Una de las hijas de José Emilio Pacheco conversó acerca de El infinito naufragio, una antología general, editada por ella y publicada a seis años de la muerte del escritor mexicano, el 26 de enero de 2014.

El paso del tiempo, el amor, la belleza, la vida y la muerte fueron temas fundamentales para Pacheco, señaló la traductora literaria sobre esta selección de poemas, relatos e inventarios, y agregó que su padre “dedicó su vida íntegramente a la literatura y nunca se apartó de ese camino”.

Ciudad de México, 25 de enero (SinEmbargo).- El paso del tiempo, el amor, la belleza, la vida y la muerte. Estos fueron temas fundamentales para José Emilio Pacheco, un autor que vislumbró lo fantástico en lo cotidiano y que se entregó completamente a las letras y a la búsqueda del sentido de la existencia.

“Para mi padre el honor y la verdad era lo más importante, y eso lo vivía con muchísima intensidad. Tenía una curiosidad gigantesca, no sólo por lo literario, y leía vorazmente cualquier tema”, recuerda Laura Emilia Pacheco, una de las hijas del fallecido autor, a propósito de El infinito naufragio, una antología general, editada por ella y publicada a seis años de la muerte del escritor mexicano, el 26 de enero de 2014.

Respecto al nombre del libro, Laura refirió que alude a un verso de Giacomo Leopardi, poeta que le gustaba mucho a su padre. “Todos los días estamos al borde de un naufragio, a veces lo sorteamos y otras no”, detalló y añadió que ese halo de la deriva inevitable pernea la selección de poemas, relatos e inventarios. 

“La literatura de mi padre refleja que estudió profundamente la condición humana […] Fue una persona que sí nació con una vocación. Toda su vida se dedicó íntegramente a la literatura. Nunca se apartó de ese camino”, señaló Laura.

Sobre las antologías opinó que “toda antología es una forma personal de lectura y habría tantas antologías como lectores pueda haber”. Además consideró que “este libro está lleno de puertas que él dejó, puertas para que otros escritores las abran y nos lleven por diferentes caminos”.

Para Puntos y Comas, la editora y traductora literaria Laura Emilia Pacheco ahondó acerca de este libro dirigido al lector, de cualquier edad, que se acerca por primera vez a la obra de Pacheco.

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–¿Qué es el “infinito naufragio” para ti?

–El “infinito naufragio” viene de un verso de Giacomo Leopardi, un poeta que a mi papá le gustaba muchísimo, y es la idea de que todos los días nos levantamos con la esperanza de tener un nuevo día, pero nunca sabemos a qué nos vamos a enfrentar… Por las noches hacemos un balance; hay veces que nos va muy mal y otras veces nos salvamos de alguna desgracia. Entonces todos los días estamos al borde de un naufragio, a veces lo sorteamos y otras no. 

–¿La literatura ayuda a sortear este naufragio?

–Creo que sí. La literatura no sólo expresa lo que sentimos y lo que nos pasa, también nos ayuda a recordar que otros han pasado por lo mismo, que no somos los únicos que nos sentimos desconsolados. El ser humano es uno.

Lo que tiene la literatura de mi padre es que estudió muy profundamente la condición humana; en estos poemas, textos, inventarios, está la búsqueda de por qué somos como somos y no somos a veces como quisiéramos ser. Esto me parece que nos acompaña.

–¿Por qué dices que “toda antología es imperfecta”?

–Si tú hicieras la antología, lo harías de otra manera, lo mismo que otro lector lo haría de otra manera. Toda antología es una forma personal de lectura y habría tantas antologías como lectores pueda haber.

Yo hice esta antología porque me invitó a hacerla el editor de Océano y entré en pánico, un pánico que me duró dos años, pero gracias a que tengo una larga experiencia como editora literaria, pude seleccionar los textos.

Fue difícil porque es una obra basta, pero una de las ideas era acercar a un primer lector, o a lectores que ya lo conocen, a una obra que es muy extensa. Por esto la antología incluye: su poesía, que para él era lo más importante, sus narraciones y algunos de los inventarios, un género que incluye rasgos del periodismo y otros de la literatura, todo lo que pueda abarcar la palabra.

–Entonces para los que no se han adentrado en la obra de Pacheco, ¿este es un buen libro para comenzar a leerlo?

–De hecho, parte de la decisión editorial al hacer la selección fue pensar en alguien que se acerca por primera vez a esta obra, alguien de cualquier edad, no necesariamente un joven. La idea es que entienda cuáles eran las preocupaciones y los temas que le importaban a Pacheco, temas que él siempre trató de compartir con sus lectores.

–José Emilio Pacheco realizó poesía, narrativa, ensayo, crítica literaria y periodismo. ¿En qué terreno consideras que él se sentía más cómodo o disfrutaba más?

–En las letras en general. Fue una persona que sí nació con una vocación; desde niño, a los dos o tres años, ya sabía leer y escribir, y toda su vida se dedicó íntegramente a las letras y la literatura. Nunca se apartó de ese camino, nunca fue funcionario o diplomático, no hizo absolutamente nada más que leer y escribir.

–¿Nos compartes algunos de tus textos predilectos?

–Eso cambia porque una va cambiando también todos los días, de manera que a veces la relectura es una primera lectura: algo que te gustaba, te llamaba mucho la atención o te sentías muy cercano, puede cambiar con el tiempo o con el día.

–¿Qué problemas filosóficos le interesaban a Pacheco? ¿Cuáles eran los móviles temáticos que impulsaban su escritura?

–El paso del tiempo, la vida y la muerte. Nunca nadie ha regresado del otro lado, ni el más grande emperador, ni el más grande sabio, a decirnos qué hay del otro lado. Yo creo que mientras no sepamos qué es la muerte y de dónde viene la vida, realmente no sabemos nada.

A él le atormentaba mucho el paso tan veloz del tiempo, pues no hay manera de detenerlo y nunca sabemos cuándo se va a detener; nadie tiene comprada la vida. Ese fue uno de sus temas fundamentales: el paso del tiempo, lo cual se refleja en esta antología.

–¿Qué legado le dejó Pacheco a escritores jóvenes?

–Quisiera pensar que su claridad. Su prosa es sumamente clara y nítida; es una lectura que al acercarte a ella es sencillo de entender. Sin embargo, esa sencillez tiene atrás un gran trabajo editorial de él mismo, pues era una persona que constantemente se corregía. Quizá esa nitidez de lenguaje sea lo que atraiga a los nuevos lectores.

Este libro está lleno de puertas que él dejó, puertas para que otros escritores que vengan después las abran y nos lleven por otros caminos.

–”Un humanista obsesionado en dotar de belleza a la vida absurda”. Mencionas esta frase en el prólogo… ¿Es así como veías a tu padre?

–No lo sé… Yo creo que él se obsesionó o se entregó completamente a encontrarle un sentido a todo lo que incluye la vida, ya sea el mal, el bien, el amor, la frialdad, la belleza, porque todo tiene un motivo. A veces es algo insignificante lo que hace que nos vayamos por un camino o por el otro, y creo que eso lo fascinaba.

–¿Cómo describirías a tu padre?

–Era una persona para quien el honor era algo muy importante, el honor y la verdad, y eso lo vivía con muchísima intensidad. Era un hombre muy intenso, muy atormentado. Él tenía una curiosidad gigantesca, no sólo por los temas literarios sino por todo; leía vorazmente cualquier tema.

Saber tantas cosas, conocer tan a fondo a los seres humanos, que somos complicados, yo creo que le atormentaba mucho porque veía que a veces no hay salvación. A veces el naufragio es inminente.

Foto: Crisanto Rodríguez, SinEmbargo

Laura Emilia Pacheco Romo es narradora, ensayista, traductora, editora y amante de las letras hispánicas e inglesas, cursó la carrera de Letras Inglesas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), por lo cual también se especializa en la traducción.

Su primer libro, publicado en 2009, lleva el título de El último mundo y trata acerca de una serie de crónicas acerca del México cotidiano, sus costumbres, sus habitantes y una comparación de la calidad de vida del México pacífico de hace siglos al México actual, caótico pero entrañable. También ha escrito cuentos infantiles. El inicio del cielo, recrea el viaje de unos niños que recorren el estado de Quintana Roo.