La mirada creativa transforma, devora lo posible, enriquece nuestra manera de ver al mundo. La obra tranquila de la artista Rosa Borrás puede ser de pronto compulsiva, inquietante. Una de las primeras que le conocí fue una vagina de seis metros que ella dibujó en el piso con pétalos de rosas de dos colores. Demostraba una belleza perturbadora y admirable. Hasta el más sencillo de sus dibujos continúa esa línea de descubrimiento simple de la belleza profunda.
Por Alberto Ruy-Sánchez
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