Ana Lilia Pérez
Extorsiones trumpianas
"Las manifestaciones ciudadanas contra las políticas e injerencismo del gobierno de Trump se van extendiendo en muchos países. En México el sábado una nutrida manifestación tuvo lugar en la capital del país".
¿De qué humor amaneció Donald Trump?, el mundo ha de preocuparse de saberlo porque el incendiario Presidente de Estados Unidos tiene a cada vez más países a merced de su humor, del tamaño de su ego y sus delirios imperialistas, a merced de sus extorsiones, porque desconoce toda Ley y toda norma, desconoce sus obligaciones y los límites legales que como Presidente de su país tiene, y decidió negar el derecho internacional e inescrupulosamente fanfarronea que su único límite es su “propia moralidad”, lo que significa: ninguna.
Qué moralidad podría tener quien es uno de los personajes centrales de los vergonzosos archivos Epstein, cuya visibilidad logró desviar del escrutinio público torpedeando al resto del mundo.
Trump maneja la Casa Blanca como su reality show, con la prepotencia que ejerce hasta sobre sus correligionarios cuando éstos dejan de serle útiles y los desecha sin el mínimo pudor, como lo demostró con sus simpatizantes que asaltaron el Capitolio en 2021; como lo han señalado sus excolaboradores; como lo demuestra su ninguneo a la entreguista María Corina Machado, quien ahora hasta le suplica que le acepte compartir su devaluado Nobel.
La estrategia extorsiva de Trump parece no tener límite, ya lo dijo él, su límite es su propia moralidad, lo que significa su nula moralidad.
En su primer periodo de gobierno (2017-2021) sus extorsiones contra otras naciones fueron mediante el chantaje de la imposición de aranceles, en los porcentajes que se le ocurrieran.
Con su guerra comercial extorsionó para imponer su política antimigratoria y su agenda de “Seguridad Nacional”, también utilizada para distraer a los estadounidenses de los escándalos y polémicas en que se vio involucrado.
La amenaza arancelaria es la carta a la que recurre con frecuencia cuando ocurre algo que lo pone en aprietos, como las investigaciones de índole fiscal de sus empresas, y más recientemente el caso Epstein.
Ya en su segundo mandato –del que está a punto de cumplir su primer año– sus amenazas y extorsiones contra otras naciones han escalado de la retórica electoral a acciones directas, a acciones bélicas que eufemísticamente llama “operaciones quirúrgicas”. Inició con ataques a embarcaciones en aguas del Caribe y Pacífico, y el asesinato de sus tripulaciones; luego la invasión militar a territorio venezolano para secuestrar al Presidente en funciones Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores para hacerse del petróleo de Venezuela, proporcionalmente las mayores reservas de petróleo a nivel mundial.
A tiempo que intensificó sus amenazas contra Cuba, contra Colombia, contra México, y el ¿quién sigue? se fue extendiendo, discursivamente fue subiendo de tono sus prácticas extorsivas.
En la conferencia de prensa del 3 de enero –horas después de la invasión a Venezuela– dijo que las compañías estadounidenses entrarían a gastar miles de millones de dólares, que ya había hablado con las empresas; pero luego, en la reunión del viernes 9 de enero en la Casa Blanca, a la que acudieron representantes de 17 petroleras, cuando los directivos se mostraron renuentes a los planes de Trump para Venezuela pidiéndole “garantías”, la respuesta a su estilo fue:
“Si no quieren entrar, sólo tienen que decírmelo, porque hay 25 personas que no están aquí hoy y que están dispuestas a ocupar su lugar”, según consignó la prensa estadounidense.
Su método extorsivo se ha extendido a la ONU: cuando en la Asamblea del Consejo de Seguridad de la ONU el lunes 5 de enero se habló de las violaciones a la Carta de Naciones Unidas por parte del gobierno de Estados Unidos en territorio venezolano, la respuesta de Trump fue un memorando presidencial donde ordenó retirar a Estados Unidos de 31 organismos, convenciones y tratados de Naciones Unidas, alegando que “ya no sirven a los intereses estadounidenses”; lo que significa retirarle cuantiosos fondos. Una medida que generará un negativo impacto financiero al presupuesto de la ONU.
La misma semana subió de tono sus amenazas contra Dinamarca para quedarse con Groenlandia "por las buenas o por las malas", amenazó. La extorsión es imponerle a Dinamarca aranceles “muy altos” si se niega a negociar la venta de su isla, sin descartar el uso de la fuerza militar para tomar ese territorio, "vamos a hacer algo con Groenlandia, les guste o no”, dijo.
Y ante el mensaje de la Unión Europea de su “preocupación” por las declaraciones de Trump, amenazó con retirar a Estados Unidos de diversos acuerdos de la OTAN.
Al mismo tiempo intensifica sus amenazas contra Irán, llamándose a sí mismo como un salvador listo a intervenir, en el contexto de las protestas internas que vive ese país, y mientras él ordenaba bombardear Siria.
Tras señalar que no le importa el Derecho Internacional y su único límite es él mismo, ha hablado de la posibilidad de lanzar ataques terrestres en territorio mexicano, usando el pretexto del “combate a los cárteles del narcotráfico”.
Apenas dos meses después de su llegada a la Casa Blanca, en su segundo mandato, Trump comenzó a hablar públicamente de enviar tropas estadounidense a suelo mexicano para combatir cárteles. Su narrativa ha sido alentada por la rapaz y entreguista oposición prianista, cuyos integrantes en diversos momentos han acudido a Washington a pedir una intervención.
El 8 de enero, en una entrevista con Fox News, Trump dijo que pronto comenzaría "ataques terrestres" en México.
A la luz de lo que hizo en Venezuela, de las amenazas contra Cuba, Colombia, Dinamarca, Irán, y los países que se van sumando, sus declaraciones toman otras dimensiones.
Aunado al impacto que sus políticas antiderechos están teniendo en su propio país, donde también están cobrando vidas de sus conciudadanos, como el asesinato de Renee Nicole Good, en Minneapolis a manos de un agente del ICE, y revictimizada por el gobierno de Trump, lo que ha generado oleadas de manifestaciones en ciudades estadounidenses.
Las manifestaciones ciudadanas contra las políticas e injerencismo del gobierno de Trump se van extendiendo en muchos países. En México el sábado una nutrida manifestación tuvo lugar en la capital del país.
Es falsa la preocupación de Trump por la operación de cárteles o por el narcotráfico, porque si fuese real, comenzaría por su casa: es en circuitos financieros como los estadounidenses donde se lava parte del dinero de organizaciones criminales que operan a nivel global, muchas veces disfrazadas de corporaciones. Son varios de sus estados y de sus territorios insulares que operan como paraísos fiscales, donde, al amparo del secreto financiero, se constituyen y organizan empresas fachada o fideicomisos que se utilizan para blanquear los recursos de origen ilícito, incluidos recursos del tráfico y comercialización de drogas y otros tipos de contrabando.
Es su industria armamentista la principal proveedora de armas y municiones a grupos criminales a nivel global, pero eso es algo que Trump no combatirá nunca, porque es el mismo sector –el armamentista– que ha financiado sus campañas electorales, promotores de la economía de guerra que les garantice sus ganancias.
El argumento de su preocupación por el narcotráfico se desmorona con la simple referencia al caso del narcotraficante Juan Orlando Hernández, el expresidente de Honduras.
Hernández había sido extraditado a Estados Unidos en abril de 2022, unos meses después de dejar el gobierno, y en junio de 2024 fue sentenciado en cortes estadounidenses a 45 años de prisión por narcotráfico, pero Trump lo indultó como parte de su apoyo a la candidatura del derechista Nasry Asfura, del mismo partido político que Hernández. Asfura asumirá el cargo en Honduras el próximo 27 de enero.
Las amenazas contra el principal socio comercial de Estados Unidos es a todas luces una idea descabellada hasta para los estadounidenses, de allí que al menos 75 congresistas firmaron una carta conjunta para manifestar su rechazo a las amenazas de Trump de intervenciones militares contra México.
Ante las peligrosas amenazas del Presidente estadounidense, que son parte de su ideario de neocolonialismo económico, la clase política en México tiene una ineludible obligación de defender la soberanía de nuestro país. Hacer valer la soberanía es vital.
En un mínimo conciencia, sin mezquindad, la oposición debe evaluar que de nada les servirá utilizar como bandera las tramposas y embusteras causas trumpianas. Habrían de mirarse en el espejo de María Corina Machado, que pronto resultó desechable y desechada.
La amenaza viene de un Trump que no tiene límite alguno, capaz de revictimizar hasta a sus conciudadanos asesinados a sangre fría en las operaciones antiderechos de su gobierno.
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