“Más allá de procesos penales, pruebas y sentencias, en política, las facturas suelen cobrarse caras. Y es innegable que Robles está pagando sus propias facturas”. Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro

+ Meade, involucrado en el caso

+ Peña, difícil que se le vincule

Rosario Robles durmió anoche en la cárcel, enfundada en el uniforme beige de las reclusas cuyo proceso penal ha iniciado. Lejanos quedan sus días de poder político, dinero manifiesto y soberbia personal. “Traigo las faldas bien puestas…”, había dicho horas antes de ser detenida. De poco le sirvió. Hoy está vinculada a proceso por dos cargos por ejercicio indebido en el servicio público, tanto en la Sedesol como en la Sedatu.

“No te preocupes, Rosario… Tú aguanta”, fue la célebre frase de su ex jefe – que no amigo, porque en política no hay amigos-, Enrique Peña Nieto, cuando el PAN acusó en abril del 2013 a la entonces Secretaria de Desarrollo Social de utilizar recursos públicos con fines electorales en Veracruz. Esa frase encerraba alta dosis de impunidad y cinismo y detonó – hoy vale la pena recordarlo-, que Acción Nacional, hasta entonces aliado de Peña en el “Pacto por México”, rompiera lanzas con el peñismo, en un error de cálculo grave para EPN que perdía, así, a uno de sus aliados políticos claves.

Seis años después y a la luz de los hechos, hoy es válido decirle a la interna Robles Berlanga en el penal de Santa Martha Acatitla:

Rosario… ¡Ahora sí preocúpate!

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Rosario Robles es una mujer hábil y astuta. Militante de la izquierda mexicana. Consentida de Cuauhtémoc Cárdenas, a quien relevó en la Jefatura de Gobierno capitalina. Hasta ahora, había sabido sortear las dificultades políticas que se le habían presentado, desde aquellos días tormentosos ligada sentimentalmente al empresario Carlos Ahumada, contratista del Gobierno capitalino y que saltó a la fama en 2004 cuando se hicieron públicos los videos donde entregaba maletas de dinero a René Bejarano y a Carlos Imaz, entre otros cercanos al Gobierno de Andrés Manuel López Obrador en el entonces Distrito Federal. Robles fue acusada por Ahumada de haber participado en la filtración de esos videos. Inclusive, detalló que había acudido a la casa del ex Presidente Carlos Salinas para ese propósito. AMLO guardó esa factura.

Robles disfrutaba con el poder. “Estaba obsesionada con ser Presidenta”, asegura Ahumada en su libro Derecho de Réplica (El Universal – Carolina García- 30/Julio/2019). El propio Salinas le colocó la banda presidencial a Rosario en una de las reuniones que sostuvieron.

Sus conexiones con el priismo le valieron para llegar a Peña Nieto, quien la nombró titular en la Sedesol al arranque de su Gobierno. Empoderada, gozaba de la protección presidencial sin restricciones ni pudores. Su carrera brillaba al amparo del priismo más nocivo y corrupto: el mexiquense. Hasta que comenzaron a revelarse las desviaciones financieras a través de la llamada “Estafa Maestra” y el nombre de Rosario Robles brincó, junto con su operador principal, Emilio Zebadúa.

Desde que Robles se presentó ante el Ministerio Público, su abogado, Julio Hernández, aseguró que contaba con pruebas de que como funcionaria, había avisado a José Antonio Meade (su relevo en Desarrollo Social en 2015) de que había “pendientes” por solventar en la Auditoría Superior de la Federación, y que ello quedó constatado en la entrega/recepción de la Sedesol. Meade tendrá que responder a esta acusación y seguramente lo veremos en los juzgados intentando limpiar su nombre.

El juez consideró que “era evidente que José Antonio Meade sabía de los hechos, pero que no informó a Peña Nieto. Se le puede imputar esa omisión. Ese dato de prueba es una joya y no lo trajeron aquí por casualidad”. Esa prueba deberá ser entregada a más tardar el viernes 16 de agosto. (SinEmbargoMx – Daniela Barragán-13/Agosto/2019).

Tras la aprehensión de Robles, millones se preguntan: ¿El ex Presidente Peña Nieto será procesado por estos delitos?

De entrada, la Fiscalía desestimó la prueba de que Robles informó de irregularidades financieras a Peña Nieto y precisó que se requería de un oficio firmado o sellado dirigido al entonces Presidente. Aunque el Juez la retomó más tarde, advirtió que para hacerse válida tenía que haberse presentado por escrito y que no valía el haberlo informado en una gira o mediante línea telefónica.

“Ni Meade ni Peña Nieto están vinculados al proceso”, aseguró el abogado Julio Hernández.

El hecho, es que Robles está, de momento, en prisión, bajo medidas cautelares. Al menos dos meses será parte de la comunidad presidiaria de Santa Martha, mezclada con asesinas y secuestradoras, mientras se desarrolla su proceso legal y se confirma su culpabilidad o se le decreta la libertad. De ser culpable, podría pasar hasta diez años en prisión. Del poder político a la cárcel vergonzante.

“Rosario Robles es víctima de una persecución. Se violó la presunción de inocencia. Estamos ante un Tribunal de Estado. La justicia mexicana está de luto. Es presa política…”, asegura su abogado. Ya veremos qué dice el Juez del caso.

Por lo pronto, Rosario Robles seguirá durmiendo en prisión.

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Más allá de procesos penales, pruebas y sentencias, en política, las facturas suelen cobrarse caras. Y es innegable que Robles está pagando sus propias facturas.

¿Cuales? El haber participado en la campaña negra contra AMLO en 2006, con la difusión previa de los llamados video-escándalos. Su cercanía con Salinas de Gortari, el enemigo histórico de López Obrador. Su vinculación política con Peña Nieto, quien por seis años la protegió y consintió.

Y sí: la llegada de AMLO a la Presidencia, fue la peor noticia que Rosario Robles pudo haber recibido en su vida. Sabía que se le vendrían días negros. Habría que responder a presuntos desvíos financieros. Habría que pagar facturas políticas. Habría que enfrentar las acusaciones.

Hoy por hoy, Rosario Robles sabe también que en política no hay amigos. Tan sólo intereses.

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