La maravilla de pensarte cuando no estás
conmigo y que me explotes por dentro.
Sandra:
Permíteme dejar de temblar, desde que comencé a hablarte me provocas espasmos y deseo ilimitado en este cuerpo tan finito.
Para escribir esta carta tuve que viajar a nuestro pasado por separado y después al que comenzamos juntas, aquél día que te vi por primera vez; a estos días tan tuyos, tan míos; a nuestro futuro que no se rompe ni una sola vez. Viajar en el tiempo no ha sido fácil, pero me ha dado el valor para escribir que si tuviera que vivir otra vez los calendarios de mis años para encontrarte una tarde de enero, diría que sí.
Esta carta la escribo desde el calor que tu pecho me da, desde el mundo que paré para tomarte la mano y caminar sobre él. Te escribo desde una cama construida para dos, para las dos. Te escribo desde mi cuerpo esperando impaciente que lo despojes de la ropa que todavía no le quitas. Te escribo desde cualquier lugar contigo adentro. Te escribo desde la punta de tu nariz que tanto me gusta besar. Te escribo desde esa calle que todavía no caminamos, pero tenemos en nuestro futuro que no se revienta ni un poquito.
¿Recuerdas cuando estabas boca arriba y sobre mí? Sin saberlo me regalabas la mejor vista del mundo: tu espalda cubriendo mi vientre y tu boca buscando la mía como encontrando de manera perfecta el camino que te llevaba a casa. Recuerdo el desliz de mis dedos en los erizos de tu piel cuando duermes y mis labios sobre tus hombros como diciéndote que es otra manera perfecta de cuidarte la espalda. ¿Recuerdas cuando nos besamos con tanta fuerza que no nos rompimos? Yo también.
La verdad es que soy una mujer con mucha suerte, tengo tanta suerte que te compartes conmigo, tengo tanta que nos llegamos a tiempo y volamos hacia el mismo lugar.
Y también te escribo para confesarte que a nuestra primera cita llegué impaciente, que no quiero dejar de sentir porque dejar de hacerlo es un intento que se hace con toda la fuerza que se tiene dentro, porque dejar de sentir es la muerte de las ganas que tu sonrisa me da, que los lirios no me gustan, que el coñac y tú me atrapan igual.
Sandra, mesurar este amor sería un acto ridículo, carencia de fe, miedo justificado, parar lo que ya no se puede.
Mujer de mi vida, te veo en un par de horas para escribir en tu espalda todo lo que aquí no me cabe.
Mujer de mi vida, todo esto es para decirte con certeza que cuando dejemos de ser felices, no te dejaré solo a ti, sino a las dos.
B.
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