Los amantes no saben lo que los sueños del otro anidan. Muchas veces ni el sueño lo recordará más tarde. Lo cierto es que al dormir algo del sueño viaja de adentro hacia fuera en el aire que la amante dormida respira. Como el sudor a través de su piel, mundos que crecen separados en secreto se comunican y en un instante fugaz se revela lo eterno.
Por Alberto Ruy-Sánchez.
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