Dicen que la justicia es "ciega" o al menos así debería ser, tal cual, así como se muestra simbólicamente la Dama de la Justicia, vendada de ojos y equilibrando la balanza de la verdad, como una personificación alegórica de la fuerza moral en los sistemas judiciales. Lo anterior significa que la “buena justicia” no distingue entre las personas, se aplica en forma equitativa y con el mismo rasero mide a todos los ciudadanos –teóricamente hablando–.
Pero en otro sentido –aunque en la misma línea de la justicia–, la ceguera no es conveniente para una buena procuración de justicia, ya que lo oculto propicia lo malévolo, lo corrupto, y lo impune.
En los últimos tiempos, gracias a las redes sociales, se han ventilado casos de todos los tipos, colores y sabores, en donde se muestran desde el abuso de autoridad con patéticos ejemplos de “ladies” senadoras, diputadas, hijas de servidores públicos, mandos policiacos, o bien, “juniors” que amenazan, se jactan, agreden y humillan. Todos los anteriores captados por la cámara de algún curioso ciudadano, que después “colgó” –para desdicha de los protagonistas– el material en YouTube, Facebook o Twitter, para de esta manera comenzar la viral polémica.
Así también, hemos comprobado recientemente los casos de humillación hacia las poblaciones más vulnerables como los indígenas, y cito un caso conocido por todos, el de “Manuelito”, niño tzotzil humillado por autoridades de Tabasco, cuando lo “obligaron” a tirar la mercancía –dulces y chicles– que vendía en la vía pública para poder comprarse zapatos para ir a la escuela en Chiapas. A ese respecto, reaparece el Subcomandante Marcos desde algún lugar de Chiapas con su comunicado-columna, Un Escarabajo En La Red (Durito Versión Freeware), afirmando que: “son los hashtags y trending topics los que ahora ayudan a ‘desnudar’ a los gobernantes”; y continúa acertadamente diciendo que: “Sabiéndose expuesto, el Poder sólo alcanza a balbucear incoherencias y, por supuesto, a criminalizar a sus descubridores. ¿Que tal o cual gobernante o funcionari@ lleva con patético porte su síndrome de “usted-no-sabe-con-quién-se-mete”? ¡Zás!, ahí tiene su zape cibernético y que todos lo vean-escuchen-difundan. Y, claro, la consecuente respuesta jurídico-policíaca de los políticos: arresto de tuiteros; iniciativa de ley para controlar las redes sociales […]”.
Pero también somos testigos de que la presión mediática los acorrala, de tal manera que vemos ejemplares reacciones por parte de ellos ante este tipo de abusos. A “Manuelito”, por ejemplo, le dieron disculpas públicas, le prometieron ayuda psicológica, beca para sus estudios, condenaron, despidieron y detuvieron a sus agresores, la Primera Dama giró instrucciones especiales para que se atendiera el caso, y hasta se rumora, un monumento de Tabasco llevará su nombre. ¡Anda!, no es para menos. Ante los reflectores las autoridades parecen tan sensibles.
A través de las redes sociales, hemos visto también los casos indignantes del maltrato ejercido contra los animales no humanos. De esta manera conocimos al “mata gatos”, “mata perros” y demás manifestaciones aberrantes y patológicas de violencia ejercida contra otras formas de vida. De no ser por las redes sociales, probablemente estos hechos se hubieran mantenido en el anonimato, lo que es caldo de cultivo para la impunidad.
Las redes sociales y su capacidad de magnificar el impacto de una noticia se han convertido en un arma de la sociedad para defenderse del abuso de algunas autoridades. La exposición del mal actuar –en ocasiones ridículo– de los funcionarios, es castigado “fuertemente” por los dirigentes de sus partidos y/o gobiernos, ya que estos tienen que salir a limpiar la mancha que su adherente embarró –por decir lo menos–, y no lo pueden hacer de otro modo, sino es con el castigo ejemplar.
Como lo dije antes, lo oculto propicia lo malévolo, lo corrupto, y lo impune, entonces imaginemos todos esos casos que hasta el día de hoy se mantienen ocultos, los miles de “Manuelitos” “ladies”, “juniors” y animales, que siguen por allí siendo víctimas de humillación, haciendo de las suyas o sufriendo el maltrato físico. O peor aún, los cientos de miles de casos en los ministerios públicos y juzgados, en donde se comenten los más viles atropellos a los derechos humanos y pocos se enteran, pocos hace algo y pocos se salvan. Pero cuando alguien filma un caso, lo hacen documental y hasta al cine llega, entonces sí, vemos como las cosas terminan bien, o más o menos bien.
A ese respecto, esperamos que para 2016 ya funcione de manera exitosa en todo el país, el nuevo Sistema de Justicia Acusatorio o Adversarial, decretado en la reforma constitucional publicada el 18 de junio del 2008, y cuyos principios rectores serán: la publicidad, contradicción, concentración, continuidad e inmediación, es decir, como lo indica el artículo 20 constitucional reformado, “el proceso penal será acusatorio y oral”.
En contexto con esta columna, resalto el principio de “publicidad”, que de acuerdo con varios doctrinarios jurisconsultos, consiste en la permisividad que debe darse al público para conocer cómo se desarrollan los hechos procesales y jurisdiccionales, garantizar la transparencia en dichos actos al dar acceso a ellos no sólo a las partes, sino también a los medios de comunicación y a la comunidad. Es decir, los juicios serán videograbados, y usted y yo podremos consultarlos, o bueno, “colgarlos” en Facebook si así lo prefiere.
Lo anterior es un factor clave, ya que en combinación con la nueva herramienta de protesta social, las redes sociales, se avecinan interesantes tiempos de implementación de justicia. Hoy más que nunca tendremos “todas las miradas sobre la justicia” (literal).
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