Las metáforas del estrés

Alicia González

05/10/2013 - 12:01 am

El estrés es una maldita criatura mitológica que se manifiesta con un reflujo llamado tensión. El tiempo es la nomina que truena los dedos anunciando cada vez más prisa. No hay instante para contemplar la belleza o el horror, solo para sentirlo.

TNT a punto de explotar en las siluetas que siempre andan aferrándose al pasamanos del autobús y en los segundos de intima curiosidad alcanzan a inventar minificciones de pasajeros que le roban el poco oxigeno que queda. Los latidos detonan a máxima velocidad, se hace tarde entre extraños no hay con quien consolarse salvo el puñado de audífonos que le agregan soundtrack a la tensión en forma de fotografía en movimiento.

Golpes de respiración que reproducen canas o arrugas al instante, mientras se siguen al pie de la letra, los protocolos capitalistas: impuntualidad, dependencia tecnológica, como si al olvidar el celular faltara un miembro de nuestro cuerpo y estuviésemos perdidos sin una extensión de nosotros mismos. McLuhan para desayunar esta y todas las mañanas.

Entre cables, números, letras, definiciones y extraños contenemos la verdadera radiografía de nuestro yo con minutos de regreso, amenazándonos con las sentencias del orden social.

Sudor de plata que produce el perfume Nervios y se esparce en las partículas de una de una velocidad que pasea en el aire y arranca cabellos impulsivamente en una manifestación que solo se recrea en nuestra mente como un cortometraje absurdo.

Ansiedad ambulante que no habla porque aprendimos a cubrir con la cobija del silencio, los malestares del alma, aunque nos sofoque la existencia y una roca en la espalda carguemos sin que los demás la vean.

Un golpe tras otro que lanza llamas invisibles, mientras las frustraciones estén a la orden del día y siga la mata de la cuenta regresiva, andando. A prisa, a prisa que el demonio del retraso hay que aniquilar con precisión para que las manecillas no avancen y nosotros las destrocemos con el triunfo porque le arrebatamos al destino la oportunidad de aniquilarnos con el consomé agobiante.

Demolición de la tranquilidad. Va cayendo, va cayendo y todos corren para que no les llegue un ladrillo de realidad. Cuando hay estrés no hay un mañana, solo las hieles de las consecuencias lanzando piedras sobre las cabezas distraídas que se atreven a observar. Ellos son unos delincuentes porque se atreven a desafiar una erupción, que de vez en diario nos visita, y no se someten a lo que la autoridad psicosomática demanda: volvernos locos.

@taciturnafeliz

Alicia González

Lo dice el reportero