En la lengua del cuerpo de los amantes, en su pronunciación irrepetible, basta un giro, un guiño, un parpadeo, un silencio fugaz, un soplo, una nada para transformar el sentido y la profundidad de lo dicho así, que es lo vivido. Un giro sorpresivo nos nombra y nos canta, nos llama y nos marca, tal vez para siempre.
Por Alberto Ruy-Sánchez.
MÁS EN Opinión
Jorge Zepeda Patterson
Inseguridad, percepción y realidad
""La percepción del público es que los crímenes han aumentado, cuando en realidad es la exposición de..."
Muna D. Buchahin
Generadores de corrupción
""Los generadores de corrupción son personajes de la iniciativa privada y la política que están entre..."
Rubén Martín
Acuerdo raro sobre minerales y tierras
""Por decisión propia, por compromiso o por presión, el Gobierno mexicano anunció la firma del Plan d..."


