El título es una trampa. Suena más musical que el tema original: ritmo para escribir. Y es que, en esencia, la rítmica es el sostén de la música y del ritmo se derivan los géneros musicales, como el shuffle, vinculado al blues y jazz... y sí, pues, la cumbia también es un género llamado así por su ritmo.
Así que, para ser más concretos, esta colaboración tendría que llamarse "Ritmos para escribir periodismo".
La escritura tiene su cadencia, sus tiempos, su velocidad, sus silencios. Es como podemos llevar al lector por un viaje placentero, o un recorrido intenso. Guiarlo tan salvajemente como si escuchara "Battery" de Metallica o seducirlo como si Diane Krall susurrara, mientras acaricia su cuello.
Ahora bien, el periodismo también tiene su ritmo. Su naturaleza inquisitiva, la búsqueda de la verdad en un sistema cerrado, simulador, y una realidad abrumadoramente negativa (los agentes de la vida pública la hacen negativa, no los periodistas) sugerirían géneros a la altura, inspiradores, motivadores, que llamen al combate.
Una historia de corrupción bien puede ser escrita al ritmo de cualquier pieza de Rage Against the Machine. O para redactar una historia de familias disfuncionales puede escucharse al mismo tiempo "Electric Worry", la versión adaptada de Clutch de la original de 1941 (al menos en grabación) de Major "Big Maceo" Merriweather y que popularizó Mississippi Fred Mcdowell.
El periodismo se ha vinculado con la ciencia política, la sociología o con la narrativa, pero no directamente con la música y quizá valga la pena reflexionar sus relaciones a profundidad, por si alguien le encuentra utilidad o sólo por el placer de hacerlo.
El ritmo es agarrar el tiempo, que fluye, que transcurre, en completa indiferencia hacia nosotros. El músico siente el paso de ese tren y calcula el momento preciso para abordarlo. No hacerlo con exactitud implica salir arrojado violentamente contra el suelo. Es salirse del tiempo.
El instinto periodístico, de igual manera, está ligado con el “feeling” del tempo, y no solamente por publicar un tema cuando ya perdió vigencia, sino por hacerlo con demasiada antelación. Y por supuesto, por el uso cotidiano del lenguaje, una de las materias primas del oficio. El lenguaje es música y la música es lenguaje.
Cada quien escuchará su género, tendrá su ritmo al escribir, y aquellos que dicen “escucho de todo”, o que no son para nada afines a la música, seguramente descubrirán algún día las ventajas de conectarse con el tiempo, el lenguaje y la existencia a través de la música.
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