Gustavo De la Rosa

El peligroso silencio de los republicanos

"Los extremistas pueden pensar lo que quieran, pero no pueden promover abiertamente la separación de los seres humanos en razas". Foto: EFE/Archivo

Al responder a los acontecimientos en Charlottesville, el Presidente Donald Trump favoreció una interpretación de la ley que protege las acciones más peligrosas y discriminatorias de la interacción humana.

Cuando insiste en considerar que jurídicamente son iguales los racistas a los que luchan contra la discriminación, el magnate protege legal y políticamente a los supremacistas blancos y les da carta blanca para discriminar y agredir a los afroamericanos, latinos, musulmanes y judíos.

Los extremistas pueden pensar lo que quieran, pero no pueden promover abiertamente la separación de los seres humanos en razas; en este sentido el Artículo 30 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, impulsada por Eleanor Roosvelt en representación de los Estados Unidos, dice:

“Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración.”

Está claro, no se puede usar la libertad de expresión para hacer apología de la discriminación racial y ni de un acto terrorista, como el ataque automovilístico a los manifestantes en donde murió una universitaria.

La Ley de Derechos Civiles de 1964 obliga al Gobierno a aplicar la ley por igual a todos según la 14a enmienda, garantía que deroga cualquier tipo de segregación racial. Esta adición a la Constitución norteamericana fue uno de los triunfos del ejército de Abraham Lincoln.

Por lo tanto, cualquier apología de la segregación o discriminación racial es ilegal, porque promueve la violación de la ley e invita a actos terroristas como el realizado por James Alex Fields Jr. y por eso no pueden compararse como iguales a quienes promueven la violación de la ley, y que la violan en concreto, con aquellos que están manifestándose en defensa de la igualdad.

Esa es la Ley, y los gobernantes están obligados a aplicarla.

A raíz de que Trump igualara a los dos grupos que se manifestaron en Charlottesville, miles de norteamericanos de todos los colores se han levantado contra esa percepción del mundo porque hay toda una tradición de respeto a la ley y el Estado derecho en Estados Unidos.

La totalidad de los congresistas y políticos destacados del partido demócrata, los seguidores de Sanders y miles de ciudadanos más han sido muy claros: Comparar ambos grupos como iguales es promover la discriminación, la segregación racial y la violación de la ley.

Pero sólo 54 republicarnos reconocidos y parlamentarios del partido se han manifestado en el mismo sentido, los demás han guardado silencio. No han repetido los argumentos de Trump pero tampoco se han declarado en contra.

Pese a que su discurso significa volver a los tiempos previos a la Guerra Civil estadounidense, cuando los esclavos y sus descendientes no tenían derechos constitucionales, los republicanos parecen avalarlo con su silencio.

Gustavo De la Rosa

Es director del Despacho Obrero y Derechos Humanos desde 1974 y profesor investigador en educacion, de la UACJ en Ciudad Juárez. Ver más

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