
Lo peor que le puede suceder a una madre es que desaparezcan a su hija o hijo, porque todos los días al despertar su primer pensamiento será que ese día puede volverlo a ver, y aunque la esperanza le impulse, al terminar la jornada irá a la cama con la frustración y la angustia de que su hijo o hija no regresó y en ese momento revivirá el dolor que sintió aquel primer día que desapareció. La esperanza nunca morirá, aunque le reduzca a rogar, por lo menos, por el cadáver de su hija o hijo.
He visto tan de cerca el dolor de las madres que pierden a sus hijos e hijas, desde aquellos primeros días de la guerra sucia de Echeverría y López Portillo contra los guerrilleros que tomaron las armas después de Tlatelolco, a quienes les borraron sus derechos humanos y sus vidas por decreto presidencial, hasta las víctimas de los feminicidios en la región, que no me atrevo a escribir una palabra más.
Pero tampoco me atrevo a dejar pasar la ocasión para recordar a todos los hombres y mujeres ausentes, a todos los jóvenes que han desaparecido desde los noventa por haberse involucrado con “malas compañías”, a los que se esfumaron durante la toma militar de Juárez o que han sido desaparecido por narcotraficantes. Son cientos, miles, los que son esperados día a día por sus madres angustiadas.
MÁS EN Opinión
Muna D. Buchahin
Alter ego
""El alter ego en palabras simples es esa otra versión de una persona que aparece cuando cambia su en..."
Rubén Martín
Enfrentar al bully imperial que amenaza AL
""La reafirmación imperial de Estados Unidos con el gobierno de Trump no está siendo resistida ni enf..."
Jorge Alberto Gudiño Hernández
IA Universitaria
""Yo no querría que el cardiólogo que me atienda dentro de muchos años hubiera pasado algunas de sus ..."


