“Creo que estamos en un muy buen tiempo de coyuntura política para atender y armonizar una visión de género incluyente…”: Foto: Gabriela Pérez, Cuartoscuro

Cuando hablamos del género nos estamos refiriendo a las feminidades, masculinidades y androginia presente en hombres y mujeres, independientemente de su sexo, de su orientación sexual o de sus preferencias.

Las políticas de equidad de género deben buscar erradicar o disminuir las desventajas históricas que las mujeres enfrentan en todas las áreas de su vida por el sólo hecho de ser mujeres y/o femeninas, y deben atender a las personas que, por su condición de género, son discriminadas, tal es el caso de las personas trans, travestis o, incluso gays que, por su forma de vestir o hablar, son personas rechazadas o excluidas y, finalmente, una política de género integral debe involucrar a los hombres de tal manera que, dichas políticas faciliten o promuevan masculinidades no dominantes y hegemónicas o violentas. Las políticas integrales de género deben asegurar una amplia gama de derechos humanos para todas las personas y, deben basarse en la evidencia de que, la inequidad de género es un problema relacional que afecta a muchos grupos de personas, particularmente a las mujeres y a varios grupos de la diversidad sexual.

Si bien es cierto que, las políticas públicas han sido, como señala Baker y Greene (2011), hombre-céntricas, hombre-genéricas y hombre-estáticas, esa historia no tiene porqué seguirse repitiendo. A lo que se refieren la y el autor con esas clasificaciones es que, las políticas públicas históricamente han sido mayormente diseñadas por hombres (al estar estos mayormente en cargos públicos y de toma de decisiones importantes), por lo que tal situación puede acentuar una visión androcéntrica en la solución de los problemas sociales ya que, desde esa visión sesgada no se incluye lo que también pasa con la inequidad en mujeres, niñas o grupos de la diversidad sexual. A su vez, cuando se dice que las políticas públicas han sido históricamente genéricas, se refiere al (mal) entendimiento de que todos los hombres como género (y sexo) son iguales y poseen la misma cantidad de poder. Finalmente, la clasificación y la historia nos dice que las políticas públicas han sido hombre-estáticas ya que se cree que los hombres no cambiarán ni lo harán rápidamente, por lo que no tiene sentido involucrar a estos en políticas de equidad de género.

Me parece que las tres premisas que subyacen a la clasificación anteriormente retratada necesitan discutirse a la luz de la perspectiva de género. En tiempos de la paridad de género del gobierno actual, es importante que, hombres y mujeres, participen en políticas de equidad de género, creo que actualmente hay más información para atender las problemáticas que tienen los hombres y las mujeres por su condición de género, la brecha laboral tan desigual que padecen las mujeres o los problemas de salud y violencia que tienen los hombres, tan sólo son ejemplos de inequidad de género y mucho se puede hacer al respecto en materia de política pública. Un buen comienzo es partir de la comprensión que la diversidad de identidades existe entre todos los hombres y todas las mujeres, y que, además, en ello se conjuga no solamente su sexo, sino también el género, la orientación sexo-genérica, su identidad de género y las preferencias, lo que nos habla de una diversidad de diversidades entre los hombres y las mujeres, lejos se está de cualquier binarismo.

Lo anterior nos lleva al uso de la perspectiva interseccional (herencia del feminismo) ya que, no sólo es importante analizar la categoría de género para saber si un grupo es oprimido o discriminado, aunque es necesario, sino que hay que sumar otras categorías más como la pobreza, la discapacidad, la ubicación geográfica, la edad, lo que un análisis como ese nos llevaría a afirmar que no todos los hombres ni todas las mujeres padecen el mismo grado de opresión y exclusión. Me pregunto si una mujer blanca, heterosexual, con alto poder adquisitivo y joven es más discriminada que un hombre travesti, indígena, discapacitado y pobre…Por lo que reflexiono, la perspectiva de género debe ser interseccional.

Si partimos de no diseñar políticas de género inclusivas porque será imposible considerar a todas las personas que padecen la inequidad y no creemos que estas condiciones puedan cambiar, quizás estamos subestimando lo que puede ser un buen diseño de política de género integral. Incluso las políticas afirmativas pueden ser integrales en el complejo orden de género, más bien deberíamos reflexionar en cómo se están diseñando las políticas de género y, si estas parten de diagnósticos de inequidad de género con perspectiva de género interseccional, o si estas no obedecen tan sólo a intereses del momento y posturas políticas sin argumento basado en evidencia científica.

Creo que estamos en un muy buen tiempo de coyuntura política para atender y armonizar una visión de género incluyente, justa y armoniosa para todas las personas que son parte del problema y que son víctimas de la enorme violencia de género que tenemos día tras día. El sol, como las políticas públicas, deben dar luz para todas y todos, y de la forma en que más lo necesitan, así como desde una visión de derechos humanos incluyente.

 

Por si te interesa:

  • Barker, G. y Greene, M. (2011) ¿Qué tienen que ver los hombres con esto?: Reflexiones sobre la inclusión de los hombres y las masculinidades en las políticas públicas para promover la equidad de género, en Masculinidades y políticas públicas, FACSO, CULTURASALUD, EME Masculinidades y equidad de género, Chile.