Fecha: sábado 28 julio 2012
Lugar: México, Distrito Federal
Espacio: un bar llamado "Johnny Carter"
Involucrados: Roberto 34 años y Renata 29 años
Esta es la historia de dos personas que tuvieron la fortuna de encontrarse a tiempo.
Roberto camina cabizbajo por las calles de la Delegación Cuauhtémoc, es de noche y las pasiones y los malos se esconden en la oscuridad; Roberto no tiene prisa, camina despacio y al alzar el rostro siente cómo le golpetea la cara una suave brisa en una noche de julio; Roberto ha renunciado a su trabajo, se llenó de valor cuando su padre, antes de fallecer, le dijo mucho, entre tanto, le dijo que hiciera todo aquello que le llenara de paz, que cuidara el amor de una mujer porque eran tan frágil como una hoja de cristal en caída libre, que siempre diera la cara como diera su palabra porque no había otra manera.
Roberto escucha el singular sonido de saxofón y se aproxima al lugar. Es un bar azulado, inquieto; va directo a la barra, pide güisqui en las rocas, bebe.
Renata tiene una hora sentada lejos de la barra en el mismo bar, es de noche y hay poco que no pueda ocultarse en la oscuridad; Renata ha llegado sola, se presenta Charlie el saxofonista y ha llegado temprano para tener buen lugar.
Renata mira a Roberto entrar al bar y minutos después se aparece detrás de él:
—Hola.
—Hola, ¿me invitas otro trago?
—Sí.—Renata pide dos copas al mesero y voltea atenta a escuchar a Roberto.
—Nunca desprecio una invitación y mucho menos si viene de una dama. Toma asiento.
—Me llamo Renata y te vi entrar al bar como si no tuvieras nada qué perder.
—Yo me llamo Roberto. He recorrido muchas calles para terminar en este lugar del cuál no sé el nombre, tal como si no supiera el mío.
—¿De dónde vienes?
—Vengo de España, también nací allí en el año 2049, tengo 34 años. A juzgar por tu belleza juvenil, debo tener más edad que tú. Cuéntame de ti.
—Yo soy de aquí, nací en 1983, tengo 29 años.
¿Qué tuvo que haber sucedido en la vida de ambos para que el efecto mariposa fuera un encuentro en el tiempo? Era el año 2012; era Roberto en el tiempo de Renata.
La calma no se perdió y aunque ambos trataron de entender qué estaba sucediendo, decidieron no aferrarse para no perder el tiempo de aquel año. Las risas empataban, las historias sobraban, la historia del mundo se esclarecía. Roberto hablaba de la cuarta guerra mundial, del momento en el que se supo que los robots también lloraban; Renata hablaba del descontento social en México por un supuesto Presidente de telenovela, de las Olimpiadas en Londres; las palabras no cesaban, ni las sonrisas, ni el asombro.
Eran dos personas, el calor de la otra era el mismo, el brillo de los ojos era idéntico, eran solo dos empatando en un bar en un mismo año.
Entonces Roberto ansioso retomaba lo que no deseaba como místico:
—Mira que nacer en el siglo XXI seguro es igual de deprimente que haber nacido en el siglo XX. ¿Has conocido el amor?
—Muchas veces.
—¿Con alguna conclusión?
—No, pero vente a mi época. Salta unos años atrás, muchos años, y vente conmigo.
—Dame un buen motivo y te seguiré a donde me pidas, a donde sea mientras vayamos los dos.
—Nunca te abandonaría.
—Muéstrame el camino entonces.
—Ten, ve por tus cosas y alcánzame acá— le dijo Renata acercándole un papel con su dirección.
—Me despido por última vez de ti, amor.— Roberto le dio un beso en la frente y precipitó su paso para recoger sus pertenencias y llegar a donde Renata.
La ansiedad reinaba: Roberto estaba a tan sólo a dos cuadras de estacionarse en el año 2012 con esa mujer frágil como una hoja seca entre mil caminantes.
El cielo comenzó a caerse, había lluvia por toda la ciudad. Era como un presagio de la misma bóveda celeste que descansaría después en los ojos de Renata, porque Roberto nunca llegaría. Roberto murió aquella noche víctima de fuego cruzado entre policías y una banda delictiva porque las pasiones y los malos también se esconden en la oscuridad.
Charlie cerraba su presentación con esa melodía que había nacido de la historia de dos amantes que se encuentran en el tiempo, al menos por un momento.
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