Curiosamente, al día siguiente del terremoto que todavía nos tiene sacudido, sino el cuerpo sí el alma, me toca venir a trabajar muy temprano al Centro Histórico. Recorro Madero, todavía desierta, son las 7 de la mañana, y recuerdo aquel 1985 y aquella angustia de no saber de mi madre durante varias horas. Mi madre que es periodista también, como yo, conducía entonces un noticiario radiofónico y mi abuela me ayudaba a alistarme para ir a la escuela esa mañana y estabas escuchándola a ella. De pronto la estación salió del aire, los teléfonos perdieron su uso y durante dos horas no supimos donde estaba mi madre.
Por Nicolás Alvarado
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