Lo que olvidamos y lo que el azar nos permite recordar, se vuelve un camino de imágenes que retan al afecto y que dan y quitan sentido a la vida. Dejarse llevar por el flujo de la memoria y sus caprichos es como lanzar una moneda al aire y, si tenemos suerte, puede ser un placer inesperado.
Por Alberto Ruy-Sánchez
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