El Oasis de la Insignificancia

Óscar de la Borbolla

Oda al silencio

28/01/2026 - 12:04 am

"Hay dos contextos en los que para mí el silencio es particularmente elocuente: en la comunión del amor y en la solidaridad ante la muerte".

Ahora que el vocabulario es tan escaso, que el interlocutor interpreta lo poco que logra captar de la peor manera y que cualquier sentido figurado se toma de un modo literal… ahora que hay en las personas un gusto enfermo por sentirse ofendidas, por encontrar en todo la justificación para la agresión y el insulto, parece necesario recurrir al silencio para pasear sin demasiados riesgos por el mundo. ¿Qué más podría hacerse hoy que se ha perdido el sentido del humor y que el deseo de entender, de comprender de veras se ha vuelto tan escaso?

Sin embargo, el silencio nunca es mudo, siempre dice algo, y en muchas ocasiones dice más que las palabras: dice de quien calla y de lo que está ocurriendo. Hay dos contextos en los que para mí el silencio es particularmente elocuente: en la comunión del amor, en el arco más alto de la cópula, y en la solidaridad ante la muerte. Todas las frases hechas con las que se busca consolar a un deudo son soeces: esos manoseados pésames en que con cara compungida uno dice "lo siento" suenan huecos, falsos; son un ruidoso acto de presencia con el que torpemente uno quiere dejar constancia de haber estado ahí; pero ese ahí, que es la falta que experimenta el deudo, no hay modo de llenarlo y menos con convencionalismos verbales. Un abrazo, un apretón de manos en silencio son un acompañar más íntimo y más reconfortante.

Y de igual modo, hay momentos en el amor, en la comunión con el cuerpo del otro, en los que hablar rompe el encanto, interpone una distancia, distrae. El habla siempre supone que hay dos: dos aislados que se vinculan gracias a las palabras; en el silencio amoroso, en cambio, hay uno solamente, un amasijo en el que el otro deja de ser otro y forma parte de uno, y en el que uno, formado por el otro, ya no se sabe solo. En el amor y ante la muerte, qué enorme cantidad de cosas no equívocas dice el silencio.

Y, además, existen quizá tantos silencios como palabras: hay un silencio cuya acepción evidente es "cobardía", otro, significa "complicidad", otro más, "fastidio"; un silencio equivale a "sí" y otro a "no": es innegable que hay innumerables silencios. De hecho, usándolos en el momento oportuno podría decirse cualquier cosa en silencio.

También hay ocasiones en las que simplemente ya no hay más qué decir, en las que todos los ángulos de un conflicto han sido dichos y redichos, e insistir con palabras sólo le resta énfasis a lo dicho: es cuando el silencio se vuelve la última palabra. En esos casos, el silencio alcanza un poder significativo extraordinario. Es la forma de decir calladamente "ya no hay más" o "ya no puedo más". Esos silencios hablan del fin total, de la derrota, de la completa imposibilidad; pero también del doloroso fracaso del habla y por eso, a veces, esos silencios definitivos consiguen reunir las orillas, reconciliarlas y, misteriosamente, logran lo que no pudieron todos los discursos, lo que las palabras habrían seguido separando.

Yo que tanto he creído en el poder del habla, en su virtud comunicativa, en lo enriquecedor de las conversaciones, hoy pienso que sólo se puede comunicar al otro lo que el otra ya sabe o ya entiende. Y que es inútil hablar, explicar a alguien lo que no ha pensado por sí mismo. Cuando un discurso es verdaderamente nuevo, cuando dice lo inaudito pasa de largo y no es comprendido sino hasta que la sociedad donde resuena ya lo sabe de alguna manera, ya tiene el oído preparado. Hoy, entre la generalizada susceptibilidad que es sorda para todo lo distinto, y la polarización que sólo permite escuchar lo que el propio coro repite, algo tienen las palabras de altaneras o de absurdas. Quizás el silencio consiga el anhelado puente. Hoy, aquí, decido dejar corta esta columna y dar paso al silencio. Tal vez así…

Twitter @oscardelaborbol

Óscar de la Borbolla

Escritor y filósofo, es originario de la Ciudad de México, aunque, como dijo el poeta Fargue: ha soñado tanto, ha soñado tanto que ya no es de aquí. Entre sus libros destacan: Las vocales malditas, Fi... Ver más

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