Mucho se habla de lo que sucede después de los rompimientos. Este es otro texto más en el cual se encontrarán similitudes a muchos otros, porque los rompimientos siguen un ciclo también. Cuando terminamos una relación de pareja sentimos un seco vacío en el pecho entero, nada que más de la parte izquierda porque el corazón se ubica más o menos ahí. No, en el pecho entero. ¿Después qué sigue? Asumiendo que se incluyó a la pareja en todos nuestros círculos integrales, elaboré cinco supuestos elementales:
Vayámonos por pasos:
1. Explicarle a tus cercanos el porqué del rompimiento. Las preguntas de tu familia y tus amigos son las que con más confianza se responden, bueno, exceptuando las del hermano menor que salen no sé de dónde, por ejemplo: ¿Y tu amiga con la que te besabas ya no jugará más con nosotros?
2. No contentos con haber sumergido al otro en nuestro mundo, tenemos su mundo en nuestra casa: todas sus pertenencias que descansan hasta en los rincones más inhóspitos de tu hogar y todas las pertenencias tuyas regaladas por la (el) ex en cuestión; la tanga, el bóxer, la camisa, la bolsa, el condón aquél que compraron juntos en una sex shop y nunca usaron, el disco de su música favorita, la sudadera que te prestó aquella noche que tenías frío, un libro suyo en una valija tuya, el folder importantísimo con documentos importantísimos que dejó en tu buró no sabemos por qué. Después viene lo que yo llamo (sin entrar en cuestiones filosóficas) "la cosificación", pues tendemos a reducir al ex en simples objetos. Veámoslo así: pareciera que el alma del ex vive en el hermoso portarretrato que te regaló cuando cumplieron tres meses; qué decir del celular que te regaló en tu cumpleaños, si terminaron mal, como mínimo y como excelente amante de la histeria lo avientas por las escaleras (al celular), si terminaron bien, entonces se imagina con anhelo el rostro del ex en la forma del celular; ni hablar de la taza en la que amb@s tomaban café después de hacer el amor.
Y, finalmente, si nos posee el yo Niño, le regresamos las cosas que nos regaló. Como aquella vez que regresé un anillo de compromiso, de haberlo empeñado me hubiera solventado unas 20 borracheras, pero lo regresé porque lo sentía ajeno a mí, entonces cosifiqué.
3. Redes sociales posmodernas. Borramos al ex en cuestión de Facebook (principalmente) y le bloqueamos de cualquier red social existente. Nos creemos muy valientes pero la verdad es que no hemos entendido nada.
4. Cuando terminas con el ex, también terminas con sus padres, sus hermanos, sus primos, sus tíos, sus perros y sus amigos. Ahora debes ingeniártelas para despedirte de los más cercanos, es decir, de su núcleo familiar.
—¿Y por qué terminaron?— pregunta la ex suegra.
—Porque su hija es más dramática que mi abuela cuando se embarazó a los 15 en un pueblo de Guanajuato por ahí de 1930— te imaginas diciéndolo, pero como buena dama o caballero (según sea el caso), dices con tono de resignación la respuesta más ambigua e irrebatible del puto mundo— porque no nos entendimos.
5. Acomodar tu agenda con nuevos planes, cambiar tu rutina porque ahora estás solo contigo. Planificamos nuestro nuevo mundo.
El resto es todo nuestro: cerrar el círculo, pero sobre todo, aprender a dejarle ir. Madurar, crecer, recordar sin dolor, saber que si los buenos recuerdos prevalecen sobre cualquier historia, entonces todo habrá valido la pena. Creemos morir de amor, pero creemos mal, porque es cuando más vivos nos sentimos.
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