Si en el discurso la administración del Presidente Enrique Peña Nieto presume que su objetivo central es potenciar el desarrollo en el país, en la práctica está haciendo todo lo contrario y, además, le mete ruido a la industria nacional desincentivando la participación de las empresas mexicanas, en un momento de crisis económica en el que al país le urge la inversión pública y detonar empleos.
Además, al fracaso de la conducción económico en su sexenio, por parte del equipo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), que comanda Luis Videgaray Caso, la actual administración está metiendo mucho ruido en torno a los rumores de conflicto de intereses y, por qué no decirlo, de corrupción.
Lo que ha sucedido con OHL, un grupo de capital español especializado en el sector de la construcción, no es una buena señal.
En México, la compañía está ligada a personas y gobiernos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), y se ha convertido en la preferida de la administración de Peña Nieto, que lleva apenas 18 meses en el poder.
Luego de que en 2013 la SHCP secó la inversión pública al grado de que la economía mexicana se puso en el hielo y apenas y creció 1.1 por ciento, en 2014 las condiciones no han podido mejorar pues, además de que el gasto público –el mayor que haya tenido el país en su historia– apenas y se ejerce, las consecuencias de la Reforma Fiscal dieron la puntilla a una posible recuperación y ha provocado cierres de empresas, más desempleo y más mexicanos sin dinero en el bolsillo.
Pero, está claro, ese escenario no es el que vive OHL en México. La constructora suma, en sólo año y medio, siete contratos por 41 mil 594 millones de pesos, incluido uno de 10 mil millones con el gobierno de Puebla, facilitados por el gobierno federal.
En contraste, las principales constructoras mexicanas, ICA, Tradeco y Carso, suman, en conjunto, 9 mil 412 millones de pesos en el mismo periodo.
Además del monto, más de 41 mil millones de pesos, los rumores de favoritismo a OHL se respaldan también con personajes cercanos al PRI. Su presidente en México es José Andrés de Oteyza, ex Secretario de Patrimonio y Fomento Industrial en el Gobierno de José López Portillo, y dirigida por Sergio Hidalgo Monroy Portillo, ex director del ISSSTE en el sexenio de Felipe Calderón Hinojosa y quien antes de tomar ese puesto se desempeñó como Director General del Servicio de Administración y Enajenación de Bienes de la Secretaría de Hacienda y como Oficial Mayor de la misma dependencia.
Además, antes de llegar a Petróleos Mexicanos (Pemex), en su consejo y equipo directivo trabajaron Emilio Lozoya Austin y Mario Beauregard Álvarez, actuales directores general y de Finanzas de la paraestatal, respectivamente.
OHL es la empresa concesionaria del Circuito Exterior Mexiquense, el Viaducto Bicentenario, la Autopista Urbana Norte y la Supervía Poetas, todos ellos en la zona metropolitana de la Ciudad de México. También, el Libramiento Norte de Puebla y la Autopista Puebla-Perote, con lo que administra 359 kilómetros, y el Tren Interurbano México-Toluca.
Es cierto que el país requiere de empresas competitivas para impulsar su desarrollo y más si se trata de infraestructura y del sector construcción, pues es el máximo generador de empleos, dada la enorme cantidad de sectores que se involucran. Pero también es verdad que uno de los resortes para lograr que ese desarrollo se logre –dicho y probado por estrategias de gobiernos en todo el mundo– es incentivar el contenido nacional sin que esto suene a proteccionismo.
En Estados Unidos, Alemania y Japón, naciones que ocupan los primeros lugares en desarrollo, la quintaescencia del Estado Nación es la protección de sus nacionales.
Pero en México, no sólo no se está protegiendo a las empresas mexicanas, sino a la industria nacional. Menos aún cuando se licita y entregan proyectos a compañías que no se preocupan por ser integradoras y que generan incertidumbre y desconfianza.
OHL también ganó jugosos contratos cuando Peña Nieto fue Gobernador del Estado de México y también desde entonces enfrenta acusaciones de fraude y corrupción.
Hace unas semanas, los diarios españoles dieron cuenta de la estrecha relación que hay entre el Presidente de México y el Partido Popular español y, en específico, con la empresa OHL.
“El ‘íntimo amigo de la gente de Peña Nieto’, José Andrés de Oteyza, hizo la mayor parte de obra pública en el Estado de México en tiempos de su gubernatura. Oteyza actualmente es el presidente del Grupo OHL México, la empresa que más contratos ha obtenido de obras de gran envergadura, vinculada al Partido Popular”, acusó el escritor Oriol Malló, autor de El cártel español.
Hay evidencias y antecedentes que no hablan bien de lo que la administración federal está haciendo, más en un momento en que los inversionistas mexicanos y extranjeros revisan si harán una apuesta a largo plazo en el país y donde la exigencia recurrente es la seguridad física y legal para las inversiones, pero también, y muy importante, el combate a la corrupción.
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