Entre los misterios que avivan el fuego de los enamorados está el de poder vivir las múltiples realidades que habitan el cuerpo de la persona amada. Algunas veces los amantes saben leer y sentir lo que sucede muy adentro del otro. Como sucede con los cuerpos deseantes, las fronteras de los sueños también se rompen. Nos volvemos capaces de vivir, a flor de piel y debajo de ella, sueños ajenos que se van volviendo nuestros.
Por Alberto Ruy-Sánchez.
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