Mario Campa
El rebrote imperialista: Cinco tesis iniciales
"Mientras el imperialismo ande suelto sin correa, estas cinco tesis iniciales habrán de enriquecerse y reproducirse en los próximos días de vorágine. Aquello de 'perro que ladra no muerde' no aplica más".
El 3 de enero pasará a los capítulos más negros de la historia reciente de América Latina. Es tarea del analista plantear algunas tesis de salida para su posterior seguimiento. Enlisto cinco:
1) El Imperio contraataca cuando está contra las cuerdas, pero aplasta al débil para intimidar al fuerte. Con el telón de fondo de una China acechante como retadora contrahegemónica, Washington libra una feroz guerra comercial; en paralelo, sostiene la resistencia ucraniana frente a Rusia. Sería iluso pensar que la mejor arma del momento es un escudo y no una lanza. Estados Unidos, galvanizado en la cúpula por una pulsión imperial, tomó la ofensiva contra el eslabón más débil: Venezuela, bombardeada con sanciones en la primera presidencia de Trump y con ráfagas en la segunda. En Caracas, la Casa Blanca cruzó la línea de la retórica llana con un ataque militar a un país soberano y el secuestro de su Presidente. Para completar el cuadro clínico del rebrote imperialista, Trump declaró al día siguiente que Groenlandia, Cuba, Colombia o Irán podrían ser los próximos objetivos militares. Trump, sabedor del costo fiscal y electoral que implicaría agredir a potencias emergentes, aplasta antes a naciones marginales, como mandan los cánones del matón de cuadra.
2) Estados Unidos puede usar al terrorismo y al narcotráfico para justificar cualquier movimiento imperial. El economista Jeffrey Sachs lo resumió bien en una entrevista: “Estados Unidos se propone deliberadamente destruir cualquier atisbo de derecho internacional. No sé cómo se sentirá Europa cuando Estados Unidos invada Groenlandia. Pero no se sorprendan cuando suceda. Trump lo ha anunciado, lo ha anunciado una y otra vez, y es muy probable que suceda. Un día, Trump dirá: ‘Tenemos una 'emergencia nacional’ y Groenlandia será ocupada”. En definitiva, así como Hitler acusó a Roosevelt de conducir la presunta conspiración financiera y comunista, Trump hoy puede culpar a Gustavo Petro de encabezar la exportación de cocaína, y nadie podrá frenar los disparates retóricos acompañados de sanciones, balas y bombas.
3) Netanyahu, además de criminal de guerra, fungió de hipótesis. La impunidad se contagia, y más entre cómplices de un crimen tan atroz como el exterminio de Gaza. En retrospectiva histórica, fue fácil identificar la Noche de los Cristales Rotos o la anexión de los Sudetes como el punto de no retorno del nacionalsocialismo; para efectos prácticos, demostraron que el Tercer Reich tenía licencia para acribillar. En la actual coyuntura, como premonición de lo que venía, Trump festejó el año nuevo con el líder de Israel, acusado de genocidio por los estudiosos y los tribunales internacionales. En la total impunidad, Netanyahu es hoy día el principal aliado militar y financiero de la Casa Blanca, y sólo el tiempo dirá si juega el mismo papel histórico de segundón que Mussolini. Entretanto, un eje de complicidades que aglutinaría a los Milei y Kast se teje en Sudamérica en favor de intereses imperiales. Quien ose denunciar los atropellos en estas horas aciagas no es más que un “zurdo de mierda”, como repite ese loro engallado llamado Ricardo Salinas Pliego.
4) Si María Corina Machado no juega bien sus cartas, pasará a la historia como una entreguista patética. Tras el aparente desprecio de Trump a la líder opositora, de quien aseguró que carece del respeto y la legitimidad indispensables para gobernar, los Milei, Kast, Salinas Pliego y demás apóstoles ultra habrán de registrar para sus adentros que para el imperio son tan desechables como un Kleenex. Tras las más de 200 personas a las que Trump “liberó” de sus vidas en los últimos días, desde pescadores hasta militares, María Corina Machado podría quedarse vestida de novia y alborotada, con una gran mancha de sangre teñida al frente y cargando a cuestas el cadáver del estigma de haber ofrecido el petróleo como moneda de cambio. Como escribió el periodista argentino Martín Caparrós en X: “Traicionar es feo. Y más cuando lo haces tan mal”.
5) La pregunta no es si quiere el petróleo, sino para qué. Por si quedaran dudas del móvil imperial, el Embajador estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, las despejó de tajo: "Este es el hemisferio occidental y no vamos a permitir la presencia de competidores y rivales de Estados Unidos. No podemos dejar las mayores reservas energéticas del mundo bajo el control de adversarios de Estados Unidos". En esa línea, identifico al menos seis razones de peso para amasar petróleo venezolano aún con el boom estadounidense en curso: (a) amarrar negocios con las petroleras cercanas a Trump, (b) restar mercado a Rusia, (c) debilitar la coordinación de oferta de la OPEP+, (d) bajar el precio de las gasolinas para mitigar la crisis de asequibilidad interna, (e) ahorcar a un gran importador neto, como China o (f) atacar Irán en un futuro próximo despejando antes del camino la amenaza de un bloqueo del Estrecho de Ormuz. En cualquier caso, frente al cúmulo confeso de motivos racionales y complementarios, sería ingenuo pretender que el petróleo no es la llave geopolítica maestra.
Mientras el imperialismo ande suelto sin correa, estas cinco tesis iniciales habrán de enriquecerse y reproducirse en los próximos días de vorágine. Aquello de “perro que ladra no muerde” no aplica más.
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