La vacunación contra la COVID arrancó en diciembre en México. Foto: Cuartoscuro.

Comprenda amigo que comercialmente, por ética y respeto a la vida, usted no puede comprar la vacuna contra el Covid si no le toca recibirla por prioridad.

En la frontera con Estados Unidos se reproduce uno de los fenómenos más irracionales para los muchos que vivimos por acá; la diferencia entre el nivel de vida, el salario, los servicios públicos, el desarrollo urbano, la seguridad pública, la imposición del Estado de derecho y la fuerza ciudadana es tan obvia, tan visible y evidente que invariablemente, en cualquier debate, el interlocutor acude inmediatamente a la comparación de la vida entre El Paso, nuestra ciudad vecina del lado estadounidense, y Ciudad Juárez.

Todo juarense tiene una historia en común en la que asegura que la última vez que fue, o que un familiar se dirigió, a El Paso un tipo en su automóvil que conducía por delante iba pasándose altos, cambiando de carril sin usar las direccionales y tirando basura por la ventana hasta que, al llegar a las garitas de migración, el conductor se puso su cinturón y empezó a manejar por su carril, deteniéndose en el primer alto y convirtiéndose en el conductor más respetuoso de la ley, porque en Estados Unidos todo se respeta y todo funciona mejor.

Esta experiencia cotidiana ha generado múltiples discusiones porque muchos habitantes al sur del río Bravo con un patrimonio mediano exigen el derecho a comprar personalmente su vacuna y ponerse a salvo ellos y su familia primero, pero ante la imposibilidad de hacerlo pese a que, según va el cuento, en El Paso las vacunas se están vendiendo en Walmart, a donde sólo llegas, la pagas y ahí mismo te la aplican, critican al nuevo régimen.

A todos ellos les dirijo este simple argumento, porque no hay necesidad de aportar datos estadísticos, citar textos publicados en revistas científicas ni referirse a los acuerdos que trata de impulsar la ONU para la aplicación de la vacuna según prioridades de riesgo y asegurar su distribución en los países que no tienen recursos para acudir al mercado mundial:

El problema, amigo, es que no hay vacunas en venta, ni en Estados Unidos, y si usted es norteamericano, no la puede comprar en las farmacias; lo que usted puede hacer es anotarse en una lista de espera allá y estar atento a que le toque su turno, pero si no es ciudadano debe esperar a que le toque la vacunación en México. Además, moralmente, no podemos recibir la vacuna primero los que tenemos para comprarla, sino que se debe seguir el orden de prioridad, porque dejaría a los países más pobres y a los pobres entre los pobres condenados a muerte.

Segregar a estos grupos humanos, que se debaten en la miseria, o a esos países que no pudieron comprar la vacuna, podría ocasionar la mutación del virus a cepas resistentes a la vacuna y regresaría como un bumerán contra quienes la compraron, y usted podría caer al retornar la epidemia.

Estos mezquinos, egoístas e inhumanos no merecen más palabras, ni argumentos; finalmente, muchos de ellos de seguro comprarán de contrabando agua destilada disfrazada de vacuna.