“¿La posibilidad de ver a Obrador y Trump con guante y bate en un rombo se perdió? No, se reforzó…” Foto: Presidencia

Ahora que han pasado algunas semanas de la visita de Andrés Manuel López Obrador a Washington y las reacciones en favor y contra se han apaciguado, es oportuno analizar algunos aspectos del encuentro, en particular el trasfondo del bate de beisbol regalado a Donald Trump. Para empezar, en cuanto se iniciaron las negociaciones para que el Presidente López Obrador visitara Washington, el Gobierno de México y, en especial, la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) volcaron sus esfuerzos y herramientas diplomáticos para lograr que el encuentro bilateral estuviera blindado contra actos o expresiones del Presidente Trump que pudieran agredir a nuestro país y/o a los connacionales en Estados Unidos (EUA) y dejar en una posición desfavorable a Obrador. No cabe duda de que el Gobierno de México ya tenía esas garantías en el momento en que el mandatario nacional informó que en algún momento de julio sostendría dicho encuentro. De lo contrario me atrevo a afirmar que no hubiera aceptado la invitación y menos la hubiera anunciado ante los medios.

Las tareas para arreglar el primer viaje del Presidente mexicano al extranjero fueron dirigidas por la Subsecretaría y Dirección General de América del Norte. No obstante, prácticamente todas las áreas de cancillería se volcaron en idear estrategias para cuidar la posición de Obrador, incluso las que no estaban inmiscuidas directamente en la organización de la visita. En este sentido, la asesoría en materia de diplomacia deportiva propuso utilizar al beisbol para distender el encuentro y alejar a los presidentes de la dinámica de preguntas y respuestas. Las ventajas eran muchas, como sabemos, este deporte es del gusto del mandatario mexicano y también es del agrado de Trump.

Por otra parte, la diplomacia deportiva es una herramienta muy usada por EUA, desde la Diplomacia del Ping-pong con China, hasta múltiples manifestaciones de ese tipo con Cuba, justo en momentos de mejoramiento de relaciones. Por ejemplo, en 1999, los Orioles de Baltimore se midieron a la selección cubana, en suelo isleño, como un gesto de la Unión Americana por mejorar relaciones. En este sentido, a la Casa Blanca no le disgustaría exhibir el poderío del “rey de los deportes” y recibir en el estadio del último campeón de la Liga Mayor de Beisbol, The Nationals, a los presidentes de México y EUA. La idea era que ambos mandatarios pelotearan, quizá Obrador conectara un home run frente a cámaras y reporteros, quienes no harían entrevistas, si acaso formaran parte de una dinámica relajada y de buen ambiente. Lo anterior para evitar una conferencia de prensa en la que Trump y su homólogo respondieran preguntas, algunas de ellas incomodas, como quizá el muro, los inmigrantes mexicanos, DACA, etc.

Cuando la propuesta llegó al canciller, Marcelo Ebrard, el equipo que directamente negociaba la visita ya había logrado en el mismo objetivo que diplomacia deportiva: cuidar al Presidente mexicano y que Trump no se saliera del tema del T-MEC. La posición mexicana de que no hubiera conferencia de prensa, sólo se leyeran discursos y que en éstos no se tocaran los temas sensibles se impuso. Los controles ya estaban acordados y, como una de las condiciones fue una visita corta, no era necesario ni oportuno una exposición beisbolera bilateral. Sin embargo, el propio López Obrador decidió incorporar a dicho deporte en el encuentro. En estas visitas, una parte del protocolo es intercambiar presentes que reflejen la cordialidad de la reunión y la relación entre países, de tal forma, Obrador pidió entregar un bate especial a Trump, para que, a su vez, el gesto fuera devuelto. Efectivamente, el intercambio de regalos y charla amena sobre “la pelota caliente” estrechó aún más los ánimos entre los presidentes y abonó a la confianza mutua, reflejada minutos después en las palabras que ambos dirigieron a los medios en el Jardín de las Rosas. ¿La posibilidad de ver a Obrador y Trump con guante y bate en un rombo se perdió? No, se reforzó para una próxima reunión entre ambos, configurándose la diplomacia del beisbol como un conducto de entendimiento entre los mandatarios, la cual puede ser un sello de la política exterior de Obrador y Ebrard debido a que no sólo ellos tienen en mente ese deporte como un medio de entendimiento y cooperación con el exterior.

Por ejemplo, el equipo Pericos de Puebla y la organización estadunidense Fuerza Migrante, antes de la pandemia, iniciaron clínicas o campamentos para atraer talento mexicano migrante al equipo poblano, desarrollando estas actividades en Nueva York y Chicago. Además de esta actividad, el proyecto busca complementarse con elementos de difusión cultural y en la realización de otros deportes. De tal forma, ya existen iniciativas de diversos actores para utilizar ese deporte para estrechar la relación de México con su diáspora en EUA. Esta iniciativa se podría fortalecer con el programa Detección de Talento de Probeis, ampliando su rango de visorias a la Unión Americana y llevando actividades deportivas y de activación física a los connacionales, como el que se desarrolla en otro de sus programas, Baseball 5. Quizás Escuelas Regionales sea el programa insignia de esa organización de reciente creación, en ellas los jóvenes se educarán de tiempo completo y de manera integral para formar beisbolistas mexicanos de élite. En últimos días se inauguró la primera de ellas en Texcoco. ¿sería descabellado que entrenadores y visores de EUA y Japón vinieran a esas escuelas? ¿Este modelo de escuela se podría replicar en El Caribe y Centroamérica como un modelo de cooperación internacional para el desarrollo de México?

En suma, esta pausa obligatoria por el COVID-19 podría servir para que una entidad pública articulara los esfuerzos y potencialidades de los actores e instancias señaladas para construir una estrategia fuerte de diplomacia de beisbol. Los factores e intereses parecen estar puestos y alineados.