Julieta Cardona

Aún estoy aquí

08/02/2014 - 12:01 am

Tengo un romance de novela con

una hermosa mujer de treinta y ocho.
Tengo también ideas tontas de romper

las horas (hijas de puta) para poder

caminar de mi puerta a su puerta.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco..

y contar cada uno de los pasos hasta llegar

adonde ella para después soltar una fuerte

carcajada y burlarme de cada sueño que quise

olvidarla.

Siento frío y espasmos,

dolor y coraje,

miedo y ruina.

Escucho voces que no son mi

algarabía interior; todas distintas

con un común denominador:

no, no, no.

Y esa voz deseando control donde ya no hay.
Y esa otra tratando de parar lo que ya no se puede.
Y entonces todas estas ganas de quererla para mí

se elevan, se elevan.
Y las voces (de mierda) todo lo puro lo vuelven sucio.
Y me enfrento al peor de todos los miedos:

de perderla,
y que con cada pestañeo se lastime
esto que no sé bien su nombre.

Y en mi intimidad con la esclavitud de cada momento,

grito al cielo que me abrace con una fuerza que me haga

encontrarla en ese camino que no es mío ni suyo.
Grito al cielo que me abrace con una fuerza que no me haga
ir a buscarla y le pido con las piernas dobladas que
me dé prudencia y me regale la misma paz

que su sonrisa me da.

Y me consuelo no sé bien con qué.
Y me río no sé bien por qué.
Y entonces me aviento desde no sé dónde
y
de

sa

pa

rez

co
p
o
r
f
i
n
.

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