“La pesca artesanal es una actividad en la que se presentan altos riesgos, debido a la fragilidad de las embarcaciones utilizadas…”. Foto: Elizabeth Ruiz

En las comunidades pesqueras (como en muchos otros contextos), el trabajo se considera inherente a los hombres, esto es debido a imperativos físicos, ligados al sexo biológico que provienen de una tradición histórica.

Este escrito se basa en una investigación de Pérez y Canizales (2014), en ella se explora si la presencia de esas actitudes y otras similares, en las rutinas de los pescadores, además de considerarse inherentes al logro de una mayor productividad, son también elementos que propician un cuidado no sustentable de los recursos pesqueros. Esta falta de cuidado podría construirse a partir de lo que Kaufman llama la tríada de la violencia masculina, la cual se manifiesta en el ejercicio de la violencia de hombres hacia mujeres, de hombres hacia sí mismos y de hombres hacia otros hombres. En un intento por ampliar este concepto, las concepciones y conductas de los pescadores contrarias al aprovechamiento sustentable de los recursos pesqueros podrían interpretarse como una forma de abuso y de violencia también hacia el medio ambiente y sus recursos en detrimento del mejor aprovechamiento de estos por parte de las generaciones venideras.

Los recursos pesqueros muestran signos de vulnerabilidad que se expresa en el estancamiento o descenso de los montos capturados tanto a nivel mundial, nacional, regional o local. Opiniones expresadas en documentos oficiales muestran preocupación por acciones de pesca irresponsable que estarían poniendo en riesgo la sustentabilidad de estos recursos.

Estas características se reproducen en Bahía Kino, Hermosillo, Sonora, a pesar de que esta comunidad está ubicada en las costas de un cuerpo de agua tan biodiverso y rico en nutrientes como lo es el Golfo de California. Una estructura oligopólica, es decir, de concentración de la propiedad, aunada a un clima y tradición de corrupción sientan las bases para un manejo desordenado de las especies marinas, lo cual además se manifiesta en niveles de pobreza de los pescadores y sus familias.

La pesca artesanal es una actividad en la que se presentan altos riesgos, debido a la fragilidad de las embarcaciones utilizadas, lo cual además sirve como justificación para la exclusión de las mujeres en las labores de alta mar, quedando reservada a hombres.

Estas condiciones estructurales en que se lleva a cabo la pesca artesanal, se refuerzan y son perpetuadas por concepciones de masculinidad que en el plano subjetivo y de representaciones impide que los pescadores tomen iniciativas para romper el círculo de la pobreza y la ausencia de sustentabilidad ambiental. La presión que deriva de la obligatoriedad social de cumplir con el rol de proveedores, orilla a los pescadores a conductas de pesca no responsables, justificando la no observancia de la normatividad ambiental en una supuesta simulación por parte de los investigadores de cuyo trabajo emanan esas normas. Actitudes de negligencia y conformismo emanan de la necesidad de demostrar ser hombre y no caer en actitudes que muestren debilidad o cualquier rasgo considerado femenino,  reprimiendo sentimiento para reafirmar su posición masculina, definiéndose como alguien sin miedo o dolor, de actitud heroica, dando poca importancia a las consecuencias.

Un desarrollo también será sustentable cuando ampliemos las sinergias entre las dimensiones ambiental, social y económica.

 

Por si te interesa:

  • Kauffman M. (1993) Hombres placer, poder y cambio. República Dominicana: Centro de Investigación Para la Acción Femenina (CIPAF).
  • Pérez y Canizales, (2014). “Alternativas de sustentabilidad para la pesca artesanal en Sonora”