Para los griegos, su nombre significa: El que no ve con buen ojo. Siendo uno de sus principales empleos el de servir de guía a la Calumnia. Por tal motivo la envidia es considerada un pecado capital, porque corrompe la mente y el alma del individuo al punto de degenerar en otros vicios, como la calumnia, la mitomanía, la agresión, por mencionar algunos ejemplos. Bertrand Russell sostenía que la envidia es una de las más potentes causas de infelicidad.
Siendo universal, es el más desafortunado aspecto de la naturaleza humana, porque aquel que envidia no sólo sucumbe a la infelicidad que le produce su envidia, sino que además alimenta el deseo de producir el mal a otros. Cuanto más débil, insatisfecha o narcisista es una persona, tanto más envidiará a la gente que posea lo que a ella le falta. La envidia sólo se cura viviendo fuera del comparativo, concientizando y resolviendo las propias carencias y facultades, a través de un proceso de crecimiento emocional. La persona madura no envidia a nadie. Las Cosas Simples.
Por Vanessa Bauche
Fuente: José Luis Cano Gil
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