Jorge Alberto Gudiño Hernández

IA Universitaria

15/02/2026 - 12:01 am

"Yo no querría que el cardiólogo que me atienda dentro de muchos años hubiera pasado algunas de sus materias gracias a la IA".

IA Universitaria
Universitarios toman clases en un aula. Foto: UNAM vía Cuartoscuro.

“La verdad es que yo no abría acabado la prepa sin ChatGPT”. La frase llegó en medio de una clase en la que discutíamos sobre plagio y que derivó a asuntos de inteligencia artificial.

A diferencia de otras ocasiones en las que mis alumnos habían confesado algo similar, ahora no se ocultaba con vergüenza, sino que había cierto orgullo en ello. Tan es así que no sólo varios de sus compañeros confesaron hacer lo mismo, sino que hasta hablaron de costos por el uso de la herramienta en su versión original.

Yo intentaba conducir la discusión hacia el entendimiento de que algo no estaba funcionando bien. Me reviraron con otra frase lapidaria: “yo leí que somos la primera generación con el IQ más bajo que la de nuestros papás”. El estudio lo conozco y, cuando menos, me parece grave. No a mi alumna, que se ufanaba un poco de ella (no sé si por haber citado la frase o por enorgullecerse de la inteligencia de sus padres).

Confesaron métodos y compartieron experiencias. No siempre se limitaban a pedir un texto y a presentarlo impreso. A veces, “hasta lo leían antes de entregarlo”. No siempre, pues, en ocasiones, se enteraban de la tarea minutos antes del inicio de la clase y debían escribir un prompt efectivo en poco tiempo. La ventaja de las versiones de cobro es que, en éstas, se puede ir guardando un historial de forma que la IA escribe cada vez más parecido a ellos.

“En serio, profe, sin Chat no habría acabado la prepa”.

La frase se repitió con toda su contundencia. La respuesta lógica es que entonces no debió haber acabado la prepa. Se lo dije y sonrió con una mueca. También les comenté algo en lo que insisto mucho. Yo no querría que el cardiólogo que me atienda dentro de muchos años hubiera pasado algunas de sus materias gracias a la IA. Las muecas continuaban.

No sé si logré generar algo de conciencia en mis alumnos. Sé que, de haberlo hecho, a falta de refuerzos constantes, ésta se disipará. 

El siglo pasado, cuando me titulé como ingeniero en cibernética, escribí una tesis con un título demasiado rimbombante: “La computadora como detonante de un periodo de neoscurantismo en la historia de la humanidad”. Más allá de las críticas al título y al contenido que, sin duda, abordé de forma muy superficial (ahora lo sé), lo cierto es que era una preocupación que ya existía hace una treintena de años. Y yo no era un avanzado, nunca se me han dado las predicciones ni nada de eso: mi tesis tiene amplia bibliografía. Tampoco había IA, al menos no como ahora.

Alguna vez escribí en este mismo espacio que un profesor universitario, cansado de recibir trabajos malos utiliza la IA para calificarlos. De esta forma, cuando el catedrático pide algo escrito, los alumnos no lo escriben y él no lo lee. Eso sí, se asignan calificaciones que, a la larga, validarán la competencia profesional de esos chicos a través de un título universitario.

Algo, sin duda, no se está haciendo bien. Y no sólo debemos averiguar pronto el qué, sino diseñar estrategias claras para revertir el proceso. De lo contrario, al menos en el mundo académico, las instituciones también estarán en su ocaso.

Jorge Alberto Gudiño Hernández

Jorge Alberto Gudiño Hernández es escritor. Recientemente ha publicado la serie policiaca del excomandante Zuzunaga: “Tus dos muertos”, “Siete son tus razones” y “La velocidad de tu sombra”. Estas nov... Ver más

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