Fabrizio Lorusso
Libertad, Patria y Familia Z
"El plan es que la libertad, la patria y la familia se hagan más Z, fluidas y escurridizas, adaptables y manipulables a la postre dentro de un régimen de sentido que apunta a cristalizarse en una alternativa política purificadora y excluyente".

El nuevo lema del PAN, adoptado hace un mes como parte de una estrategia de relanzamiento de esta añeja y navegada formación política, decadente baluarte de las derechas mexicanas, constituye una evocación fascistoide con una pizca de eco libertario “a la Milei” y pretensiones de seducción hacia una imaginada generación Z, burda y metonímicamente identificada con las y los jóvenes del país para fines mercadológico-políticos.
Tanto es así que en carreteras y malls comenzaron a brotar como hongos alucinógenos y otoñales selvas de espectaculares que invitan a las juventudes a enrolarse en el party reacondicionado, con la promesa explícita de un exitoso reclutamiento: volverse pronto candidaturas y conseguir escaños fáciles en alguna legislatura.
El mensaje resulta tanto superficial y engañoso cuanto lo fue la iniciativa de querer crear una Generación Z a partir de un manga y una supuesta reivindicación identitaria, y de lanzarla a marchar mediante bandas de influencers, representando lo anterior una suerte de metamorfosis del marketing, cercano al estilo de los premios y loterías serializadas del Temu.
El plan es que la libertad, la patria y la familia se hagan más Z, fluidas y escurridizas, adaptables y manipulables a la postre dentro de un régimen de sentido que apunta a cristalizarse en una alternativa política purificadora y excluyente.
Y esto debe de ser con base en criterios identitarios, raciales o económicos, en donde desaparecen mágicamente las diferencias de clase y de proyecto nacional, diluidas dentro de etiquetas y colores funcionales al proyecto “ultra” (ultraconservador, ultralibertario, ultratradicional, etc.).
En el lema panista 2025, la Libertad suplanta y, a la vez, solapa al clásico Dios. ¿Será reemplazado el Viva Cristo Rey por el Viva la Libertad Carajo? Lo dudo, pues el primero, más bien, irá mimetizándose un rato y se apoderará del otro para resurgir en algún momento e abanderar principios confesionales dentro del campo de la “batalla cultural”, como lo preconiza el no-muerto movimiento del Yunque.
La Libertad viene ahora sobreentendida como mano suelta, para nada invisible, a favor del gran capital y de empresarios fraudulentos (por suerte, la gran minoría del total) y se restringe, en realidad, a la libertad de mercado, a la necesidad de unos cuantos rentistas de hacer negocios sin trabas, sin impuestos y sin regulación de parte del Estado-demonio, redistribuidor corrupto de méritos inmerecidos, según estos detractores de lo público y lo social.
Pero, aun después de su eliminación textual, Dios está y en este contexto se identifica límpidamente con el mercado, siendo el Estado su contraparte satánica y “gobiernícola”, para citar la colorida y refrita expresión del “tío Richie”, mentor supremo, pero no único, de estas y otras patrañas.
Frente al rechazo visceral de buena parte de la población hacia los conatos fallidos, por lo pronto, de partidos no-nacidos como México Republicano y Viva México, hay que seguir observando los pasos, evoluciones e involuciones, de los resquicios de la “Marea Rosa”, el INE y el PRD, alias Somos México, y del propio Acción Nacional en su debacle.
Al parecer, cierta fascistización del discurso y de la praxis, ahora abiertamente violenta dentro de ciertas franjas de la “familia Z”, se va haciendo patente en su devenir, ante el vacío ideológico y de trabajo político a pie de calle.
La Familia y la Patria, aliadas de la Libertad privatizada y el Mercado endiosado, resultan, entonces, vaciadas de contenidos reales, concretos, y de los anhelos e ideales de una comunidad política solidaria, de la justicia social, de la libertad democrática y la igualdad sustantiva, que en algún momento pudieron proyectar.
El peligro de derivas autoritarias o de una violencia política endémica, propiciada paramilitarmente por grupos poderosos y “ultras”, es realista, considerando incluso la historia reciente, en este siglo XXI, de otros experimentos progresistas y de izquierda en Latinoamérica que, debido a factores externos, pero también (¿o sobre todo?) a sus propias fallas, involuciones, malas prácticas y contradicciones, tuvieron que, u optaron por recular, dividirse, y hasta tornarse “conformistas”. Y esto lleva inevitablemente al transformismo y al fracaso.
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