Tengo un romance de novela con
una hermosa mujer de treinta y ocho.
Tengo también ideas tontas de romper
las horas (hijas de puta) para poder
caminar de mi puerta a su puerta.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco..
y contar cada uno de los pasos hasta llegar
adonde ella para después soltar una fuerte
carcajada y burlarme de cada sueño que quise
olvidarla.
Siento frío y espasmos,
dolor y coraje,
miedo y ruina.
Escucho voces que no son mi
algarabía interior; todas distintas
con un común denominador:
no, no, no.
Y esa voz deseando control donde ya no hay.
Y esa otra tratando de parar lo que ya no se puede.
Y entonces todas estas ganas de quererla para mí
se elevan, se elevan.
Y las voces (de mierda) todo lo puro lo vuelven sucio.
Y me enfrento al peor de todos los miedos:
de perderla,
y que con cada pestañeo se lastime
esto que no sé bien su nombre.
Y en mi intimidad con la esclavitud de cada momento,
grito al cielo que me abrace con una fuerza que me haga
encontrarla en ese camino que no es mío ni suyo.
Grito al cielo que me abrace con una fuerza que no me haga
ir a buscarla y le pido con las piernas dobladas que
me dé prudencia y me regale la misma paz
que su sonrisa me da.
Y me consuelo no sé bien con qué.
Y me río no sé bien por qué.
Y entonces me aviento desde no sé dónde
y
de
sa
pa
rez
co
p
o
r
f
i
n
.
MÁS EN Opinión
Fundar
México ante el Subcomité para Prevenir la Tortura: entre avances legales e impunidad
""La impunidad, se mantiene como el hilo conductor, igual que los obstáculos que se presentan para la..."
Álvaro Delgado Gómez
Los impostores: De Claudio X. a Televisa
""Queda claro que los opositores a toda reforma son los que representan el antiguo régimen, los defen..."
Óscar de la Borbolla
El Sufismo, un modo no occidental de entender
""Siempre he querido entender: entender lo que me rodea, descifrar cómo funcionan las cosas, aclararm..."


