En la actualidad, el mundo se puede definir como una torre de Jenga a punto de derrumbarse al compás de los dedos ansiosos y traviesos, por manipular las piezas de madera a alturas que ponen en riesgo toda una estructura globalizada por la gravedad del consumismo bailando chachachá con el capitalismo.

Intereses que se vigilan como las cartas del Uno, pasadas por los líderes internacionales que simulan recitarlas en voz alta, como las propuestas para mejorar la realidad mundial donde apenas coinciden números y colores, pero a veces hay países que pierden su turno o solicitan una petición nada sencilla de cumplir y hasta la siguiente ronda pueden participar. Así, exactamente el planeta se extingue al azar.

Un dígalo con mímica que rompe con el silencio y ofrece el grito de la independencia con atril en mano y un acento adicional al nombre del país: ¡Viva México! Así, tal cual, los juegos del mundo se manifiestan con un cinismo que no perdona la mala pronunciación, ni el titubeo presidencial ante la ceremonia del aniversario histórico.

La suerte se rifa entre las cartas de la lotería. El  bandolón suena como soundtrack de un retrato gris a punto de extinguirse. Se encuentra en las últimas, pero el valiente soporta la carga de un globo terráqueo temblando de una risa desgraciada ante torrentes de huracanes y corrupciones al por mayor.

El dominó de las reformas se suicida, buscar la ley que encaje con los puntos puede resultar caótico y burlesco como una dentadura que no tiene pudor y se atreve a reírse de los pocos miles de pesos que se reúnen mes con mes para solventar la existencia.

Los soldaditos de violencia se derriten en Siria sin importar lanzar el extracto de las flores químicas que asesinan a deambulantes, a veces cualesquiera, con tal de ejercer presión y salirse con la suya.  Ya no hay destinos marcados, dejamos que los aviones se completen por piezas y se conviertan en unicel asesino al abrir los ojos.

Verdad y castigo se reúnen para jugar, mientras los damnificados sociales padecen de las arbitrariedades del gobierno. La realidad surge al canto de preguntas que incomodan a las instituciones, como si fueran cazadores insultados y tienen que ser sometidos a la vergüenza ante los ojos nacionales o internacionales por confesar en medio de tragos amargos, las inconformidades que la mayoría padece, peor que el zumbido de una mosca 24 hours.

Los dados se disparan frente al espionaje de un país a otro. Parece que la paranoia no superada y la inevitable inquisición del imperialismo, usufructúan los recursos de naciones en ciernes de pasar a mejor vida.

Otro juego que devora al universo es el de serpientes y escaleras, versión circular, porque no se quiere encontrar la manera de llegar a la casilla superior izquierda, sino perderse en la ambición de los reptiles por los recursos del poder que apenas amanece.

El póquer no se queda atrás y el azar de los destinos que desfilan por los dedos decide quién gana o pierde, si el rey, la reina, el as o la jota. ¿Quién tomará posesión de un cargo que no le pertenece?

Que sigan los juegos del mundo, zampándonos.

@taciturnafeliz