Daniela Barragán

No vuelvan a señalarnos

07/02/2026 - 12:05 am

"Pero lo visto en los últimos días debe marcar precedente, las mujeres no podemos dejarlo pasar. No nos pueden volver a señalar".

Las luchas de las mujeres por la conquista de sus derechos ha sido, históricamente, juzgada por todos los sectores de la sociedad: hombres y mujeres, ricos y pobres.

La conquista por el derecho al voto combatió la idea de que una mujer no podía tomar decisiones por sí misma; la lucha por el acceso a la educación convenció a la sociedad que las mujeres podían estudiar lo que quisieran y no únicamente cuestiones relacionadas con el trabajo de cuidados o mantenimiento del hogar; la lucha por acceder a créditos fiscales tuvo que demostrar que las mujeres no necesitaban estar casadas para poder comprar una casa o hacerse de un patrimonio.

Esos son sólo tres ejemplos de una larga lista de derechos conquistados en la que hay muchos otros que todavía faltan para lograr alcanzar una igualdad sustantiva.

Pongo aparte otra lucha, una que es la más básica pero en la que mantiene un debate el sector político, que no se deslinda del religioso, que es el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. El derecho a interrumpir un embarazo no deseado.

A las mujeres, a las feministas, se les ha señalado de lo peor. Se les ha gritado y calificado como asesinas, hienas, malas mujeres.

Se les ha condicionado ese derecho bajo el argumento de que sólo pueden interrumpir un embarazo si fue producto de una violación pero si fue mediante una relación sexual consensuada, en la que quizás falló el método anticonceptivo, está prohibido el aborto porque implicó un disfrute sexual, algo que también debe ser castigado. Sobra decir que para las mujeres el margen de error no es amplio. Nunca lo ha sido.

Mientras leía los diferentes hallazgos de los archivos de Jeffrey Epstein pensé en el silencio de todos esos políticos, religiosos y partidarios de la ultraderecha que han inundado las calles del mundo, incluido México, en contra de que las mujeres tengan autonomía para decidir si quieren ser madres o no.

El caso Epstein revela toda una red de tráfico y abuso sexual de menores de edad. En los correos recién publicados quedan expuestos casos que van desde abuso de menores hasta actos de tortura.

¿Dónde está la condena de la Iglesia?

¿Dónde están los gritos de los defensores de la familia tradicional?

¿Dónde están los que se rasgan las vestiduras gritando “¡con los niños no!”?

Ha pasado más de una semana y no hemos visto movilizaciones o las protestas de los que se alarman cuando una menor de edad quiere interrumpir un embarazo provocado por la violación sexual de un familiar.

No hemos visto la rabia de los que se asumen defensores de la niñez que brota al segundo cuando una feminista habla del derecho al aborto en Internet.

¿Qué pasa?

¿Acaso es que los reclamos, el enojo, el maltrato y el desprecio son sólo para las mujeres que buscan ejercer la autonomía sobre su cuerpo y desprenderse de un conjunto de células que aún no desarrollan conciencia?

Los hombres, los poderosos, los abusadores, los pederastas, ¿tienen el permiso social para abusar de niños y niñas con plena conciencia?

La evidencia nos orilla a pensar que esa es la vara vergonzosa con la que miden a todas las mujeres que portan un pañuelo verde en las calles o las que en silencio toman la decisión de no seguir con un embarazo. Es un acto de hipocresía gigantesco.

Por eso este caso debe marcar un antes y un después. Esta sociedad no debería atreverse ni una vez más a señalar a esas mujeres.

Señálenlos a ellos. Grítenle a ellos. Ellos son las hienas, los depredadores de infancias.

Los grupos de ultraderecha están callados frente a lo aborrecible. Y el silencio, en este como en muchos otros casos, los convierte en cómplices.

Durante años, en muchos sitios, muchas mujeres han guardado silencio sobre este tema que la sociedad considera “polémico”, “duro”. Más de una duda siempre si tocar el tema o no para “no incomodar”.

Pero lo visto en los últimos días debe marcar precedente, las mujeres no podemos dejarlo pasar. No nos pueden volver a señalar. Una mujer que aborta no es un peligro. Un Presidente ligado a una red de pedófilos sí lo es. Más si ese Presidente gobierna un país que permanentemente busca invadir otras naciones. Si son un peligro todos los dueños de grandes corporativos que gozan de total impunidad a pesar de lo horrible de sus actos.

Pero además, más allá de Trump y de todos los poderosos, es urgente arrebatar a la derecha los discursos de la supuesta defensa de la familia y de las infancias. Quienes llevan una semana callados sobre el caso Epstein no deben tener siquiera más espacios para validarse como activistas de la dignidad humana.

Si bien el término de “familia” se ha ligado al conservadurismo, es un planteamiento que los diversos grupos en lucha y resistencia, desde la izquierda, deben recuperar. Perderle el miedo y añadir la defensa de la autonomía, la libre determinación, la búsqueda de la igualdad.

La derecha puede perder fácilmente esa bandera. Ya no debe tenerla más. Este silencio brutal debe tener un alto costo para ellos.

Daniela Barragán

Es periodista por la UNAM, con especialidad en política por la Carlos Septién. Los últimos años los ha dedicado al periodismo de datos, con énfasis en temas de pobreza, desigualdad, transparencia y gé... Ver más

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