Francisco Ortiz Pinchetti

Trump a la puerta: ¿ya nos cayó el chahuistle?

“Resulta perturbadora la presión que WSJ ha revelado: la exigencia de que Sheinbaum entregue a figuras de Morena presuntamente vinculadas a los cárteles”.

Trump Hitler
Donald Trump está envalentonado tras su ataque a Venezuela. Foto: @WhiteHouse

Parece que en Palacio Nacional todavía no se enteran de que la cortesía diplomática ha sido sustituida por el método de “extracción rápida”. Mientras aquí se celebra que una llamada de quince minutos con Donald Trump fue "muy cordial", el republicano sale a decir en Fox News que la Presidenta es "encantadora", pero que no puede pensar con claridad porque vive aterrorizada por los criminales.

Vaya forma de entender la cordialidad.

Si alguien pensaba todavía que el regreso de Trump a la Casa Blanca iba a ser una repetición de los desplantes de su primer mandato, las entrevistas con Sean Hannity le habrá caído como un balde de agua helada: la retórica de campaña ha mutado en una hoja de ruta militar. Ya no se trata de aranceles; ahora el plan es "golpear por tierra".

La narrativa que se cocina en Washington es que México ha dejado de ser un vecino para convertirse en un terreno de operaciones, una tesis que Trump ha alimentado tras la estrepitosa caída de Nicolás Maduro en Venezuela a principios de este mes. Ese "éxito" militar en Caracas, donde las fuerzas estadounidenses demostraron que pueden entrar a una capital extranjera, sacar a un mandatario y estar de vuelta para el desayuno, parece ser el ensayo general de lo que Washington planea de este lado del Bravo. Aguas.

Lo que resulta verdaderamente perturbador, sin embargo, es la presión que el Wall Street Journal (WSJ) ha revelado en sus ediciones de esta semana: la exigencia directa de que la administración de Claudia Sheinbaum entregue a figuras de Morena presuntamente vinculadas a los cárteles. Como por ejemplo…

Se trata ya de la diplomacia del garrote en su versión más descarnada, aplicada a un país que todavía cree que la soberanía se defiende con retórica de plaza pública, estrofas del Himno Nacional y apelaciones al derecho internacional que el Presidente gringo ya mandó al cesto de la basura, hace rato.

Trump, envalentonado por los resultados de su "Operación Resolución Absoluta" en el sur, ha dejado de lado cualquier protocolo. Sus declaraciones de que Estados Unidos va a empezar a "golpear por tierra" contra los cárteles —porque, según él, los barcos ya los tiene controlados al 97 por ciento— no son metáforas electorales. Según filtraciones recogidas por el WSJ y confirmadas por reportes este 13 de enero, la exigencia de Washington no se limita a los capos tradicionales del fentanilo; ahora la mira está puesta en "narcopolíticos" mexicanos específicos que operan bajo el cobijo de la bandera oficialista.

La presión coloca a la Presidenta en una posición imposible: o cede ante la injerencia extranjera admitiendo una infiltración criminal en su movimiento —lo que desmoronaría su narrativa de pureza moral—, o resiste y se arriesga a que las fuerzas especiales de Trump decidan que los límites territoriales son opcionales cuando se trata de "seguridad nacional".

Lo irónico —porque en esto siempre hay una dosis de sarcasmo amargo— es que mientras Trump exige cabezas políticas y militares, el flujo de armas desde Estados Unidos hacia México sigue siendo un río caudaloso que nadie en Washington se atreve a cerrar. Quieren que Claudia entregue a los "socios" del narco, pero no mueven un dedo para detener a los fabricantes de rifles de asalto que arman a esos mismos grupos. Es la moralidad elástica de la potencia que necesita un enemigo externo para justificar su política de fuerza, ignorando que el consumo de drogas en su propio suelo es una tragedia que sus drones no van a solucionar.

Sin embargo, con el antecedente de Caracas tan fresco, la advertencia de que "el sistema de justicia de Estados Unidos llegará a donde tenga que llegar" ya no suena a fanfarronería, sino a una amenaza de ejecución inminente.

La respuesta de Palacio Nacional tras la llamada del 12 de enero ha sido la de descartar cualquier intervención, insistiendo en que "no es necesario" –ni lo permitiríamos, claro-- que tropas extranjeras entren al país. Sin embargo, frente a un interlocutor que le dijo a Fox News que "los cárteles dirigen México", la retórica de la soberanía absoluta suena a música de elevador en un edificio que se está incendiando.

Las filtraciones en el New York Times, por su parte, detallan cómo los funcionarios estadounidenses, encabezados por un Marco Rubio --que opera más como un mariscal de campo que como un diplomático desde la Secretaría de Estado--, están presionando para que agentes de la CIA y tropas de Operaciones Especiales acompañen a las fuerzas mexicanas en redadas. Ya no piden permiso para colaborar; están exigiendo las llaves de la casa para entrar a limpiar lo que, según ellos, el gobierno mexicano no quiere o no puede tocar.

El escenario que se avecina en este enero de 2026 es de una tensión sin precedentes. No estamos ante una disputa comercial por las reglas de origen de los autos o el maíz transgénico; estamos ante la posibilidad real de ver "operaciones quirúrgicas" unilaterales en suelo nacional, justificadas por la etiqueta de "narcoterrorismo". Si la exigencia de Washington de entregar a morenistas ligados al narco se convierte en una condición para evitar ataques con misiles, Sheinbaum enfrentará la crisis de soberanía más grave de la historia moderna de México.

La sombra de lo ocurrido en Venezuela proyecta un frío intenso sobre la frontera norte, y la advertencia de Trump de que "vamos a tener que hacer algo con México" suena cada vez más a un ultimátum que no admite réplicas.

La preocupación dentro del gabinete federal es palpable, a pesar de los desmentidos oficiales de este miércoles. Según el WSJ, México se está quedando sin margen de maniobra frente a un Trump que no acepta un "no" por respuesta y que ya demostró que está dispuesto a usar la fuerza militar para imponer su "doctrina de no drogas".

La pregunta que queda en el aire es si el nacionalismo oficialista será capaz de pasar de las conferencias matutinas a la defensa real de la integridad territorial. O si, por el contrario, terminaremos viendo una serie de extradiciones "voluntarias" de figuras incómodas para el vecino, a cambio de que los drones de Trump no vuelen demasiado bajo sobre nuestras ciudades. El ruido que viene del norte es ensordecedor y el tablero de Trump, tras el golpe en Caracas, parece no tener límites. Válgame.

 DE LA LIBRE-TA

TODOS CONTENTOS. Sorprende la afirmación de doña Claudia de que la propuesta de Reforma Electoral que presentará al Congreso dejará a todos contentos.  A no ser que para ella “todos” sean los morenistas y sus partidos cómplices, que amenazaron con romper la hegemonía gandalla si los dejaban sin pluris y canonjías. ¿Será?

@fopinchetti

Francisco Ortiz Pinchetti

Fue reportero de Excélsior. Fundador del semanario Proceso, donde fue reportero, editor de asuntos especiales y codirector. Es director del periódico Libre en el Sur y del sitio www.libreenelsur.mx. A... Ver más

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