Julieta Cardona

Matilde

28/04/2012 - 12:01 am

Matilde entra cabizbaja a la catedral de Tequisquiapan, Querétaro; de una mano le cuelga una bolsa repleta de frutas: manzana, guayaba, tejocote, naranja. En la otra lleva caña de azúcar, canela, piloncillo, ciruela pasa y pan. En la garganta lleva atoradas cientos de palabras. Es invierno y es de mañana, diciembre está en agonía; la familia de Matilde llegará en unas horas y ella busca redimir sus pecados antes que termine el año. Hace frío pero a Matilde le hierve el cuerpo. Haré ponche, le dijo a Isidro, su esposo, y salió de casa.

No he leído la Biblia como es debido, padre. Tengo miedo de confesarme, pero usted tendrá más cuando yo termine.

Siento mariposas en la panza tan solo por recordar. Todo comenzó en febrero: yo entré a casa de Lucía, mi vecina que usted conoce bien, a quien le bautizó un hijo hace dos domingos. Como decía, entré a su casa para hacer los postres que le vendemos a los restauranteros. Lucía me dijo que estaba atrasada de tiempo, que se lavaría el cuerpo, que la esperara.  Ella tardó más de lo debido, padre, entonces fui a buscarla. De su habitación brotaban jadeos y con cautela observé por la rendija: Lucía se estaba tocando. No, no me interrumpa, padre, que yo soy la pecadora y usted es el intermediario.

Lucía me vio y no cesó, al contrario, se estimulaba con más fuerza; caminé hacia ella y después de miradas cortas nos tendimos en el suelo. La toqué completa, padre, la palpé entera con las yemas de los dedos; sus pezones amenazantes casi desgarraban la tela de su blusa. Ahora siento mariposas en la vagina, padre.

Le hice el amor con tanta fuerza que las dos nos rompimos, después nos lavamos el cuerpo porque el alma no pudimos.

¿Le digo más, padre? Mentí, sí he leído la Biblia: el Génesis y su pecado de Sodoma; Levítico y sus actos de inmoralidad prohibidos, Levítico 18:22; Jueces y su levita; Deuteronomio y sus leyes sanitarias; Reyes y el Reinado de Roboam, de Asa, de Josafat; Job y la grandeza de Dios. San Juan, Lucas, Corintios, la mujer adultera, Timoteo, Romanos. Yo.

Tengo miedo porque no la amo. Tengo miedo porque yo no he visto que se condene al amor y yo no estoy enamorada.

¿Qué será de mí, padre? Que acaricio a esa mujer completa sin buscarle el alma.

¿Qué será de Isidro, padre? Que urge la carne de su esposa que no lo desea.

¿Qué será de Lucía, padre? Que busca abrazarme en la luz y yo solo la encuentro entre tinieblas.

Mi corazón está tan vacío que puedo entrar y salir llena de pecados las veces que yo quiera. Ya no siento mariposas en alguna parte.

Matilde lleva su penitencia en la espalda; los mismos pájaros cantan; el frío de la mañana ha alcanzado incorporarse a su cuerpo. Intentar redimir sus pecados es como intentar librarse de ella misma, entonces, desiste.

Matilde apresura su paso, Lucía la espera afuera de la catedral.

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