Ana Lilia Pérez
El festín de los halcones y los buitres
"Sólo los entreguistas apátridas podrían celebrar el violento secuestro de un Presidente en funciones y la ocupación como la que Estados Unidos hace en Venezuela para quedarse con la mayor veta de reservas probadas de petróleo, mediante actos de piratería".
El secuestro del Presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa Cilia Flores, por manos del gobierno estadounidense la madrugada del pasado 3 de enero, concretó la amenaza para la región que venía anunciándose con los bombardeos y arteros ataques a pequeñas embarcaciones pesqueras en aguas del Caribe y el Pacífico, en los cuales más de un centenar de civiles fueron asesinados por la milicia estadounidense, más las 40 personas civiles y soldados muertos en la operación que perpetró también la milicia estadounidense para secuestrar al Presidente de Venezuela y a su esposa.
Los ataques del gobierno de Trump a Venezuela, que tienen como finalidad el saqueo de sus recursos energéticos, son una amenaza para el mundo, una reedición de la nefasta Doctrina Monroe usada por los estadounidenses para su ocupación expansionista, intervencionista, violatoria de la soberanía de cada país y de la libre determinación de los pueblos, violatoria de la Carta de las Naciones Unidas, ante la pasividad e inacción de la ONU.
La ONU se ha vuelto un simple membrete, un elefante blanco cuyas posturas ya nadie parece tomar en cuenta, así se ha demostrado con el genocidio que a ojos de todos sigue ocurriendo en Gaza; se demostró cuando, en abierta violación a las leyes internacionales, el gobierno de Trump comenzó a bombardear embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, y a quedarse con los barcos petroleros; se demuestra con el tardío mensaje que dio la ONU hasta horas después de que las tropas estadounidenses ya habían secuestrado al Presidente de Venezuela y a su esposa, y luego de que Trump incluso había dado hasta una conferencia de prensa donde abiertamente habló de la ocupación que harán en Venezuela para saquear sus energéticos.
Fue hasta horas después que la tibia ONU citó a una reunión de su Consejo de Seguridad que resulta tardío y que no tendrá efectividad alguna.
Las acciones del gobierno de Trump contra Venezuela dinamitaron todo espíritu de la Carta de las Naciones Unidas, la misma que se firmó en junio de 1945 en San Francisco, tras la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Organización Internacional a la que se convocó al término de la Segunda Guerra Mundial.
La finalidad de ese documento es para prevenir conflictos, mantener la paz y seguridad internacional; para fomentar y respetar la autodeterminación de los pueblos. Y es obligación de cada uno de los países miembros de la ONU cumplir lo que mandata la Carta en sus 111 artículos.
Cuando se firmó el documento, simbólicamente se depositó en los archivos del gobierno estadounidense, y 80 años después, es el gobierno de ese mismo país, el que dinamita la esencia de esa Carta.
La actuación del gobierno estadounidense contra Venezuela implica una flagrante violación a los artículos 1 y 2 de la Carta, que hablan del respeto al principio de igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos; que los países deben arreglar sus controversias internacionales por medios pacíficos de tal manera que no se ponga en peligro ni la paz y la seguridad internacional ni la justicia; que deben abstenerse de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado.
Por si a alguien le quedaba duda de que las intenciones trumpistas fueron siempre saquear el petróleo de Venezuela, en la conferencia de prensa que dio horas después de secuestrar al presidente en funciones de ese país, Trump habló abiertamente de sus motivaciones por el control de los recursos energéticos estratégicos –principalmente el petróleo– porque proporcionalmente Venezuela tiene las mayores reservas probadas de petróleo del mundo: 303 mil millones de barriles, el 18 por ciento de las reservas mundiales, mucho más que los 267 mil millones de barriles de Arabia Saudita, y los 208 mil millones de barriles de Irán, que son los tres países que encabezan la lista de mayores reservas probadas de petróleo.
Y es todo el potencial energético de Venezuela lo que le interesa a Estados Unidos “lo necesitamos para nosotros”, dijo Trump en su conferencia del sábado.
Sólo los entreguistas apátridas podrían celebrar el violento secuestro de un Presidente en funciones y la ocupación como la que Estados Unidos hace en Venezuela para quedarse con la mayor veta de reservas probadas de petróleo, mediante actos de piratería que ahora llama “operaciones quirúrgicas”.
Lo celebró la Nobel de la guerra María Corina Machado, quien le suplicaba a Estados Unidos el intervencionismo para una “privatización de todo”, como insistió en sus mensajes en redes sociales.
Lo celebró Milei, quien con su política de “motosierra” hunde a los argentinos; lo celebró Noboa, el empleado de Washington en Ecuador.
En el ámbito de la política estadounidense, se define como halcones a quienes promueven el intervencionismo, el militarismo, partidarios de la política de guerra, el ideario como el que Trump ha impuesto en sus periodos de gobierno, violatorio de los derechos humanos y del derecho internacional.
Al festín de los halcones estadounidenses se convidó la entreguista María Corina Machado, una mujer sin respeto, ahora despreciada hasta por Trump, quien en su conferencia del sábado la calificó de esa mujer que “no tiene ni el respeto ni el apoyo dentro del país”.
Desde México, al festín de los halcones estadounidenses se convidaron los zopilotes prianistas y miembros de la Marea Rosa, quienes también apátridas, entreguistas, arrastrados, sin dignidad y cuyo signo identitario es el cinismo, han acudido a Washington a pedir una intervención para nuestro país.
Al festín de los halcones estadounidenses se convidaron los empleados del corporativo mediático del evasor fiscal Salinas Pliego, con una cobertura tendenciosa, como hicieron otros medios de comunicación corporativos y en redes sociales granjas de bots.
Al festín de los halcones estadounidenses se convidó también la prensa vocera de la derecha convalidando el injerencismo estadounidense e insistiendo en sus loas a la nobel de la guerra.
La intervencionista operación de Estados Unidos hoy en Venezuela por el saqueo de sus recursos es una amenaza para todo el mundo, porque la advertencia de Trump es que su gobierno es capaz de todo contra quien no se pliegue a sus intereses. Y los halcones que hoy tienen el gobierno de Estados Unidos buscarán imponerse en otras regiones, invadiendo tierras mediante operaciones que llaman “quirúrgicas”, pero cuyos efectos serán enormemente lesivos, como en los peores tiempos de hostilidad de la Doctrina Monroe desde el siglo XIX, con un gobierno supremacista que en pleno siglo XXI desconoce toda ley internacional.
Es el festín de los halcones que sólo los apátridas buitres y zopilotes celebran, mientras esperan para ver si, tras repartirse el botín, les lanzan las sobras.
MÁS EN Opinión
Mario Campa
El rebrote imperialista: Cinco tesis iniciales
""Mientras el imperialismo ande suelto sin correa, estas cinco tesis iniciales habrán de enriquecerse..."
Óscar de la Borbolla
500 columnas y mi balance
""En estos últimos diez años y tras 500 reflexiones casi me siento solo en ese pacto. Y es que yo mis..."
Adela Navarro Bello
En el nombre de los cárteles… que vulneran a México
""Por tanto, y así lo ha demostrado desde que tomó posesión, Donald Trump encontrará la forma, sea ví..."


