
Muchas veces se dijo que la corrupción en México era sistémica, ahora lo vimos.
Qué largas y profundas son las raíces del robo de combustible, qué mezquina la actitud de los adversarios del Presidente que aprovechan las incomodidades implícitas de la guerra contra la corrupción para azuzar a los ciudadanos contra el Gobierno federal, y qué perversidad la de quienes impulsan a los pobladores con grandes necesidades a poner en riesgo sus vidas por ingresos.
Qué maldad tan insensata la de quien aprovecha la tragedia, la imagen del dolor y la impresionante carrera hacia la muerte para lucrar políticamente; qué imbéciles los que escriben en las redes burlas, sentencias o afirmaciones nacidas de la ocurrencia, y qué poco respeto se guarda por quienes han perdido la vida.
Este no es el México, o la gente, que aprendí a querer y por quien sentí orgullo desde mi infancia.
Los insensatos que actúan sin sentimientos me causan náusea, vergüenza y coraje. A ustedes les digo: estamos frente a una enorme tragedia y un gran esfuerzo para recomponer el país, mírense a sí mismos y por favor sean sensatos y más decentes.
Ante la tragedia primero cordura, después una investigación profunda y objetiva, y finalmente la consabida sanción a los culpables.
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