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Álvaro Delgado Gómez

24/05/2022 - 12:05 am

Alito, un hombre llamado fracaso

“Después de haber perdido ocho gubernaturas el año pasado y ante la inminente derrota en otras dos en las elecciones del 5 de junio, Oaxaca e Hidalgo, sólo le quedarían al PRI los gobiernos del Estado de México y Coahuila, los dos únicos enclaves donde no ha habido alternancia en casi un siglo (…)”.

Alejandro Moreno Cárdenas alias “Alito” llegó a la presidencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI), en agosto de 2019, con una hinchada autoestima para vencer a Morena –“nació ayer, gobierna hoy y mañana se irá”– y hasta para ser el candidato presidencial de la coalición de Claudio X. González, pero tantas derrotas han despedazado sus planes y su futuro está más cerca de la cárcel que de la gloria.

Envuelto en escándalos sin fin, como los audios en los que involucra en el trasiego de dinero sucio al consultor Antonio Sola y al magnate Alejandro Ramírez Magaña, expresidente del Consejo Mexicano de Negocios, así como expedientes iniciados en Campeche, Moreno Cárdenas es ya un dirigente incómodo para sus aliados de PAN y PRD, pero sobre todo para sectores del PRI que, a la sorda, traman su relevo.

Después de haber perdido ocho gubernaturas el año pasado y ante la inminente derrota en otras dos en las elecciones del 5 de junio, Oaxaca e Hidalgo, sólo le quedarían al PRI los gobiernos del Estado de México y Coahuila, los dos únicos enclaves donde no ha habido alternancia en casi un siglo y donde habrá elecciones en 2023, un mes antes de que el también Diputado federal concluya su periodo como dirigente nacional.

Es decir, si en el Estado de México es seguro que le cederá la candidatura a su socios del PAN –en la figura de exalcalde Enrique Vargas del Villar– y en Coahuila sigue la sostenida caída del PRI, sobre todo si el Diputado Jericó Abramo emigra al partido Movimiento Ciudadano, Moreno Cárdenas entregaría la presidencia sin una sola gubernatura y, sin ningún poder territorial, se convertiría –lo es ya– en el sepulturero de su partido.

Pero no sólo es él, que perdió ante Morena hasta Campeche –el estado que gobernó–, sino el grupo que controla la cúpula del PRI: la secretaria general del CEN, Carolina Viggiano Austria, que se perfila para perder Hidalgo, y el coordinador de los diputados federales, Rubén Moreira, esposo de aquélla.

Moreno y Moreira acudieron, desde marzo de 2020, a la mansión de Claudio X. González para pactar con Marko Cortés y Santiago Creel la formalización del PRIAN que creó Carlos Salinas junto con Diego Fernández de Cevallos, Luis H. Álvarez y Carlos Castillo Peraza, una coalición denominada Va por México que tiene al PRD como rémora.

Fue merced a esta alianza que el PRI ni siquiera intentó reivindicar su pasado histórico votando a favor de la Reforma Eléctrica del Presidente Andrés Manuel López Obrador, sino que se mantuvo fiel a la reforma de Enrique Peña Nieto que, junto con el PAN, entregó recursos energéticos a los extranjeros.

Siquiera por puro pragmatismo, el PRI de “Alito” pudo haber intentado salvarse del desastre que ha sido su presidencia en el PRI y en una de esas hasta escabullirse de investigaciones sobre corrupción como Gobernador de Campeche y el uso de recursos de oscuro origen o plenamente identificados, como en el caso de Ramírez Magaña.

Las grabaciones en las que “Alito” confiesa delitos es muy seguro que no procedan, porque la Fiscalía General de la República (FGR) no resuelve nada y el Instituto Nacional Electoral (INE) es inocuo, pero para sus aliados sí es incómodo, porque exhibe la lógica de encubrimiento de la corrupción de, por ejemplo, Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad.

Así, al fracaso electoral de Moreno Cárdenas al frente del PRI se suma el aval de Va por México y de sus plataformas mediáticas a las prácticas de corrupción que él mismo describe en las grabaciones.

Más allá de si se va tras la elección de junio o concluye su periodo en agosto del 2023, “Alito” es ya un fardo para el PRI, un político que, como lo hizo en su momento Roberto Madrazo, llegó a la dirigencia para ser candidato presidencial y que, también como el exgobernador de Tabasco, se hundió en el muladar político de México.

Álvaro Delgado Gómez
Álvaro Delgado Gómez es periodista, nacido en Lagos de Moreno, Jalisco, en 1966. Empezó en 1986 como reportero y ha pasado por las redacciones de El Financiero, El Nacional y El Universal. En noviembre de 1994 ingresó como reportero al semanario Proceso, en el que fue jefe de Información Política y especializado en la cobertura de asuntos políticos. Ha escrito varios libros, entre los que destacan El Yunque, la ultraderecha en el poder (Plaza y Janés); El Ejército de Dios (Plaza y Janés) y El engaño. Prédica y práctica del PAN (Grijalbo). El amasiato. El pacto secreto Peña-Calderón y otras traiciones panistas (Editorial Proceso) es su más reciente libro.
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