La apasionada defensa de la libre expresión es un tema de moda en los medios masivos de Occidente desde el asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo. Mario Vargas Llosa se congratula en El País por lo que le parece un renacer de las ideas. Es justamente en este sano espíritu de libertad que no dejo de preguntarme: ¿la expresión y las ideas de quién defienden aquellos que se dicen Charlie?

Los que tratamos de informarnos a través de los medios masivos de Occidente podemos testificar que las voces de las diversas y encontradas teologías y filosofías de orientación islámica no han formado parte importante del debate sobre la libertad de expresión y sus límites. ¿Por qué esas voces nos son casi del todo ajenas? ¿Por qué no se escucha en los medios la voz de los que no son Charlie, la voz de los otros, los que no quieren o no pueden ser parte de la democracia liberal de Occidente, aún viviendo en ella?

Leí hace unos días en el periódico electrónico de Al Jazeera un artículo de opinión en el que Fariha Róisin hacía notar que no solo no se había protegido el derecho a la libre expresión de un grupo de activistas musulmanes en Francia que criticaban en público la denigración de los musulmanes por Charlie Hebdo, sino que algunos de ellos habían sido detenidos por la policía, acusados de propagar un “discurso de odio” y de hacer “apología del terrorismo”. Incluso las voces más liberales del Islam son silenciadas de manera sistemática por los medios occidentales, acusaba Róisin.

En una entrevista reciente en El País, Yves Michaud, filósofo francés, afirmó que “los valores islámicos son incompatibles con los nuestros”. Soy un historiador de la conquista de México y me resulta increíble leer hoy acerca de nosotros y ellos. ¿Conversión? ¿Expulsión de los moriscos? Aquí, del otro lado del Atlántico, los otros por excelencia y tradición son los llamados indígenas. De hecho, el ataque terrorista a Charlie Hebdo opacó por un tiempo el también reciente ataque a un grupo de estudiantes de la escuela normal rural Isidro Burgos de Ayotzinapa en septiembre del año pasado. Un estudiante fue asesinado y desollado en el lugar; otros cuarenta y tres estudiantes fueron secuestrados y, según concluye el gobierno de México, asesinados. Se trató, al parecer, de una operación conjunta de la policía municipal y federal de la zona y una banda de narcotraficantes. La emboscada sucedió en la ciudad de Iguala, en la región conocida como la Montaña, la zona de mayor pobreza en el estado de Guerrero y en todo México, de población mayoritariamente indígena.

Las escuelas normales rurales fueron fundadas por el gobierno emanado de la Revolución Mexicana. Debían ser lugares privilegiados para la refundación de México a través de la educación técnica y civil de los campesinos, así como del diálogo y la planeación de acciones conjuntas entre el capitalismo de Estado mexicano y la organización comunitaria del mundo campesino, en su mayoría indígena. Sin embargo, y como en todo Occidente, a partir de las últimas décadas del siglo XX, México ha favorecido la gran propiedad agroindustrial y la apertura al comercio transnacional de granos básicos. El antiguo Anáhuac, cuna del maíz, importa hoy grandes cantidades de este grano a los Estados Unidos para poder alimentar a su población. La agricultura comunitaria indígena se encuentra sumida en una crisis estructural desde hace décadas, evidente en la migración masivas de campesinos mexicanos tras el fracaso agrario de la Revolución Mexican para trabajar en la agroindustria de los Estados Unidos. Su voz tampoco existe en los medios de Estados Unidos. Son los ilegales, los descendientes de los antiguos americanos. En la Montaña de Guerrero, los que no van al otro lado trabajan para el narcotráfico: siembran amapola, aparentemente de gran calidad.

En las escuelas normales rurales de Guerrero han estudiado luchadores sociales y guerrilleros. Quizá el más famoso haya sido Lucio Cabañas, antiguo maestro de Ayotzinapa, admirador de Emiliano Zapata, símbolo de la lucha campesina indígena de México. Desde mediados del siglo pasado, las escuelas normales rurales le resultan al Estado mexicano un proyecto incómodo e incompatible con la actual política neoliberal. Valores incompatibles. En 1969 el presidente Díaz Ordaz decretó el cierre de 16 de las 29 normales rurales del país. En 2008 la dirigente del Sindicato de Educación más poderoso de México, Elba Gordillo, sugirió la transformación de las normales rurales en centros para la formación de guías de turistas. En 2011, el gobierno de Guerrero mandó disolver un bloqueo carretero organizado por los estudiantes de Ayotzinapa quienes exigían una reunión con el gobernador del estado para la mejora de las escuelas normales. Dos estudiantes resultaron muertos entonces en el enfrentamiento con la policía. Hace cuatro meses, la policía de Guerrero emboscó a los estudiantes de Ayotzinapa, quienes habían secuestrado un autobús de pasajeros. Según Omar García, estudiante de Ayotzinapa y superviviente de los ataques, querían viajar a la ciudad de México y ser parte de los eventos conmemorativos del 2 de octubre de 1968, fecha en la que el Estado mexicano emboscó a estudiantes de la ciudad de México en el barrio de Tlatelolco, junto a los restos de la antigua escuela de altos estudios indígenas fundada por los frailes humanistas españoles en 1536: el Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco.

Hoy se defiende en las repúblicas de Occidente el derecho a la crítica radical de toda religión y de todo valor trascendente, el derecho de Charlie. La voz de los estudiantes de Ayotzinapa no ha aparecido en los grandes medios de Occidente. Me gustaría sumarme a la defensa de la libre expresión recordando que la voz de muchos otros, que no son Charlie, está prohibida en los hechos. Para defender la libertad de Charlie se levantan muros, se venden cuernos de chivo, se caza impunemente a terroristas y vándalos, todavía mudos en las fosas de Irak o de México. La palabra del otro es también mi palabra. Su silencio es mi mentira, mi hipocresía de cara sonriente y bondadosa: la nena consentida, puritana y liberal. Yo soy los otros, entre ellos Charlie.

*Jaime Marroquín Arredondo es doctor en literatura hispánica por la Universidad de Texas en Austin y profesor-investigador de Western Oregon University. Entre sus publicaciones se encuentran: Diálogos con Quetzalcóatl: humanismo, etnografía y ciencia (1492-1577) (2014), Open Borders to a Revolution (2013) y La historia de los prejuicios en América: la Conquista (2007).

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