrecen una tregua tras dos años de caóticas políticas económicas impulsadas por el Presidente Donald Trump, acompañadas de amenazas, diatribas y aranceles. La incertidumbre estaba arrojando una sombra la economía pues obligaba a las empresas a postergar su planificación hasta que se aclare el panorama.

El representante comercial de EU Robert Lighthizer (centro) con asesores. Foto: AP.

“Lo que obtuvimos fue una paz comercial”, estima Mary Lovely, economista experto en temas comerciales de la Universidad de Syracuse. Al menos por ahora.

Lovely y otros expertos advierten que el pacto con China dejó irresueltas varias de las más graves discrepancias entre las dos mayores economías del mundo y que cualquier avance podría desmoronarse. Señalan además que el nuevo acuerdo comercial con México y Canadá, si bien podría animar un poco el crecimiento económico, probablemente hará más caros y menos competitivos los vehículos de fabricación norteamericana.

Sea cual sea el resultado final, lo cierto es que la estrategia comercial de Trump rompe con siete décadas de políticas estadounidenses favorables al libre intercambio de bienes. En vez de estar a favor de la eliminación de barreras comerciales y buscar normas que beneficien a todos, la administración Trump persigue sin tapujos una política de “Estados Unidos Primero”. Es así como usa aranceles, amenazas y retórica combativa para conseguir concesiones de parte de China, México y Canadá.

“Otros presidentes hubieran tratado de conseguir que ganen todos, liberalizar el comercio mundial, incentivar el crecimiento económico”, opina William Reinsch, ex funcionario comercial estadounidense que ahora está en el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales. “Trump dice ‘no, lo importante es que Estados Unidos le gane a los demás’… Esencialmente, su actitud es de, ‘Quien tiene más fuerza tiene la razón. Nosotros somos un país grande e importante así que tenemos el derecho de someter a los demás’”.

La liberalización del comercio mundial hasta ahora había sido una prioridad para las grandes potencias del mundo. Pero muchos expertos dicen que les preocupa que, a largo plazo, la actitud combativa de Trump y su afinidad por los aranceles podría amenazar la economía de Estados Unidos y del mundo entero.

Y si bien las tensiones con China están cediendo temporalmente, la administración Trump se dispone a imponer aranceles sobre la Unión Europea por sus subsidios a la empresa de aviación Airbus, y a Francia sobre sus impuestos a empresas tecnológicas estadounidenses como Google y Amazon.