Julieta Cardona

Amores prohibidos

05/04/2014 - 12:02 am

Thelma y Amanda

Yo no tengo el valor de estar con ella, ni ella conmigo. Nos besamos a escondidas, nos tocamos a escondidas, hacemos todo a escondidas y, apenas apreciamos un rayo de luz, echamos todo abajo como quien con una mano derrumba un juego de ajedrez, de dominó, un maldito jenga.

Oye, Thelma, Ramón se ha ido, ¿quieres pasar esta noche por acá?, me dice. Y yo corro hasta su casa porque prefiero tener migajas de lo que le sobra a no tener nada.

María Paula y Abraham

Me llamo María. Soy una católica que se coge a un judío todos los viernes por la noche. Abraham no respeta nada, por eso me gusta tanto. “Hoy es viernes de cuaresma y no cenaré carne”, le dije, pero no le importó –como siempre– y me metió el pene hasta la garganta.

Y así me gusta: tórrido y hermoso. Y así voy enamorándome: sin correspondencia y sin esperanzas porque, en términos prácticos: para mí Jesucristo es el mero bueno.

Pamela y José

Buenas noches. Mi nombre es Pamela y quisiera decir que mi vida es un capítulo de telenovela (de la novela más barrio si quieren), pero no lo es aunque parezca y se le parezca a muchas mujeres. Quisiera decir que soy única y que mi historia de amor es una en millones, pero no lo es; es más común que corriente. José es mi amor, mi superhéroe, mi niño, mi fuerza, mi paraíso. Y es casado. Y quisiera que fuera mío.

José comenzó a pasar más tiempo conmigo por las fabulosas mamadas que le hacía, entonces, lo que comenzó como un juego de hotel a las siete de la noche, terminó en un hijo que no sé si tener.

Daniela

Mi historia es como la de Pamela, pero sin el hijo.

Prefiero no tener idea de que lo que habita en mí es el infortunio y me obligo a pensar que el mundo me puso junto al amor de mi vida en un tiempo equivocado. Pienso que no puede haber sabiduría y belleza en un lugar donde no empatan dos personas que desean estar juntas.

Romeo y Julieta

Romeo es de familia humilde; Romeo proviene del vulgo. Julieta todo lo contrario. A Romeo le gusta el sexo salvaje y el rocanrol. A Julieta también. Se enamoran. Se besan. Se buscan. Todo indica que se quieren.

Una mañana, la madre de Julieta camina en el jardín tomada del brazo de un joven. Él será tu esposo y juntos se encargarán de preservar la estirpe, le dice la madre a Julieta.

Romeo y Julieta se renuncian. Ellos se rinden fieles ante un destino que se les inventó.

Cuando me hacen alusión a algún “amor prohibido” no sé cómo reaccionar porque para mí suena ridiculísimo que el amor sea prohibido. Me vuelvo ciega ante las explicaciones del otro en su afán por justificar lo prohibido de un amor porque, incluso, hay ejemplos de personajes históricos que han sacrificado todo por amor. Desde siempre hay sacrificios para encontrar el camino correcto, o el que nos haga más felices, o en el que perdamos menos, etcétera. Estos párrafos de arriba son analogías de casos que pasan; algunos de ellos cobardes y otros buscando resignación. A los cobardes les digo que también merecen una historia digna de ser contada aunque yo no sepa cómo escribirla; a ellos les digo que existen quienes no aprenden a ser valientes en el amor –ni en cualquier cosa–, y no está mal, solo es así.

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