Todos tienen prisa. A Peña Nieto ya le anda por gobernar, a Calderón le apura transferir, a López Obrador le urge invalidar, al PRD se le queman las habas por probar, al PRI por defender y al PAN por definir. Y en este caos de acusaciones, señalamientos y justificaciones se producen también escenas impensables. Calderón recibiendo exultante a un Peña Nieto que como que ya se halló, ya no se quería salir de Los Pinos.
Por Ricardo Rocha
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