Un ser humano fuera de serie que estuvo siempre atento a los grandes temas nacionales, pero extraordinariamente sensible a los que menos tienen, a los que lo convirtieron en la voz de los sin voz, con una ternura infinita. No sé si Miguel Ángel era creyente, pero estoy convencido de que ahora descansa en el cielo, o si no en el Olimpo de los más grandes, con el mismísimo don Belisario Domínguez, Francisco Zarco, Manuel Buendía, Renato Leduc y algunos otros.
Por Ricardo Rocha
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