Julieta Cardona

Duele tanto que no sé

26/05/2012 - 12:01 am

Y como si el enamoramiento fuera un juego de reciclaje, lo hacemos una y otra vez, una y otra vez. Todo sea por buscar el destierro de la insoportable soledad o el destierro de alguien que traemos clavado en el pecho, aquí adentro, tan adentro. Entonces aquí comienza todo, justo en este lugar.

Amar siempre ha dolido, incluso las más extraordinarias tragicomedias se han actuado por amor y otros sentimientos que no sé. Nunca he aprendido a desear lo suficiente, ni imaginar lo suficiente, ni siquiera he aprendido cómo es sentir lo suficiente, o qué tanto debo buscar para saber en alguien a una persona justa, no poca, no mucha, sino justa.

Incontables ocasiones hemos dicho “adiós”; otras tantas hemos regresado a ese lugar que creemos, nos espera sin titubeos cuando nos dejamos caer sin paracaídas porque en la tierra esperan diez mil manos para sostenernos que parecen ser un solo par: el suyo. Entonces volvemos a ese par de manos con un deseo infinito de permanencia sin tiempo, y aun sabiendo que todo terminará, regresamos con más fuerza que la primera vez.

Hemos mentido y hemos alejado a tantas personas sin saber que en alguna de ellas tal vez se albergaba algún amor de esta o todas nuestras vidas, o quizás aquel hombre o mujer que fueron hechos para nosotros, o con quien teníamos un destino minúsculo o tan mayúsculo que no sé. Después, el deseo como única metamorfosis de la mentira.

También hemos vivido en cuerpos de niños desde siempre, jugando canicas con el mejor postor, entregando en manos ajenas nuestras emociones para poder tener a quien besar sin remordimiento; nos hemos confundido y hemos destruido las mejores melodías en la comisura de un nombre propio, tan propio que no sé.

No sabemos cómo amar, nunca lo supimos. Ni siquiera aprendimos a sentirnos. La torpeza del ser humano y la incapacidad para identificar al amor no me parece nunca ajena. Es verdad, hemos entendido muy poco casi nada escribiendo con lápiz nuestras historias con "te amos" de norte a sur.

Finalmente, caemos en cuenta que si no somos capaces de morir en alguien, no estamos listos para amar, caemos en cuenta que si el dolor, el deseo, el calor, las palabras, las citas en los sueños y el tiempo, llevan un nombre que lastima tanto, se prefiere volver a empezar.

MÁS EN Opinión

MÁS EN Opinión